En España y también en Lleida. La semana pasada publiqué un artículo en el que defendía una idea que considero evidente: el modelo político socialista que ha dominado Lleida durante décadas ha agotado su recorrido. Mi reflexión es la constatación de una realidad que cada vez más leridanos comparten. El ciclo del socialismo en España y también en Lleida está agotado. Ni Sánchez ni Larrosa.
Los socialistas han gobernado Lleida durante más de cuarenta años, con diferentes etapas y liderazgos, pero bajo una misma manera de entender la política y la gestión pública. Cuatro décadas son tiempo más que suficiente para transformar una ciudad, corregir carencias estructurales y construir un proyecto sólido de futuro. La pregunta es inevitable: después de tantos años, ¿está Lleida donde podría estar?
La respuesta, a mi entender, es no.
Lleida es una ciudad con un potencial extraordinario. Es la capital agroalimentaria de Cataluña, un nudo logístico estratégico, un centro universitario de referencia y una ciudad con calidad de vida. A pesar de ello, demasiado a menudo ha quedado al margen de las grandes decisiones, ha perdido oportunidades de inversión y ha visto cómo otras ciudades de nuestro entorno avanzaban más rápidamente.
El problema no es solo una cuestión de personas. Es una cuestión de modelo. Cuando un mismo espacio político gobierna durante tanto tiempo, corre el riesgo de confundir administración con transformación. Se gestiona el día a día, pero se pierde la ambición de cambiar las cosas. Se consolidan estructuras, pero disminuye la capacidad de innovar. Se mantienen rutinas, pero se debilita la iniciativa.
El socialismo decía representar una esperanza de progreso y se ha convertido progresivamente en una forma de gobierno marcada por el exceso de burocracia, una elevada presión fiscal, una intervención constante y una dificultad creciente para dar respuesta a los retos actuales.
Mientras tanto, el mundo cambia a una velocidad sin precedentes. La transformación digital, la competencia global, la revolución tecnológica, los nuevos retos energéticos y las necesidades de vivienda exigen gobiernos más ágiles, más eficientes y más orientados a los resultados.
Los ciudadanos ya no piden grandes discursos ideológicos. Piden soluciones. Quieren encontrar vivienda asequible, tener calles seguras, disponer de servicios públicos eficientes, generar oportunidades para los jóvenes y facilitar la creación de empleo y actividad económica.
Por eso creo que estamos ante el final de un ciclo político.
No se trata de sustituir unas siglas por otras. Se trata de abrir una nueva etapa. Una etapa basada en la cultura del esfuerzo, en la responsabilidad de la gestión, en la colaboración con la sociedad civil y en la confianza en las capacidades de los ciudadanos.
Lleida necesita esta nueva mirada. Necesita liderazgo, ambición y capacidad de planificación. Necesita también una nueva generación de responsables públicos dispuestos a cuestionar aquello que hace demasiado tiempo que se da por hecho. Personas capaces de escuchar, de innovar y de asumir responsabilidades sin excusas ni victimismos.
Los cambios profundos no llegan por inercia. Llegan cuando una sociedad decide que ha llegado la hora de mirar adelante. Y estoy convencido de que cada vez más leridanos perciben que este momento ha llegado.
Lleida no necesita resignación. Necesita confianza. No necesita continuar gestionando las consecuencias de los problemas. Necesita resolverlos. No necesita más de lo mismo. Necesita una nueva etapa política capaz de situar la ciudad en el lugar que le corresponde.
Después de más de cuatro décadas de gobierno socialista en Lleida, es legítimo reconocer aquello que se ha hecho bien. Pero también es necesario afirmar con claridad que este modelo ha llegado a su límite. Los tiempos han cambiado, los retos son nuevos y las soluciones también han de serlo.
El futuro de Lleida no se construirá mirando constantemente atrás. Se construirá con nuevas ideas, nueva energía y una nueva manera de hacer política. Y este futuro, si tenemos la ambición necesaria, está plenamente a nuestro alcance. Y sí, es el momento del PP.