En un contexto internacional marcado por el ascenso de la derecha, cada vez más partidos y líderes abandonan los matices y los eufemismos para reivindicarse abiertamente como derecha política. Un fenómeno que no es ajeno a Andorra, donde en los últimos meses han comenzado a aparecer movimientos y discursos que buscan ocupar un espacio ideológico hasta ahora bastante acotado.
Hasta hace poco, este espacio parecía patrimonio casi exclusivo de Andorra Endavant y del discurso directo y sin rodeos de Carine Montané. Ahora bien, el tablero político empieza a moverse en vista a las elecciones que debe haber en poco más de un año como máximo. En este nuevo escenario, Carles Naudi se ha desmarcado como una voz que quiere representar una derecha más institucionalizada, asumida y reiterada en todas sus apariciones públicas, especialmente a través de las redes sociales. Y eso que él mismo ha dicho que se retirará de la primera línea política a final de la legislatura.
Hace pocos días, Naudi ya dio un paso adelante reivindicando abiertamente su posicionamiento de derechas “de toda la vida”, según sus propias palabras, sin ningún tipo de complejo. Ahora, ha ido un paso más allá con la publicación de un vídeo donde defiende que Ciutadans Compromesos quiere impulsar una iniciativa para prohibir el acceso a espacios públicos con la cara tapada, con el argumento de garantizar la seguridad ciudadana.
Un discurso que apela directamente al miedo y a una supuesta amenaza al orden público que, al menos en Andorra, cuesta justificar con datos objetivos. Y es aquí donde la coincidencia temporal resulta especialmente reveladora: el mismo día que Naudi difundía este mensaje, se hacían públicas los datos del índice de criminalidad y seguridad del 2026 elaborado por Numbeo. Según este estudio, Andorra es el país más seguro de Europa y el segundo más seguro del mundo.
Con estas cifras sobre la mesa, el debate ya no es solo ideológico, sino también de relato. ¿Hasta qué punto tiene sentido construir discursos políticos basados en un “fantasma” de la inseguridad cuando los datos sitúan al país en lo más alto de los rankings de seguridad? Y, sobre todo, si este tipo de mensajes responden a una preocupación real o al objetivo de atraer a un determinado segmento de votantes en un momento en que la derecha, en todas partes, ha decidido hablar claro y sin filtros.
La pregunta queda abierta. Lo que parece claro es que la competición por liderar el espacio de la derecha andorrana ya no es tan clara como hace unos meses, y que el discurso identitario y de seguridad puede convertirse en una de las principales armas en esta batalla política.