El número de habitantes ya no es suficiente para calcular cuántas viviendas necesita un municipio. La reducción del tamaño de los hogares, el aumento de personas que viven solas y los cambios en los modelos familiares están haciendo que una misma población requiera cada vez más pisos. Esta es una de las principales conclusiones del análisis elaborado por la Cámara de la Propiedad Urbana de Tarragona sobre la realidad residencial de la demarcación.
Los datos muestran que, en los principales municipios tarraconenses, cada vivienda principal está ocupada de media por poco más de dos personas y media. En Tarragona ciudad la cifra es de 2,53 residentes por hogar, mientras que Reus llega a los 2,62, Tortosa a los 2,63 y Deltebre a los 2,67.
Para la Cámara, estos ratios evidencian una transformación progresiva respecto a décadas anteriores, cuando era más habitual encontrar núcleos familiares más numerosos compartiendo un mismo domicilio.
Salou y Cambrils tienen más segundas residencias que viviendas principales
La fotografía residencial cambia especialmente en los municipios del litoral, donde el peso de las viviendas no destinadas a residencia principal continúa siendo muy elevado.
Salou presenta uno de los casos más destacados: cuenta con 19.884 viviendas no principales, frente a las 11.639 que funcionan como domicilio habitual. En Cambrils, la diferencia también es considerable, con 17.587 viviendas no principales y 14.146 de principales.
Una situación similar se produce en Calafell, donde hay 15.292 inmuebles no principales frente a los 11.820 habituales. En Torredembarra, en cambio, las dos categorías están más equilibradas: 7.599 viviendas no principales y 6.954 de principales.
Este volumen de segundas residencias introduce otro factor a la hora de interpretar el mercado de la vivienda, especialmente porque parte de este parque puede acabar convirtiéndose progresivamente en residencia permanente.
Más hogares, aunque la población no crezca al mismo ritmo
La Cámara sostiene que la planificación residencial de los próximos años deberá tener en cuenta no solo cuántas personas vivirán en cada municipio, sino también cómo se organizarán estas personas dentro de las viviendas.
La expansión de los hogares unipersonales, las parejas sin hijos u otras formas de convivencia reduce el número medio de residentes por domicilio. Esto implica que, incluso con una población estable, puede aumentar la necesidad de viviendas.
Según la entidad, esta evolución obliga a revisar la manera como se planifica el crecimiento urbanístico y el parque residencial. La respuesta, defiende, no debería limitarse a incrementar el número de pisos, sino que también debería adaptar sus características a unos hogares cada vez más diversos.
“La realidad social evoluciona mucho más rápidamente que el parque de viviendas y, si se quiere dar respuesta a las necesidades de los próximos años, hay que planificar pensando no solo en cuántos habitantes tendremos, sino también en cómo se vivirá”, señala la Cámara de la Propiedad Urbana de Tarragona.
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