OPINIÓN | La universidad ante los nuevos retos

Artículo de opinión de Marc Macià, Sección Sindical de la UGT-UdL

Marc Macià, Secció Sindical de la UGT UdL (1)
Marc Macià
22 de octubre de 2026 a las 15:48h

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Pasado un año del inicio del mandato de la nueva rectora, Maria Àngels Balcells, y su equipo, y habiendo comenzado un nuevo curso académico, desde la Sección Sindical de la UGT-UdL queremos hacer balance y apuntar algunas líneas de trabajo de cara al futuro.

El equipo rectoral ha acometido el proceso de reforma interna fruto del despliegue de los nuevos estatutos aprobados en 2024. Se ha impulsado la reforma de todos los reglamentos que era necesario actualizar, pero se está haciendo a velocidad de Fórmula 1 y, a menudo, sin tener especialmente en cuenta a los agentes sociales. Las prisas no son nunca buenas consejeras y, en cambio, el diálogo y la negociación siempre son útiles para generar consenso interno. Lo mismo ocurre con el nuevo Plan de Dedicación del PDI (PDP), una reforma importante que debe definir durante los próximos años la forma de organizar la docencia, la investigación, la gestión y la transferencia en la universidad, pero donde los agentes sociales no nos sentimos suficientemente escuchados y donde es necesario reducir la marcha y debatir las cuestiones con más tiempo. Es un documento que requiere una redacción responsable, ya que modifica sustancialmente las condiciones de trabajo, un supuesto recogido en el Estatuto de los Trabajadores donde queda muy claro que no se puede llevar a cabo sin negociarlo con los y las representantes de los trabajadores/as. Desde la UGT estamos dispuestos a arremangarnos y llegar a un acuerdo, pero para hacerlo hace falta voluntad de escucha, diálogo, negociación y acuerdo.

Desde la UGT nos preocupa el avance político, social y cultural de las ideas de extrema derecha, manifiestamente contrarias a la democracia y los derechos humanos. Por eso nos declaramos sindicato antifascista y le pedimos a la rectora impulsar políticas antifascistas para plantar cara a las políticas del odio. Con el avance del racismo, el machismo, el antiparlamentarismo, el edadismo o la aporofobia también vendrán las políticas de nuevos recortes en los presupuestos de las universidades, a fin y efecto de cuestionar el papel social de las universidades públicas —que no es otro que mejorar las condiciones de vida de la sociedad en la que está inserta— y favorecer el nacimiento y expansión de las universidades privadas —con un control dudoso de su calidad docente y de investigación—.

La precariedad todavía es uno de los principales problemas de la UdL. A pesar de haber tapado el agujero de los recortes mascolellianos, los colectivos precarizados como asociados y sustitutos todavía sufrimos los problemas de la falta de planificación estratégica, o los becarios predoctorales ven cómo todavía hay quien cuestiona que las ayudas para hacer la tesis doctoral duren cuatro años —una victoria en la que la UGT hemos tenido un papel clave—. Además, ahora la plantilla se tiene que enfrentar a una realidad demográfica: la jubilación de un 70% de la plantilla en los próximos diez años. Esto requiere un nuevo plan para encarar las jubilaciones masivas y para dar un relevo efectivo al nuevo profesorado. Un relevo que no puede ser solo de puesto de trabajo, sino que también lo tiene que ser de conocimiento, de contactos académicos, de líneas de investigación, o de gestión y liderazgo.

Para conseguir todo esto, es necesario que la UdL se dote de una Relación de Puestos de Trabajo del Profesorado Docente e Investigador laboral real y efectiva, un documento que permita planificar a corto, medio y largo plazo las necesidades de la universidad según los ámbitos de conocimiento, los departamentos y las facultats. Un documento que no tiene que ser un dogma de fe, sino una herramienta útil para romper con la precariedad estructural que se ha instalado en la universidad y permitir resolver los problemas de necesidad docente y de investigación de forma planificada.

La universidad también necesita urgentemente mejorar y ampliar el Servicio de Prevención de Riesgos. Desde la pandemia, los riesgos psicosociales se han demostrado como uno de los problemas principales de la universidad, con un creciente número de casos de ansiedad, estrés, acoso y conflictividad interpersonal por los cuales hay que ofrecer respuestas rápidas y efectivas. Hay que cubrir las plazas que requiere el servicio para poder atender al personal afectado y evitar que su malestar se alargue en el tiempo; empujar en la transformación necesaria ante los problemas de infraestructuras detectados, algunos de los cuales solo se pueden resolver adaptando las instalaciones al cambio climático; y convirtiendo las aulas y los despachos en espacios saludables y protegidos.

En la UGT estamos implicados en la mejora de las universidades, por eso estamos trabajando a escala catalana y estatal para la recuperación de las pagas extraordinarias; activar la transitoria octava de la LOSU mediante financiación extraordinaria y finalista; por el incremento salarial de acuerdo con el IPC y acercarnos a los salarios de los países de nuestro entorno; estabilizar y promocionar internamente el PTGAS para acabar con la interinidad; favorecer la conciliación y el teletrabajo, como también la financiación de la movilidad; y, aún, establecer mecanismo para la jubilación parcial. Para construir la universidad del futuro, hay que tener programa y propuestas, y la UGT ha demostrado tenerlas. ¿Vamos allá?

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