Las imágenes son impresionantes. Miles de jóvenes marroquíes pasan la frontera en Ceuta y entran en el Estado español corriendo. Esta vez no ha habido 15 muertos como en 2014. Eso sí. Como consecuencia de este hecho, Italia anuncia que estudia suspender el acuerdo Schengen con el Estado español y restringir temporalmente la libre circulación entre estos dos estados. Todo el mundo está espantado y nadie acaba de explicarse qué ha pasado. Bueno, sí, los racistas de toda la vida gritan contra Pedro Sánchez; solo faltaría...
Es bien extraño, ¿no? Pues no lo es en absoluto, pero para entenderlo habrá que mirar un poco el mundo entero, porque esta entrada masiva de jóvenes marroquíes no es un hongo sino una parte de la estrategia de desestabilización que el binomio EE.UU.-Israel están llevando a cabo contra el Estado español, el estado del mundo que más claramente se ha mostrado contrario a la estrategia genocida de Israel en Gaza y, a través de Pedro Sánchez, uno de los pocos que ha plantado cara al dominio del mundo que pretende Donald Trump.
En el año 2020, los EE.UU., a partir de los acuerdos de Abraham, estableció un trato preferente con Marruecos, sobre todo para detener la expansión de Rusia y China en África y garantizar su acceso a minerales críticos y rutas comerciales. Este 2026, los dos estados han firmado la Hoja de Cooperación en Defensa 2026-2026, que tuvo su primera consecuencia cuando, este pasado mayo, Washington dio todo su apoyo a las posiciones marroquíes en la ONU sobre el Sáhara Occidental. Los acuerdos entre los dos estados van mucho más allá e incluyen el Artemis de la NASA, que refuerza el papel de Marruecos como socio estratégico también en el dominio del espacio y tecnología. Tan buena es la colaboración que el rey de Marruecos anunció hace pocos días que la carretera que unirá el norte de Marruecos con el Sáhara Occidental llevará el nombre de Donald Trump, una ‘cutrada’ de estas tan del gusto del amo.
Paralelamente, las tensiones entre el Estado español y los EE.UU. escalaron y desescalaron antes y después de la cumbre de la OTAN en Ankara, cuando el del pelo naranja calificó al Estado español de "causa perdida" y "un socio terrible de la OTAN" con quien amenazó de romper todas las relaciones comerciales para acabar diciendo que ya todo estaba bien.
Los EE. UU., con esta política errante de su líder, está claro que nunca se sabe qué piensan ni qué harán (no lo saben ni ellos), pero Israel sí que sabe qué ha de ser y cómo hacerlo. Y los acuerdos de los EE. UU. con Marruecos también lo incluyen. Y es más que claro que la desestabilización del Estado español y del gobierno de Pedro Sánchez es uno de sus objetivos centrales.
Es interesante leer aquí la opinión de los sindicatos de la policía española (SUP y Juspol) cuando dicen que "las autoridades marroquíes no hacen absolutamente nada" para impedir la entrada en masa de migrantes a Ceuta, tanto por mar como por el espigón que separa la ciudad autónoma de Marruecos. ¿Ya lo tenemos? Me parece que sí. El Estado marroquí provoca una crisis humana abriendo totalmente el paso de su parte de frontera a Ceuta y, acto seguido, Italia, otro de los amigos fieles de los EE. UU. con su líder de extrema derecha al frente, participe en la campaña desestabilizadora.
Y yo nunca he votado ni votaré a Pedro Sánchez, pero tampoco a ninguno de sus posibles sucesores que, si alguna vez llegan, harán política al dictado de Trump y de Netanyahu.
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