Muere Maricarmen, la mujer de 87 años desahuciada en Madrid

La mujer había expresado el deseo de poder morir en la misma casa donde había pasado prácticamente toda la vida, pero ha acabado muriendo en el hospital después de ser desahuciada

07 de octubre de 2026 a las 20:41h
Actualizado: 07 de octubre de 2026 a las 20:43h

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Maricarmen Abascal, convertida en las últimas semanas en uno de los principales símbolos de la lucha por el derecho a la vivienda en España, ha fallecido este miércoles a los 87 años en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Su muerte llega dos semanas después de que, el 23 de septiembre, fuera desahuciada del piso del barrio de Ibiza, en el distrito madrileño de Retiro, donde había vivido durante aproximadamente siete décadas. Desde aquel día había estado hospitalizada.

La familia, su abogada y el Sindicat de Llogateres han comunicado el fallecimiento y han lamentado que el acuerdo que se había conseguido para que pudiera volver a su vivienda llegara demasiado tarde.

 

Siete años de batalla para quedarse en casa

María del Carmen Abascal, conocida popularmente como Maricarmen, vivía en la misma vivienda desde 1956. El piso había sido comprado por su padre y, con el paso de los años, el contrato de renta antigua había sido subrogado primero a su madre y posteriormente a ella.

Una empresa compró la vivienda años atrás con Maricarmen todavía residiendo en ella. En 2020, los nuevos propietarios le comunicaron que debía abandonarlo argumentando que el contrato ya había superado las subrogaciones previstas.

Abascal cobraba una pensión de unos 1.400 euros y, según su defensa, continuaba pagando regularmente unos 500 euros mensuales entre alquiler y facturas.

Durante los años siguientes se produjeron diversos intentos de desahucio y las partes no llegaron a un acuerdo sobre las diferentes fórmulas planteadas para que pudiera continuar en la vivienda.

 

El desahucio desencadenó una ola de protestas

Finalmente, el 23 de septiembre se ejecutó el desalojo. Las imágenes y el relato de Maricarmen provocaron una fuerte movilización social, con protestas y acampadas que convirtieron su caso en una reivindicación más amplia sobre el acceso y la permanencia a la vivienda.

Desde el hospital, ella misma continuó enviando mensajes de apoyo a las personas movilizadas. “Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro”, fue una de las frases que repitió durante aquellos días.

La presión posterior acabó abriendo una posibilidad poco habitual: la propiedad aceptó llegar a un acuerdo para formalizar un nuevo contrato y permitir que Maricarmen volviera al piso. Su situación de salud, sin embargo, impidió que este regreso llegara a producirse.

 

“Yo ahora no soy yo”

Los últimos meses, Abascal había explicado públicamente que el largo conflicto había coincidido con un deterioro importante de su estado físico. Necesitaba una silla de ruedas para desplazarse, había perdido masa muscular y tenía dificultades para comer.

Pocos días antes del desahucio había resumido su estado con una frase: “Me ha afectado en todo. Yo ahora no soy yo”.

A pesar de ello, mantuvo hasta el final la determinación de defender su vivienda. En diferentes entrevistas había expresado el deseo de poder morir en la misma casa donde había pasado prácticamente toda la vida y donde habían muerto sus padres.

 

Una vida entera en el mismo barrio

Abascal había estudiado taquimecanografía y secretariado y trabajó durante 34 años como secretaria del consejo de administración de una empresa farmacéutica. Se jubiló en el año 1998.

La casa de Retiro concentraba buena parte de los recuerdos de su vida: fotografías familiares, pinturas, porcelanas y otros objetos acumulados durante décadas.

Con su caso convertido en emblema de las protestas por la vivienda, Maricarmen había expresado poco antes de perder el piso que solo esperaba haber servido como “una luz” para que otras personas pudieran defender el derecho a tener un hogar digno.

Sobre el autor
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Eric Mendo
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