El Centro Histórico no necesita más promesas, necesita decisiones. Nos hablan de proyectos, millones de euros en inversiones, en construir nuevos edificios, de rehabilitar los existentes, incluso de habilitar nuevos parques urbanos donde hasta ahora hay pistas deportivas. El papel todo lo aguanta. Pero se olvidan de lo más importante: ¿Cómo piensan resolver la guetización del Centro Histórico? ¿La etnificación de las plazas? ¿El incivismo? ¿Y los problemas sociales existentes? Si no se actúa de forma clara y contundente, todo continuará igual o peor y en Lleida habremos perdido, de nuevo, una oportunidad. El socialismo y el buenismo son un problema para la ciudad.
Hay barrios que piden mejoras. Hay barrios que reclaman inversiones. Y después está el Centro Histórico, que hace demasiados años que exige algo mucho más elemental: que el Ayuntamiento cumpla con su obligación de gobernar.
En la Fiesta Mayor de este año organizada por la Asociación de Vecinos Jaume I, los vecinos fueron muy claros: Quieren hechos y no palabras. Y tienen toda la razón.
Hace décadas que el Centro Histórico es protagonista de planes, anuncios, proyectos y titulares. Gobiernos de diferentes colores han presentado estrategias que, demasiado a menudo, han acabado en un cajón o se han ejecutado de manera insuficiente. Mientras tanto, los problemas se han cronificado y la sensación de abandono ha ido creciendo.
No es aceptable que un barrio con tanta historia, con tanto patrimonio y con tanto potencial continúe asociado a la degradación, a la inseguridad, a la falta de mantenimiento. No es justo para los vecinos que viven allí cada día, que trabajan allí, que tienen negocios allí o que luchan porque el barrio tenga futuro.
El Centro Histórico no necesita discursos grandilocuentes. Necesita calles limpias, espacios públicos dignos, viviendas rehabilitadas, una lucha decidida contra las okupaciones conflictivas y las actividades incívicas, más presencia policial cuando hace falta, apoyo al comercio de proximidad y una administración que actúe con determinación. Necesita un gobierno que esté allí cada día, no solo cuando hay una inauguración o una campaña electoral.
Los vecinos están cansados de oír que ahora sí que llegará la transformación definitiva. Lo han oído demasiadas veces. Lo que reclaman es una agenda clara, plazos concretos y resultados medibles. Quieren saber qué se hará, cuándo se hará y quién asumirá la responsabilidad si no se cumple.
Es preocupante que el actual gobierno de la Paeria continúe instalado en el anuncio permanente. Se anuncian proyectos, se organizan presentaciones y se hacen declaraciones de intenciones, pero la realidad cotidiana continúa siendo demasiado similar a la de hace años. Los problemas no desaparecen con ruedas de prensa. Se resuelven con hechos.
Lleida no puede permitirse tener un Centro Histórico resignado. Las grandes ciudades europeas protegen sus centros como uno de los principales activos sociales, culturales y económicos. Aquí, en cambio, demasiado a menudo parece que nos hayamos acostumbrado a convivir con una situación que debería ser excepcional. Y este es, probablemente, el fracaso más grande: normalizar aquello que nunca debería ser normal.
El Centro Histórico es mucho más que un conjunto de calles. Es una parte esencial de la identidad de Lleida. Es el lugar donde nació la ciudad, donde conviven patrimonio, cultura, comercio y vida asociativa. Si dejamos caer este barrio, estamos dejando caer una parte de nosotros mismos.
Por eso hace falta liderazgo. Hace falta valentía para tomar decisiones que quizás no siempre serán fáciles, pero que son imprescindibles. No hay excusas que puedan justificar más inacción.
Desde el PP Lleida continuaremos haciendo nuestro trabajo: fiscalizar, proponer y exigir. Pero también tendemos la mano a cualquier iniciativa que sirva realmente para recuperar el barrio. Porque esta no es una cuestión partidista. Es una cuestión de ciudad.
Los vecinos de Jaume I nos recordaron una verdad muy sencilla, pero también muy poderosa: las palabras ya no son suficientes. Después de tantos años de esperas, promesas y buenas intenciones, solo hay una manera de recuperar la confianza: cumpliendo.
El Centro Histórico de Lleida no necesita más diagnósticos. Necesita acción. No necesita más titulares. Necesita resultados.
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