El comercio tradicional continúa perdiendo peso en Barcelona. Entre 2016 y 2024, la ciudad ha perdido una de cada cuatro mercerías y droguerías, según los censos municipales de locales comerciales consultados por la ACN. El descenso también afecta a otros negocios de toda la vida, como las zapaterías, las tiendas de piel, las pescaderías, las carnicerías o los establecimientos de huevos y aves.
Los datos dibujan una transformación profunda del modelo comercial barcelonés, con una ciudad que mantiene un fuerte dinamismo en número total de locales activos, pero donde muchos establecimientos de proximidad y de venta al por menor han ido desapareciendo de manera sostenida.
En el caso de las mercerías, ya hay menos de 200 en toda Barcelona. Uno de los cierres más recientes es el de la histórica mercería Tarragona, en el barrio de Gràcia, que bajó la persiana a principios de julio después de 109 años de actividad.
“Antes había una mercería cada tres esquinas”
La centenaria mercería Perelló, en el barrio de Sant Andreu, todavía resiste después de 103 años de historia. Su responsable, Ramon Martínez Perelló, tercera generación al frente del negocio, admite que el futuro no está asegurado y que no tiene claro que la cuarta generación tome el relevo.
“Antes había una mercería cada tres esquinas, ahora hay una cada tres barrios”, resume Perelló, que atribuye parte del retroceso a la competencia de los grandes bazares, especialmente por el tipo de producto que ofrecen.
A pesar de ello, asegura que el negocio continúa vivo gracias a la capacidad de adaptarse al cliente y al servicio personalizado. “De momento tenemos para unos cuantos años”, afirma, y no descarta que la tienda pueda continuar en el futuro aunque sea a través de un traspaso.
Zapaterías, droguerías y pescaderías también van a menos
El retroceso no es exclusivo de las mercerías. Las zapaterías y negocios de piel han perdido 250 establecimientos en menos de una década, casi un 30% del total que había en 2016. Las droguerías y perfumerías también han sufrido una caída importante, con el cierre de unos 200 negocios de los cerca de 800 que aún constaban hace ocho años.
En el ámbito alimentario, la transformación también es clara. Barcelona ha perdido 141 pescaderías y marisquerías, casi una de cada cuatro. Las tiendas de huevos y aves han bajado un 15%, mientras que las carnicerías han perdido 120 locales, un 10% del total de 2016. También disminuyen los establecimientos de fruta y verdura, con 158 locales activos menos.
El debate sobre cómo proteger los locales emblemáticos
El retroceso del comercio tradicional llega después de que el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, planteara regular los alquileres comerciales y crear un fondo para comprar locales emblemáticos “en riesgo”.
El presidente de la Fundació Barcelona Comerç, Pròsper Puig, admite que el cierre de negocios tradicionales “es una realidad”, pero defiende que los ejes comerciales mantienen una “fortaleza importante”. Según Puig, el comercio que necesita presencialidad resiste mejor que otros sectores más afectados por la compra en línea.
Desde el sector, sin embargo, también se reclaman facilidades. Ramon Martínez Perelló pide medidas económicas, pero también menos carga normativa o incluso un “estatus especial” para proteger este tipo de comercios.
Más locales activos, pero menos comercio de toda la vida
La paradoja es que Barcelona no tiene menos actividad comercial. Actualmente, constan 61.875 locales activos en la ciudad, un 2,6% más que en 2016 y un 5% más que en 2022. Por lo tanto, la desaparición del comercio tradicional no responde a una caída global de negocios, sino a un cambio de modelo.
Algunos sectores crecen con fuerza, como los establecimientos de gimnasio y fitness, que han aumentado un tercio desde 2022. También lo hacen las actividades de almacenamiento, con un crecimiento del 44% en solo dos años, un incremento que se puede vincular a l’impacto del comercio electrónico.
El Ayuntamiento describe Barcelona como una ciudad “muy activa en comercio y servicios” y con una densidad comercial superior a otras metrópolis como París. Aun así, los datos muestran que el comercio de proximidad más tradicional pierde espacio frente a nuevos operadores, nuevos hábitos de consumo y una transformación acelerada de las calles comerciales.
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