La defensa de la libertad de colgar cualquier muñeco, "se diga Netanyahu, Putin o Espot", ha abierto este miércoles por la tarde la lectura del testamento del Carnestoltes de Ordino, en el marco de los actos de clausura del Carnaval. La sátira, marca de la casa, ha vuelto a pasar revista a la actualidad parroquial y nacional antes de la tradicional quema y la sardinada popular.
De hecho, el texto ha comenzado con un gesto de apoyo a los "amigos encampadans" y a la Comisión de Fiestas de Encamp, en plena polémica por los ninots, y ha reivindicado la esencia crítica de la fiesta. A partir de aquí, el repaso no ha dejado prácticamente a nadie al margen.
En clave local, el Carnestoltes ha ironizado sobre la política comunal y ha dejado caer que, si hace falta, "se pueden dejar una Rufona y un Betriu" a los vecinos, apuntando que así subirían a cónsules los siguientes de la lista. También ha habido reproches sobre el modelo de crecimiento de la parroquia, denunciando que "solo se construye para gente con mucho dinero" mientras a los jóvenes les resulta cada vez más difícil quedarse a vivir en el pueblo. El testamento ha instado a apostar por la compra de patrimonio en lugar de "alquilar terrenos a los más ricos", defendiendo que es la mejor inversión para el futuro colectivo.
El asunto de la osa también ha tenido protagonismo. El texto ha agradecido la tarea del asociacionismo para defender el patrimonio cultural y ha cargado contra la postura de los cónsules, recordando que "la osa es del pueblo".
Las conselleras generales ordinencas y la síndica general tampoco han quedado exentas de las críticas, con referencias a una supuesta distancia con la parroquia y a su presencia constante en la capital.
Uno de los dardos finales ha ido dirigido a la Cota 1.300 y a su coste para las arcas comunales. El Carnestoltes ha cuestionado la utilidad de la instalación, asegurando que a menudo ha estado medio vacía, y ha pedido que los recursos se destinen a las entidades culturales. De hecho, las ha declarado simbólicamente entidades de interés cultural para la parroquia, en un claro guiño al tejido asociativo.
La reflexión final ha sido un mensaje directo a los cargos públicos: el cargo "no os vuelve sabios ni inteligentes", y hay que ejercerlo con humildad y dejándose aconsejar para evitar "envejecer". La velada ha culminado con la quema del ninot, el cortejo fúnebre con las plañideras y la sardinada popular.
