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Las gasolineras de bajo coste, los surtidores independientes y las estaciones vinculadas a supermercados han contribuido a contener el encarecimiento de los carburantes en Cataluña tras el shock provocado por la guerra en Oriente Medio. En cambio, las grandes distribuidoras tienden a aplicar precios más elevados en los territorios donde tienen menos competencia a su alrededor.
Esta es una de las principales conclusiones de un estudio de la Autoridad Catalana de la Competencia (ACCO), que ha analizado la evolución de cerca de 1.500 estaciones de servicio de Cataluña entre enero y marzo, antes y después de la escalada del conflicto.
Durante este periodo, la gasolina se encareció aproximadamente un 15% de manera generalizada, mientras que el precio del diésel aumentó un 21%.
El estudio también pone el foco en las ayudas públicas a los carburantes. Según los cálculos de la ACCO, entre un 25% y un 30% de las subvenciones aplicadas al diésel no se habrían trasladado a una reducción equivalente del precio final, sino que habrían acabado incrementando los márgenes empresariales. En el caso de la gasolina, en cambio, la ayuda habría llegado prácticamente en su totalidad a los consumidores.
Más competencia, precios más bajos
Uno de los resultados más claros del informe es el efecto de la competencia entre gasolineras próximas. Según el análisis, una estación de servicio que tenga diez competidores en un radio de aproximadamente una milla —unos 1,6 kilómetros— presenta, de media, unos precios alrededor de un 2% inferiores a los de una gasolinera que opera sin competencia próxima.
La presencia de gasolineras independientes, de bajo coste o vinculadas a supermercados ejerce una presión especialmente significativa sobre los precios de las grandes distribuidoras.
El estudio concluye, por tanto, que estas alternativas no solo ofrecen habitualmente carburantes más económicos, sino que también pueden obligar a las grandes marcas a ajustar sus precios cuando comparten mercado.
Las ‘low cost’ han subido más los precios, pero siguen siendo más baratas
Paradójicamente, las gasolineras de bajo coste son las que más han incrementado los precios porcentualmente durante el periodo analizado. La explicación es que partían de unos niveles considerablemente más bajos. Las grandes cadenas han registrado incrementos más moderados, pero continúan situando sus precios por encima de los operadores más económicos.
Esta evolución ha hecho que la diferencia entre unas y otras se haya reducido a menos de la mitad desde el estallido del conflicto en Oriente Medio. El informe plantea diversas posibles explicaciones, pero advierte de que no hay suficiente información del mercado mayorista para determinar qué ha pasado exactamente.
Dudas sobre el papel de las grandes distribuidoras
El profesor de la UAB y coautor del estudio Jordi Perdiguero apunta dos hipótesis para explicar por qué las gasolineras baratas han repercutido con más intensidad el encarecimiento.
Una posibilidad es que estos operadores trabajaran inicialmente con márgenes más estrechos y, por tanto, tuvieran menos capacidad para absorber el aumento de los costes.
Otra hipótesis es que las grandes distribuidoras, que también suministran carburantes a muchas estaciones independientes, hubieran subido los precios mayoristas a sus clientes mientras contenían más los precios de las gasolineras propias.
El estudio, sin embargo, no concluye que esto haya sucedido. Precisamente, los autores reclaman más transparencia para poder analizar el funcionamiento de un mercado mayorista concentrado en un número reducido de operadores.
Competencia reclama facilitar la apertura de nuevas gasolineras
A partir de los resultados, la ACCO propone reducir las barreras administrativas para facilitar la entrada de nuevos operadores y evitar una concentración excesiva de determinadas marcas en mercados locales. También plantea aumentar la supervisión del mercado mayorista para conocer mejor cómo fijan los precios las grandes distribuidoras.
En cuanto a las ayudas públicas, la autoridad apuesta por sustituir las subvenciones generalizadas a los carburantes por medidas más dirigidas a los hogares que necesitan apoyo, como por ejemplo transferencias directas a las familias vulnerables.
Los autores recuerdan que los carburantes tienen una demanda poco flexible: muchos ciudadanos continúan necesitando comprar gasolina o diésel aunque el precio aumente. En consecuencia, los encarecimientos reducen directamente la renta disponible de las familias y también pueden repercutir en otros productos a través del aumento de los costes de transporte.