La polémica por la nueva Casa Pairal de Andorra la Vella ha dado un paso más en la esfera pública. Esta semana, un colectivo de padrinos de la parroquia ha expresado su malestar en el programa La Companyia de Ràdio Nacional d’Andorra, donde han denunciado que se sienten “incómodos” y “desplazados” del espacio que, en teoría, debería ser su centro de encuentro.
Las quejas llegan después de la reforma del equipamiento situado en la plaza del Pueblo y de la nueva concesión del restaurante que comparte edificio con la Casa Pairal. Según explicaron los abuelos al programa, la convivencia entre un negocio privado de restauración y un servicio público destinado a la gente mayor no está funcionando como se había prometido.
Entre los principales agravios, los usuarios apuntan problemas de horarios, dificultades para utilizar el espacio con normalidad y una sensación general de que el entorno ya no está pensado para las actividades habituales de la Casa Pairal, como jugar a cartas, hacer tertulias o simplemente pasar el rato. Algunos incluso habrían manifestado que prefieren dejar de ir o buscar alternativas en otras parroquias.
Estas quejas dan fuerza a las críticas que ya había expresado la oposición comunal, que desde hace semanas alerta de una posible incompatibilidad de usos entre el restaurante y el espacio para la gente mayor. Desde el comú, en cambio, se ha defendido reiteradamente que la Casa Pairal no ha perdido ni espacio ni servicios, y que los acuerdos con la empresa concesionaria garantizan el respeto a los horarios y a las necesidades de los usuarios.
Con la intervención de los padrinos en la radio, sin embargo, el debate deja de ser solo político y pasa a tener un componente social evidente: el de si la reforma y el nuevo modelo de gestión responden realmente a las necesidades de las personas que deberían ser las principales beneficiarias del equipamiento.
La cuestión, ahora, es si el común introducirá cambios para reconducir la situación o si la polémica continuará creciendo a medida que más usuarios hagan público su malestar.
