Mercedes López Romero, ex diputada de Ciudadanos en el Parlamento andaluz y fisioterapeuta de profesión, tiene una ceguera del 90% a consecuencia de haber mirado fijamente el sol durante un eclipse cuando solo tenía 8 años. Ahora, a las puertas del eclipse total de este miércoles, lanza una advertencia contundente: hay que evitar mirar directamente el fenómeno y extremar la precaución, especialmente si hay menores.
“Me da miedo ver que la gente irá a ver el eclipse con niños y todo; no son conscientes del peligro que supone”, explica en una entrevista con el periodista de EFE Alfredo Valenzuela.
El caso de López se remonta a su etapa escolar en Dalías, en Almería. Durante un eclipse, ella y otros niños se escondieron en el patio del colegio para competir a ver quién aguantaba más tiempo mirando el sol sin que los adultos los vieran.
Los adultos observaban el fenómeno a cierta distancia y con medidas de protección, pero los niños lo hicieron sin conciencia del riesgo. Su hermana, dos años menor, y otros compañeros no mantuvieron tanto tiempo la mirada y no sufrieron secuelas.
Las lesiones aparecieron años después
Las consecuencias no se manifestaron de manera inmediata. Fue a los 14 años, ya en el instituto, cuando comenzó a tener dificultades para distinguir los números en la pizarra. Cuando acudió al oftalmólogo, el especialista detectó enseguida quemaduras en la mácula.
Como el tejido nervioso estaba afectado, las lesiones eran inoperables. Desde entonces, la pérdida de visión ha sido progresiva y continúa empeorando con el paso de los años.
López sufre hipersensibilidad a la luz y explica que los días muy nublados o extremadamente soleados le resultan “mortales”. Por eso tiene que usar gafas de sol casi siempre, incluso en espacios interiores.
“Es como si siempre hubiera mucha niebla”
Su visión, dice, es como si hubiera “mucha niebla siempre”. También ha perdido la capacidad de distinguir correctamente los colores y necesita configurar pantallas como la televisión o el teléfono móvil sin brillo ni contraste.
A los 17 años le confirmaron que no podría obtener el carnet de conducir y, al cumplir los 18, se afilió a la ONCE. La ceguera también la obligó a renunciar a sus primeras opciones de estudios, Medicina y Enfermería, y finalmente se orientó hacia la Fisioterapia.
Durante su etapa pública, López ocupó un escaño por Ciudadanos en el Parlament andaluz y también estuvo al frente de la Dirección General de Discapacidad. Sobre este ámbito, defiende que hace falta “una empatía vivida” para entender qué sienten las personas con discapacidad en su día a día.
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