Comenzábamos la semana con la viralización de unas afirmaciones por parte del presidente de la Generalitat Salvador Illa sobre la necesidad de “Densificar Cataluña” para dar respuesta a la crisis habitacional que estamos sufriendo como País.
Al cabo de pocos días, el alcalde de Barcelona, salió a defender esta afirmación del presidente Illa, compartiendo la misma línea estratégica de dibujar cuál debe ser el futuro del País.
Hace meses que venimos advirtiendo que Cataluña tiene un serio problema de futuro en tanto que Nación. También llevamos tiempo alertando que se está produciendo una ruptura interna en Cataluña, alimentada intencionalmente por algunos, que dibuja un País partido en dos realidades bien diferenciadas.
Dos Cataluñas, una metropolitana, que parece interesar mucho al gobierno, y otra Cataluña más allá de la Metrópolis.
Las dos Cataluñas, el sueño húmedo de quien tiene como objetivo desnacionalizar Cataluña, que Cataluña se convierta en una comunidad autónoma más, dentro de la homogeneización del Estado español.
El reto que tiene Cataluña como Nación los próximos años, seguramente sea el reto más estratégico y más difícil que se haya encontrado el País desde el 1714. La revolución demográfica que estamos sufriendo está condicionando los pilares fundamentales de la Nación.
No podemos pasar de 6 millones a 8 millones, ahora hay quien defiende 10 millones sin ser conscientes de lo que está en juego. La crisis de movilidad, la crisis de los servicios públicos, la crisis de vivienda... son todo señales de que la estructura nacional se tambalea. No podemos mantener este crecimiento demográfico sin poner en riesgo los pilares básicos de la nación catalana.
No nos engañemos, que no nos hagan elegir entre la Barcelona Capital Global, o la Barcelona Capital de Cataluña. Barcelona no podrá competir nunca a nivel Global por la sencilla razón de que no es la Capital de un Estado. Por mucho relato que nos quieran dar, Barcelona solo tendrá un protagonismo Global si continúa siendo la Capital de una nación, una nación fuerte y cohesionada, que ahora está, como decíamos, en el período más delicado de los últimos 300 años.
Cataluña, gracias a su conciencia nacional, ha sido, y lo sigue siendo, la Nación, sin estado, más potente de Europa. Lo sigue siendo, muchos añoran los años 80 y 90 donde todavía lo éramos más. La revolución demográfica está poniendo en peligro esta conciencia, consistencia y cohesión nacional.
Esto no va de densificar, si densificamos profundizaremos la división interna de Cataluña y debilitaremos la Nación.
Esto va de equilibrar y de cohesionar Cataluña, empoderando sus regiones. Estés donde estés, en las Garrigues, en la Terra Alta, en el Baix Penedès o en la Garrotxa tengas las mismas oportunidades y el sentimiento de que formas parte de algo más grande y superior, que es una Nación, que es Cataluña, entendida como se ha entendido los últimos mil años.
Este es el reto, esta es la lucha.