OPINIÓN | Gobernar Lérida sin la confianza

Artículo de opinión de Xavier Palau Altarriba, jefe de la Oposición del PP en la Paeria de Lleida

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Xavier Palau Altarriba
04 de enero de 2026 a las 13:40h

Lleida vuelve a vivir una situación que no debería ser normal en una ciudad que aspira a avanzar con estabilidad y ambición: una cuestión de confianza vinculada al presupuesto municipal. Es la segunda vez en solo cuatro años que esto ocurre. En 2022 fue con el alcalde Pueyo; ahora, con el alcalde Larrosa, para aprobar el presupuesto de 2026. Dos alcaldes diferentes, un mismo problema de fondo.

Esta repetición es el síntoma evidente de una debilidad política estructural. Demuestra que el diálogo ha fracasado, que la capacidad de negociación se ha agotado y que el presupuesto —la herramienta más importante para transformar una ciudad— se ha convertido en un arma de presión política en lugar de un instrumento al servicio del bien común.

Es cierto que el presupuesto probablemente se acabará aprobando, porque la ley lo permite. Pero también es cierto que gobernar Lleida con solo 9 concejales es claramente insuficiente para afrontar los grandes retos de ciudad. El PSC gobierna, pero no convence y tiene el gobierno pero no suficientes concejales para gobernar. El resultado es una ciudad instalada en la provisionalidad.

En Lleida, llevamos demasiadas décadas gobernados por las izquierdas y su tiempo asfixia a la ciudadanía, porque son incapaces de aglutinar a la gente en torno a un proyecto. Las izquierdas siempre peleadas entre ellas, eso sí, con un adversario común: el PP. Ir contra nosotros, hasta ahora, les ha ido muy bien, pero la credibilidad tiene un límite y la ciudad agoniza. Y todo esto tiene una consecuencia directa: la desafección ciudadana hacia la política. Cuando los vecinos perciben que el gobierno no tiene rumbo claro ni capacidad de entendimiento, la confianza se rompe.

Hablamos, precisamente, de confianza. La confianza no es un concepto abstracto ni retórico. Es fiabilidad. Es seguridad. Es la certeza de que quien gobierna sabe lo que hace, hacia dónde va y genera tranquilidad. Y hoy, honestamente, el gobierno del PSC en la Paeria no transmite ni fiabilidad ni seguridad.

Las cifras son claras y contundentes. Sin contar los seis meses entre julio y diciembre de 2023, el gobierno socialista ha dispuesto, solo en dos años —2024 y 2025— de 449,2 millones de euros. Esto equivale a 18,7 millones de euros cada mes o, dicho de otra manera, 623.000 euros cada día para invertir en la ciudad: en servicios públicos, en barrios, en calidad de vida, en dignidad urbana.

No negaré que con estos recursos se han realizado actuaciones. Sería injusto decir lo contrario. Pero la pregunta clave es otra: ¿está Lleida mejor hoy que cuando se dejó el gobierno anterior? La respuesta, lamentablemente, es no. Y cuando una ciudad no mejora a pesar de disponer de casi medio millar de millones de euros en dos años, el problema no es de recursos, sino de proyecto, de prioridades y de liderazgo.

La falta de confianza no nace de la nada. Se construye —o se destruye— a partir de los hechos. ¿Cómo podemos confiar en un gobierno que pretendió habilitar el antiguo hotel de ADIF como albergue sin consenso ni explicaciones claras? ¿Que aún no ha hecho realidad la residencia de Pardinyes, anunciada una y otra vez como prioritaria?

¿Cómo podemos confiar en un gobierno que no cumple ni ejecuta las mociones aprobadas en el pleno; que olvida equipamientos básicos como las escuelas del Clot o la ludoteca de Arenys del Segre; que convierte los proyectos “Imaginem” en ejercicios de propaganda mientras la realidad de los barrios continúa igual?

La política de participación ciudadana ha quedado reducida a procesos vacíos, con poca asistencia y proyectos finales que no convencen a nadie. Y el centro histórico no se regenerará mientras no se afronte el problema real: la guetización que se ha permitido durante años. A todo esto se suma la subida de la tasa de basuras, el agua y el alcantarillado, proyectos encallados como Torreblanca o el Plan de la Estación, y decisiones sensibles —como la construcción de una gran mezquita en el polígono—.

Todo ello dibuja un gobierno sin rumbo claro, incapaz de generar consensos amplios y de liderar con autoridad y credibilidad. Por ello, como jefe de la oposición, no puedo ni quiero dar apoyo a una cuestión de confianza que no responde a las necesidades reales de Lleida.

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