Europa tiene que asumir que el planeta puede llegar a finales de siglo con un calentamiento global de entre 2,8 y 3,3 grados, y que el continente sufrirá el impacto con más intensidad.
Así lo alerta el Consejo Científico Asesor Europeo sobre el Cambio Climático (ESABCC) en un informe publicado este martes, en el que recuerda que “como Europa se calienta aproximadamente el doble de rápido que la media mundial, esto implicaría niveles de calentamiento más altos en Europa”. El organismo, que asesora a la Unión Europea, reclama una “reforma urgente” de las políticas comunitarias para reducir riesgos y adaptarse a un escenario que consideran cada vez más probable.
Riesgos “críticos” a mediados de siglo
El documento advierte que “sin una adaptación adecuada, se prevé que la mayoría de los riesgos climáticos en la UE lleguen a niveles críticos a mediados de siglo”, con consecuencias que pueden ser “frecuentes, graves, persistentes y de gran alcance”. Según la ESABCC, estos impactos pueden afectar directamente la salud y el bienestar, comprometer infraestructuras y sistemas críticos, reducir la productividad económica y presionar la sostenibilidad fiscal, además de acelerar la pérdida de ecosistemas y biodiversidad.
Los expertos también alertan de que el aumento de fenómenos extremos puede “erosionar y desestabilizar los cimientos sociales y económicos de la UE”, dificultando objetivos estratégicos como la seguridad, la autonomía energética o la competitividad global.
Más dinero público y medidas de adaptación
El informe también pone el foco en la financiación y avisa que la UE no está lo suficientemente preparada para afrontar los impactos que ya se están notando —y menos aún los que vendrían con un calentamiento más alto. Por eso, los científicos reclaman a Bruselas que la adaptación deje de ser un “capítulo aparte” y pase a formar parte de todas las decisiones relevantes: proponen exigir evaluaciones de riesgo climático en políticas e inversiones, y utilizar como “mínima base de planificación” un escenario de calentamiento global alrededor de los 3 grados.
Además, plantean fijar objetivos “medibles” de adaptación para 2030 y 2040 e integrar la gestión del riesgo climático tanto en la gobernanza fiscal nacional como en el próximo Marco Financiero Plurianual de la UE, incorporando el criterio de “justicia social” para que las políticas no amplíen desigualdades.
Un sur más expuesto y con menos margen para invertir
El documento alerta de disparidades internas dentro de la Unión: las administraciones locales del sur de Europa sufren más “escasez de financiación” para adaptarse que las del norte, a pesar de que son, en general, más vulnerables a los riesgos climáticos. Y avisan de un círculo complicado de romper: “los estados miembros con más riesgo son los que tienen menos espacio fiscal para invertir en adaptación”, cosa que puede agravar las desigualdades nacionales y regionales.
Finalmente, los expertos piden no solo priorizar inversiones útiles, sino también revisar aquellas que pueden empeorar el problema. Ponen ejemplos concretos: desalinizadoras o aire acondicionado pueden “reducir la vulnerabilidad a corto plazo”, pero también pueden implicar más consumo energético y más emisiones, y acabar contribuyendo a “un calentamiento más elevado” que, paradójicamente, obliga a todavía más adaptación en el futuro.
