Barcelona pierde uno de sus restaurantes más veteranos en primera línea de mar. El Merendero de la Mari ha bajado definitivamente la persiana después de más de tres décadas de actividad y de una larga historia familiar vinculada a la restauración de la Barceloneta y el Port Vell.
El cierre ya es efectivo y el restaurante no hará ningún servicio de despedida. Según recoge ‘Crónica Global’, su propietaria, Rosa Maria Ribera, explica que la decisión llega después de años de dificultades económicas y señala el encarecimiento del alquiler como el factor que ha acabado haciendo inviable la continuidad del negocio.
“El cierre lo ha provocado un cúmulo de cosas, pero el aumento del precio del alquiler nos ha acabado de hundir”, explica Ribera. Según la restauradora, la actividad no se había recuperado completamente después de la pandemia y el perfil de público del Port Vell había cambiado considerablemente.
Los salarios, por delante del pago del local
Durante los últimos meses, la situación económica obligó a los responsables del restaurante a priorizar las nóminas de los trabajadores. Ribera asegura que la plantilla ha cobrado en todo momento y que, ante las dificultades, se optó por destinar los recursos disponibles a los salarios antes que al alquiler.
Esta situación acabó generando un conflicto con la propiedad del local. Según relata la responsable del restaurante, después del segundo mes de impago se interpuso una denuncia y ya no se llegó a un acuerdo que permitiera mantener la actividad.
Con la persiana bajada, desaparece un establecimiento especialmente conocido por los arroces, el pescado y la cocina mediterránea, que durante décadas había formado parte del paisaje gastronómico del Port Vell.
Una historia familiar que se remonta a la Barceloneta
La trayectoria de la familia en el mundo de la restauración es anterior al mismo Merendero de la Mari. El primer negocio fue L’Esport, un establecimiento orientado a los bañistas de la Barceloneta.
Después de la Guerra Civil, la familia reanudó la actividad en los años cuarenta con Can Costa, un restaurante por el que pasaron figuras internacionales como John Wayne o Burt Lancaster.
Años después, Mari, tercera generación de la familia, abrió Cal Pinxo con su marido. En 1988 llegaría el Merendero de la Mari en la playa de Sant Miquel.
La transformación del litoral con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992 obligó al negocio a cambiar de ubicación. El restaurante se trasladó entonces al Palau de Mar, donde ha continuado funcionando hasta su cierre.
El final del Merendero de la Mari se suma así a otras desapariciones recientes de establecimientos consolidados de la restauración barcelonesa, en un momento de presión sobre algunos negocios por la evolución de los costes y de los hábitos de consumo.
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