OPINIÓN | El 11-N, las personas mayores también en huelga

Artículo de opinión de M. Teresa Fortuny Solà, secretaria general de la Federación de Pensionistas de CCOO Tarragona

M. Teresa Fortuny Solà
M. Teresa Fortuny Solà
29 de octubre de 2026 a las 08:58h

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La economía española va bien. Las empresas del Ibex-35 han aumentado los beneficios, en cambio, la gente de a pie no ve mejora en sus condiciones de vida. Las viviendas no son asequibles para muchas personas, sobre todo jóvenes, que tienen muchas dificultades dado que los salarios son bajos y la carestía de la vida más los precios de la vivienda hacen imposible tener un proyecto de vida estable y de futuro. Y esto también afecta a las personas mayores, de las que a menudo se proyecta una imagen irreal: la de un colectivo homogéneo con la vida resuelta, una vivienda en propiedad completamente pagada y una pensión holgada que permite vivir sin ningún tipo de preocupación económica. Pero la realidad es radicalmente diferente. Las personas mayores no vivimos en una burbuja aislada de los problemas sociales, al contrario, sufrimos en primera persona el impacto directo de la inflación, el coste de la vida y el colapso del acceso a una vivienda digna.  

Hay que desmontar el mito de que todas las personas mayores son propietarias. Miles viven de alquiler, a menudo sometidas a subidas de interés o a la amenaza de no ver renovado su contrato. Una subida de cien euros en la cuota mensual del alquiler significa tener que elegir entre mantener un techo o llenar la cesta de la compra con alimentos básicos. Un desahucio a los setenta u ochenta años es una condena directa a la pérdida del arraigo, a la soledad no deseada y a la exclusión social sin ningún margen de recuperación.

La carestía de la vida ha erosionado gravemente nuestro poder adquisitivo. A pesar de la revalorización de las pensiones, la realidad para la mayoría de las familias es que el coste de los suministros básicos como la luz, el gas o el agua, sumado al precio de los medicamentos no cubiertos y la atención a la dependencia, hace imposible llegar a fin de mes. Y esto deteriora drásticamente la calidad de vida y la salud física y mental de las personas mayores.

Y, además, no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras nuestros hijos y nietos afrontan trabajos precarios, salarios de indigencia y la imposibilidad real de emanciparse y construir un proyecto de vida digno. Su lucha por un trabajo digno y una vivienda asequible es la nuestra.  Por eso, el día 11-N la gente mayor también salimos a defender el presente de todos y todas y el futuro de las próximas generaciones.

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M. Teresa Fortuny Solà
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