Una vez los diablos y las bestias de fuego han llenado de chispas la calle, buena parte de las personas que habían buscado refugio ocupan rápidamente las primeras filas del público. Los más previsores ya se tapan los oídos, mientras que los despistados darán un respingo al oír el primer disparo. Es el turno del Ball d’en Serrallonga.
“Juegas con eso. Si ves dos niños que tienen mucho miedo, no dispararás. Pero si ves tres adolescentes haciendo el burro, evidentemente les cae. A los turistas normalmente también”, explican Marina Molina y Jordi Serret, miembros del baile. El trabuco es claramente su rasgo distintivo, pero no cualquier tarraconense puede alistarse en el grupo de bandoleros de Serrallonga: “Legalmente, está registrada como un arma. Todos tenemos permiso de armas, estamos controlados por la policía de arriba abajo y no podemos tener antecedentes penales ni policiales”.
Uno de los momentos en que los trabucos se hacen escuchar más es durante la entrada del Brazo de Santa Tecla a la Catedral. Cuando la reliquia está a punto de llegar a la basílica, pasa justo por delante de ellos mientras ellos disparan constantemente. “La entrada del brazo es muy ambivalente. Es lo más especial, pero también uno de los momentos que sufres más. Tienes el fuego detrás, llevas la pólvora, tienes a toda la gente alrededor, tienes que ir con cuidado… Es delicado, pero emotivo”, describen.
Una vez superados estos instantes con los sentimientos a flor de piel, llega el momento de bajar por las escaleras. El baile deja una distancia considerable respecto a los elementos de fuego para poder hacer todo el recorrido hasta la plaza de la Font sin detenerse prácticamente: “Es un momento de liberación y de quemar la pólvora que te queda. Disparamos a fondo hasta la plaza de la Font”.
Un bandolero catalán
El sonido de sus trabucos cumplirá este año 40 tecles resonando por las calles de Tarragona. Después de que el baile desapareciera en todo el país por el “marcado legal” a causa de las armas, en la década de los 80 se intentó recuperar para que volviera a formar parte de un Seguici Popular que empezaba a tomar forma. “Había dos iniciativas que nacieron casi paralelas y el Ayuntamiento hizo lo posible para que se fusionaran. Las referencias que se tomaron fueron las del baile de Alcover de 1920, que era el último en la zona que había salido. En Tarragona, las referencias anteriores son de mediados del siglo XIX”, apunta Jordi.
El baile recibe su nombre del legendario bandolero catalán Joan Sala i Ferrer, conocido como Serrallonga. Su figura fue mitificada por la literatura barroca y romántica como defensor de los pobres frente a la opresión de los ricos y es de esta visión que surge el baile en el ámbito del teatro de plaza. En Tarragona, su existencia se documenta por primera vez en 1854 y salió por última vez en 1878.
¿Trabucaires o baile?
Aunque a veces se refieren a ellos como “trabucaires”, hay diferencias importantes entre una colla de trabucaires y el Ball d’en Serrallonga propiamente dicho. “El punto en común es que ambos van con trabuco y el vestuario se parece, pero por lo demás son diferentes. Los trabucaires van en pasacalle disparando aleatoriamente, pueden tener o no un jefe de colla y no llevan música. En cambio, el Ball d’en Serrallonga es un baile hablado”, describe Jordi. En el caso de Tarragona, sus miembros también disparan cuando van en pasacalle, pero, por ejemplo, en Vilafranca solo lo hacen durante los parlamentos.
Por Santa Tecla, representan su baile hablado varias veces entre el 22 y el 23 de septiembre. Aunque algunas estructuras se mantienen intactas, los parlamentos de los bandoleros se renuevan íntegramente cada año. Desde la recuperación, tanto el formato como el contenido han ido evolucionando. Por un lado, la temática ha pasado de ser más historicista y centrada en los atracos a estar marcada por la sátira y la crítica política. “Nuestra máxima es que al político se le critica por el trabajo y no por nada personal”, recalcan.
Además, el número de parlamentos ha sufrido notables modificaciones. Al principio, el baile seguía un formato más rígido con parlamentos individuales de los bandoleros. A finales de los 90, comenzaron a introducir parlamentos dialogados que hacían la sainete más dinámico, mientras que hacia 2006 se llegaron a hacer parlamentos de hasta seis integrantes. “Era demasiado y era complejo de gestionar tanto en el escenario como en los ensayos porque tenía que estar todo el mundo presente. En 2010 lo simplificamos un poco con cuatro parlamentos dialogados con un máximo de cuatro personas”, señalan.
En los últimos años también se han apuntado a la ola de introducir canciones, como hacen otros bailes hablados por todo el país. Aun así, intentan mantener las raíces del baile: “No utilizamos autotune ni lo grabamos previamente. Se hace en directo. Si no, no se hace. Queremos mantener la esencia del teatro de plaza”, explican.
Los más pequeños
La familia ha crecido en los últimos años. En 2008 se creó el Ball d’en Serrallonga petit, que debía incorporar algunas modificaciones obligadas por la edad de los integrantes. Las armas de verdad se sustituyeron por unos trabucos con un mecanismo de aire comprimido que hacía estallar un globo. Con el tiempo, sin embargo, la dificultad para encontrar recambios de aire comprimido forzó al baile a cambiar este sistema por cebitas que reproducen el ruido del disparo.
40º aniversario
Para conmemorar estas 40 teclas, el baile ha cambiado sus trajes y el armamento, obsequiando con antiguos trabucos a los miembros históricos del baile. Además, este año es el responsable de preparar la Mostra de Folklore Viu del 19 de septiembre. La temática elegida gira en torno a las entidades formadas exclusivamente por mujeres. “Joana de Serrallonga es quien corta el bacalao y queremos poner de manifiesto el papel de las mujeres”, apunta Marina. De hecho, el baile estaba tradicionalmente copado por hombres y -a diferencia de otros lugares del país- en Tarragona las mujeres entraron de lleno cuando se recuperó el baile. “El papel de la Joana lo hacía tradicionalmente un hombre, como la Diablessa. Cuando se recupera nuestro baile y entran mujeres, estaba claro que el papel de la Joana debía ser una mujer”, rememoran.
Cuarenta años después de su recuperación, el Ball d’en Serrallonga continúa haciendo retumbar las calles de Tarragona con sus trabucos, pero también con una manera muy particular de entender el teatro de plaza. La pólvora es su elemento más visible, pero detrás hay sátira, crítica, memoria y una tradición que ha sabido evolucionar sin perder la esencia.
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