El sinhogarismo en Barcelona ha alcanzado máximos históricos este 2025. Según el recuento nocturno realizado por la Fundació Arrels, cerca de 2.000 personas duermen en la calle en la ciudad, un incremento del 43% respecto a 2023. Este aumento se ha detectado en ocho de los diez distritos, y Sants-Montjuïc lidera por primera vez la lista, con 489 personas durmiendo en la calle, muy por encima de las 209 registradas en el mismo distrito hace dos años.
Este hecho evidencia una realidad dura: las personas sin hogar no solo se encuentran en el casco antiguo de Ciutat Vella o en el centro turístico, sino que se están extendiendo hacia barrios menos céntricos como Sants, donde los recursos sociales son más lejanos y la visibilidad del problema crece.
Vecinos y vidas en la calle: complejidades y tensiones
La convivencia con personas que duermen en la calle en Sants genera opiniones muy diversas entre los vecinos del barrio. “Cada mañana veo a la misma persona durmiendo delante de mi portal y no puedo evitar pensar que podría ser cualquiera de nosotros”, explica María, vecina de la calle de Sants desde hace más de veinte años. Asegura que la situación le despierta sobre todo compasión: “No es normal acostumbrarnos a ver gente viviendo así, algo está fallando como sociedad”.
Otros residentes, sin embargo, viven la situación con angustia. Jordi, que vive cerca de una plaza donde se han instalado varias personas sin hogar, reconoce que se siente incómodo: “No tengo nada en contra de ellos, pero por la noche hay ruido, basura y a veces peleas. Esto afecta al descanso y a la sensación de seguridad”. Según él, el problema no es la gente que duerme en la calle, sino “la falta de soluciones reales por parte de la administración”.
También hay voces más críticas que reclaman medidas inmediatas. “El barrio no puede asumir solo una situación tan compleja”, afirma Laura, comerciante de la zona. “Entiendo que son personas vulnerables, pero también tenemos derecho a vivir en un espacio cuidado y seguro. Es necesario que se les ofrezcan recursos, pero no que duerman delante de tiendas y escuelas”.
Entre la compasión y el cansancio, muchos vecinos coinciden en una misma idea: “No queremos que se vayan, queremos que tengan una alternativa digna”, resume un vecino en una reunión de asociación vecinal. Una frase que refleja el dilema del barrio de Sants, atrapado entre la solidaridad y la necesidad urgente de soluciones estructurales.
Respuestas institucionales y recursos disponibles
El Ayuntamiento de Barcelona, junto con entidades como Arrels, activa cada invierno operaciones específicas para paliar los efectos del frío y ofrecer alojamiento y atención básica a las personas sin hogar. Por ejemplo, durante la “Operación Frío”, se añaden plazas de acogida y equipos de trabajo social que salen a la calle para ofrecer apoyo y derivaciones a recursos municipales.
Además, se han creado espacios de debate y coordinación entre servicios sociales, asociaciones, sindicatos y operadores de barrio para repensar estrategias a largo plazo, con el objetivo de garantizar derechos y mejorar la eficacia de las políticas contra el sinhogarismo.
A pesar de ello, muchos vecinos y profesionales consideran que todavía queda mucho por hacer, especialmente en términos de acceso a vivienda digna, refuerzo de los protocolos de prevención y apoyo individualizado para aquellas personas que llevan mucho tiempo en la calle.
Hacia una respuesta comunitaria
La situación vivida en Sants ilustra una crisis social más amplia que afecta a toda Barcelona y a muchas ciudades europeas: el aumento de personas que se encuentran sin hogar por causas estructurales como la falta de vivienda accesible, precariedad laboral y tensiones sociales.
Para afrontar este reto de forma eficaz, los vecinos aseguran que “no solo hacen falta recursos adicionales, sino una mirada comunitaria que combine compasión, seguridad y políticas públicas firmes”. El diálogo entre vecinos, entidades sociales y administraciones es clave para avanzar hacia soluciones que respeten la dignidad de todas las personas y refuercen la cohesión social en el barrio de Sants y más allá.