"Dormir en la calle mata": Barcelona despide a Pere, un hombre sin hogar que vivía en la calle

La entidad Arrels ha conocido la muerte de 21 personas sin hogar desde principio de año en la ciudad, once de las cuales vivían a la intemperie

24 de agosto de 2026 a las 21:21h
Quatre persones de l'equip d'Arrels acomiaden en Pere al cementiri de Montjuïc, una persona sense llar que coneixien des de feia un any i mig (1)

Flores, una placa con su nombre y una lata. Así despidió el viernes Arrels a Pere López, un hombre de 63 años que vivía en la calle en Barcelona y al que el equipo de calle de la entidad acompañaba desde hacía un año y medio.

Pere murió en el Hospital de Sant Pau, después de que miembros de Arrels lo encontraran en mal estado y alertaran a una ambulancia. Es una de las 21 personas sin hogar de las que la entidad ha tenido conocimiento de su muerte desde principios de año. De estas, once vivían en la calle en el momento de la defunción.

 

“Las personas que viven en la calle también tienen nombres”

La educadora social Aranxa Carassa recuerda a Pere como “una persona muy afable, muy alegre”, con la que estableció un vínculo desde el primer momento. Le gustaba hablar de política, de la monarquía y, a veces, también de la familia, aunque era un tema más difícil para él.

Arrels lo describe como una persona divertida, con sentido del humor, crítica con la sociedad y especialmente sensible ante las injusticias. “Cuando le preguntaban qué necesitaba, a menudo pedía poca cosa: alguna prenda de ropa o un refresco”, explica.

“Acostumbramos a poner flores siempre y después un objeto que represente un poco a la persona”, explica Carassa. En su caso, también colocaron una placa identificativa. “Las personas que viven en la calle también tienen nombres, apellidos, fecha de aniversario”, reivindica. “Es una manera de dignificar su muerte.”

 

Cuatro muertes este verano

Solo durante los meses de julio y agosto, Arrels ha conocido la muerte de cuatro personas que vivían en la calle en Barcelona. Aparte de Pere, la entidad recuerda a Raúl E., de 49 años, que murió en el hospital; Lauris D., de 34 años, que murió el 9 de agosto en un banco en el barrio de Les Corts, y Sergi Lluís M., de 51 años, que murió en la calle el 18 de agosto.

Según la entidad, de las once personas que vivían a la intemperie y han muerto este año, ocho murieron directamente en la calle y tres después de ser trasladadas al hospital.

 

Morir 25 años antes

Arrels alerta de que las personas que han vivido en la calle mueren de media entre 20 y 25 años antes que el resto de la población. “Dormir en la calle acorta la vida”, señala Bob Walker, del equipo de calle de la entidad. “Al final, dormir en la calle mata”, resume.

La entidad apunta que muchas personas que duermen a la intemperie tienen una salud de base muy frágil, tanto física como psíquica o neurológica, y a menudo no pueden hacer el seguimiento médico que necesitarían.

A esta situación se suman factores como el tiempo acumulado en la calle, la falta de cobertura de necesidades básicas, las agresiones, la falta de tarjeta sanitaria o las experiencias traumáticas previas a la pérdida de la vivienda.

 

“Mirar más allá del termómetro”

Arrels recuerda que las muertes se producen durante todo el año, aunque los episodios de frío o calor extremo añaden riesgos. En verano, aumentan las quemaduras, las insolaciones y el agravamiento de enfermedades crónicas. Además, algunos recursos cierran o reducen horarios, lo que obliga a las personas sin hogar a pasar aún más horas en la calle.

Por eso, la entidad reclama “mirar más allá del termómetro” y pide políticas a medio y largo plazo. Entre las propuestas, plantea habilitar recursos de alojamiento estables y abrir espacios nocturnos y diurnos de baja exigencia en los barrios, con duchas, consignas y salas climatizadas.

 

Una despedida para evitar la soledad

Arrels también procura acompañar a las personas hasta el final de la vida. Cuando muere alguien con quien han establecido un vínculo, la entidad intenta asistir al funeral y organizar una despedida con profesionales, voluntarios y personas que lo conocían.

Si no hubiéramos venido hoy aquí, a Pere lo habríamos enterrado en soledad”, afirma Torralba. El objetivo, explica Walker, es mantener el acompañamiento “sin temporalidad”, desde el primer contacto hasta la muerte.

“No solo hablamos de salud, vivienda, dinero o papeles. Hablamos de cine, de fútbol, como con nuestros amigos o la familia”, defiende. “Al final, la intención es humanizar y dignificar a las personas.”

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