El 3 de enero de 2026 pasará a la historia como un día oscuro en la historia del mundo en el que vivimos. Estados Unidos, tras bombardear Venezuela, asesinó a unas ochenta personas y secuestró al presidente del país, Nicolás Maduro. Unas horas después, Trump daba una rueda de prensa en la que dejaba claro que el único motivo de este golpe de estado era quedarse con el petróleo del país con más reservas del mundo.
Maduro y su mujer fueron enviados a Nueva York y Trump afirmaba que su intención no era hacer elecciones ni poner al frente del país a María Corina, la opositora venezolana que había pedido que bombardearan su país al tiempo que era distinguida con el Premio Nobel de la Paz y le dedicaba el premio.
En rueda de prensa, el amo, ufano de cómo había ido todo, afirmaba que los Estados Unidos necesitaban Groenlandia y que aquel no era el último país de América Latina que probaría la «doctrina Monroe». Se refería al presidente de los Estados Unidos James Monroe, que el 2 de diciembre de 1823 había esbozado esta teoría en su discurso sobre el estado de la Unión que siempre se ha resumido en una frase que les sonará: «América para los americanos» y que consistía en repartirse el mundo con Europa pero, sobre todo, en hacer y deshacer en América Latina para que todos los negocios de los EE. UU. les fueran aún mejor de lo que les iban, haciendo desaparecer cualquier obstáculo. Esto incluía el uso de la fuerza donde hiciera falta para imponer gobiernos títere y golpes de estado a discreción
Aquí, en los Países Catalanes, tres partidos han aplaudido a rabiar este golpe de estado: PP, Bocs y Acé. Los tres empezaron hablando de devolver la democracia a un país del que decían que Chávez le había robado, asociando «democracia» con «capitalismo ultra» y dejando claro que ningún supuesto «socialista» podía ni tan solo existir en un mundo «democrático» si entendemos por «democracia» lo que ellos quieren que entendamos. Ahora bien, como nosotros somos obstinados en estos temas, continuaremos denominando fascismo a lo que lo es y esta manera de hacer las cosas tiene más de fascista que de otra cosa.
Los tres partidos aplaudían -y no podemos decir que sin saberlo- la explosión descontrolada de las normas democráticas que rigen el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Sí, ya sabemos que estas normas no son gran cosa y muy a menudo, cuando se debían respetar, nadie hizo lo necesario para que se respetaran, pero hacerlas desaparecer dejaría el mundo en manos de criminales que, como Donald Trump, tienen el único interés de robar tanto como sea posible en el menor tiempo posible.
Si en el caso del PP y Vox, se entiende que tienen el objetivo de hacer desaparecer cualquier control sobre su manera de gestionar el Estado español, en el caso de los racistas de la de Ripoll no hay estrategia lógica que pase por el supuesto independentismo que dicen defender que se pueda llegar ni a imaginar para entender por qué apoyan la desaparición del derecho internacional tal como lo hemos conocido hasta ahora. Ya sabemos que la Orriols de independentista no tiene nada, pero los que dicen querer votarla desde el independentismo no deben entender nada que no sea «¡fuera moros!». Porque sin derecho internacional los Países Catalanes, o Cataluña, si queremos ver la independencia nos la tendremos que pintar al óleo.
El fascismo continúa avanzando con los Estados Unidos al frente y una panda de imbéciles que les hacen la gara gara porque se piensan, pobres ilusos, que de los restos del festín de los amos siempre les acabará cayendo alguna miga. Y en esto Trump también ha sido bien claro apartando a Machado del poderet venezolano: los EE. UU. tampoco pagarán traidores.
Nos hará falta mucha fuerza para echar del poder a toda esta ralea endiosada de ultrarricos que lo único que quieren es acumular más y más y más y al mismo tiempo hacer la vida imposible al 95% de la humanidad que somos nosotros, mientras contemplan, encaramados en lo más alto, cómo los de abajo nos entretenemos matándonos entre nosotros y no osando ni levantar la cabeza para decirles que ya basta.