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El proyecto gastronómico PAMB, impulsado por el chef de Terrassa Marc Ribas junto con otros socios, ha cerrado definitivamente su local del Eixample de Barcelona menos de un año después de haberlo inaugurado. El establecimiento estaba situado en el número 203 de la calle de Valencia, muy cerca de Enric Granados, y había abierto sus puertas en noviembre de 2025.
El cierre, sin embargo, no supone la desaparición de la marca. PAMB mantiene en funcionamiento su segundo establecimiento en la calle de Verdi, en el barrio de Gràcia, un local más grande y con espacio para consumir los productos.
Desde el negocio han apuntado a una combinación de factores económicos para explicar la corta trayectoria del local del Eixample. “El alquiler era muy alto y las ventas, muy poco agradecidas”, han señalado fuentes de PAMB a ‘Crónica Global’.
Una apuesta por el ‘fast food’ catalán
PAMB nació con la voluntad de trasladar la cocina catalana tradicional al formato de comida rápida. La propuesta giraba especialmente en torno a los bocadillos, el pan con tomate, los embutidos y los quesos de calidad, con productores locales y colaboraciones gastronómicas como la del pastelero Christian Escribà.
El primer establecimiento ocupaba la antigua Charcutería Hermanos Gracia y funcionaba como una especie de laboratorio del proyecto antes de la expansión a la calle de Verdi. Ribas había definido su idea como una reivindicación de la comida rápida de raíces catalanas, con la longaniza, los sándwiches y otros productos autóctonos como protagonistas.
Un inicio rodeado de problemas administrativos
La puesta en marcha del negocio ya estuvo marcada por la polémica. El mismo día de la apertura, un grupo de vecinos presentó una denuncia relacionada con los usos permitidos en el local y el Ayuntamiento de Barcelona estudió si la actividad se ajustaba a las autorizaciones existentes.
Los vecinos cuestionaban, entre otros aspectos, la posibilidad de consumir determinados productos dentro del establecimiento. Fuentes vinculadas al negocio defendían entonces que se había tramitado un cambio de licencia que permitía vender platos preparados para llevar.
A estos obstáculos se habría sumado el coste de operar en una de las zonas comerciales más caras de Barcelona. La justificación facilitada ahora desde el negocio pone, precisamente, el foco en el elevado alquiler y en unas ventas que no habrían sido suficientes para mantener viable el establecimiento.
El PAMB de Gràcia continúa abierto
La marca mantiene ahora su apuesta barcelonesa en la calle de Verdi, 15, donde abrió un segundo local este 2026. El espacio tiene un formato más amplio, con capacidad para una cincuentena de personas y una propuesta que permite consumir los bocadillos y otras elaboraciones en el mismo establecimiento.
Paralelamente, Marc Ribas continúa vinculado a su proyecto gastronómico de referencia en Terrassa, El Ciri, mientras reorganiza su actividad empresarial tras el cierre del PAMB del Eixample.
De esta manera, la aventura del primer PAMB de Barcelona se acaba después de unos diez meses de actividad, pero el concepto gastronómico continúa vivo en Gràcia.