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Primero fue Concòrdia. Y, solo un día después, el Gobierno ha salido a responder. La sucesión de dos vídeos sobre los problemas de movilidad en Andorra ha convertido las colas en el último campo de batalla política y, sobre todo, ha dejado una imagen significativa: la oposición plantea el debate y el Ejecutivo se ve empujado a dar explicaciones.
La copresidenta de Concòrdia y consejera general, Núria Segués, publicaba este miércoles un vídeo centrado en una realidad fácilmente reconocible por buena parte de la población: el tiempo que los ciudadanos pasan atrapados en el tráfico. Segués cuestionaba que la mejora de los datos de movilidad anunciada por el Gobierno se traduzca en una mejora perceptible en el día a día y reclamaba una estrategia nacional con visión a largo plazo.
La respuesta no se ha hecho esperar. Este jueves, el secretario de Estado de Transición Energética, Transportes y Movilidad, David Forné, ha publicado otro vídeo para defender el trabajo que está haciendo el Gobierno. Forné ha recordado la existencia de la Estrategia Nacional de Movilidad y del Plan Director de la Movilidad 2030 y ha enumerado actuaciones como la mejora del transporte público, los carriles reversibles, las intervenciones en la calle de la Unió, las mejoras en rotondas o los desvíos de La Massana y Sant Julià de Lòria.“Señalar los problemas es sencillo, lo que hace falta es afrontarlos”, ha replicado Forné.
Pero más allá de quién tiene razón sobre las soluciones a la movilidad, la secuencia deja una lectura política interesante. Concòrdia ha conseguido situar un tema en el centro de la conversación y que el Gobierno responda con el mismo formato y prácticamente de manera inmediata. Y en política, quien consigue decidir de qué se habla parte con ventaja.
El caso de la movilidad ejemplifica una de las batallas que pueden resultar determinantes a medida que se acerque el final de la legislatura: quién controla la agenda pública.
Concòrdia no necesita demostrar que el Gobierno no ha hecho nada en materia de movilidad —porque sería difícil sostenerlo ante las actuaciones que el Ejecutivo puede enumerar—. Le es suficiente plantear una pregunta mucho más simple: si se están haciendo tantas cosas, ¿por qué los ciudadanos continúan teniendo la sensación de pasar demasiado tiempo haciendo cola?
Es aquí donde el Gobierno entra en un terreno más incómodo. Cuando la respuesta política consiste en enumerar planes, estrategias y actuaciones después de que la oposición haya señalado un problema cotidiano, corre el riesgo de aparecer en una posición defensiva.
El vídeo de Forné pretende dar la vuelta precisamente a esta situación y transmitir que el Ejecutivo no está parado. Pero el hecho mismo de tener que responder evidencia que Concòrdia ha conseguido marcar, al menos en esta ocasión, el ritmo de la conversación.
La movilidad es especialmente sensible porque afecta directamente a la calidad de vida. El mismo Plan Director de Movilidad reconoce episodios en los que las intensidades de tráfico pueden llevar la red viaria al límite de su capacidad y generar retenciones importantes.
Por eso el debate difícilmente acabará con estos dos vídeos. Para Demòcrates, el reto comunicativo no es solo explicar qué está haciendo el Gobierno. Es conseguir volver a llevar la iniciativa y ser quien presente los debates antes de que la oposición los imponga.
Concòrdia, en cambio, tiene un trabajo aparentemente más sencillo: detectar problemas cotidianos, convertirlos en mensajes comprensibles y obligar al Gobierno a posicionarse ante ellos.