Girona ha estado a punto de perder uno de sus eventos estrella. Madrid ha hecho una oferta directa para acoger la Sea Otter Europe Costa Brava-Girona, uno de los festivales ciclistas más importantes de Europa, pero la organización ha decidido finalmente mantener la sede en la capital gerundense. El intento de “fichaje” ha puesto de manifiesto el valor estratégico del certamen y el peso creciente del cicloturismo en la ciudad.
La Sea Otter cerró su novena edición, celebrada el pasado septiembre en Fontajau, con cerca de 74.000 visitantes —por encima de las previsiones— y más de 6.000 ciclistas inscritos en las diferentes pruebas deportivas. Según fuentes conocedoras de las negociaciones, el interés de Madrid era firme, pero las conversaciones con el área de Promoción Económica del Ayuntamiento de Girona han acabado decantando la balanza a favor de la continuidad en Girona.
De hecho, la organización ya ha confirmado las fechas de la próxima edición, que se celebrará del 18 al 20 de septiembre, consolidando así la ciudad como sede estable del festival.
Un impacto económico clave para la ciudad
Un informe técnico encargado por el Ayuntamiento cifra el impacto económico del cicloturismo en Girona entre 120 y 150 millones de euros anuales, sumando la actividad directa e indirecta. El documento sitúa la Sea Otter como uno de los eventos centrales de este ecosistema, con visitantes procedentes de más de 110 países.
El estudio describe Girona como un “hub ciclista global”, con una afluencia anual de entre 50.000 y 60.000 ciclistas, un gasto medio de 162 euros por persona y día y entre 1.500 y 2.000 puestos de trabajo directos vinculados al sector. En la ciudad residen, además, unos 170 ciclistas profesionales y hay al menos 35 empresas especializadas en ciclismo, entre tiendas, fabricantes, alojamientos y servicios asociados.
El ciclismo, también en el centro de la batalla política
El peso del cicloturismo no solo genera riqueza, sino también tensión política. Dentro del gobierno municipal, el debate sobre el modelo de ciudad se ha intensificado después de que Guanyem planteara frenar la apertura de nuevas tiendas vinculadas al ciclismo en el Barri Vell y el Mercadal, con una posible suspensión de licencias.
La propuesta ha topado con la oposición frontal de Junts, que considera que el sector ciclista no se puede equiparar a otras actividades que sí que se quieren limitar, como supermercados 24 horas o locales de manicura. La vicealcaldesa Gemma Geis ha advertido que poner trabas al cicloturismo puede enviar un mensaje contradictorio en un momento en que ciudades como Madrid intentan captar eventos y actividad económica que hoy tienen arraigo en Girona.
Mientras tanto, desde alcaldía confían en que las discrepancias internas se resuelvan en las próximas semanas. Lo que ya ha quedado claro, sin embargo, es que la Sea Otter no solo es un festival deportivo: se ha convertido en una pieza clave del debate sobre el futuro económico y comercial de Girona.