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Las bajas laborales por salud mental se han triplicado en la última década y, según los informes anuales de Salud, el último año se contabilizaron 194.953, una cifra que equivale al 8,8% del total de bajas por contingencias comunes, dos puntos más que una década atrás.
La duración media de estas incapacidades es de 79 días, casi tres veces más que la media general, situada en 28 días.
La presión sobre el sistema también se refleja en el cómputo de días perdidos. Así, uno de cada cuatro días de baja del conjunto de los trabajadores en 2025 corresponde a razones de salud mental. El volumen anual de jornadas de incapacidad laboral por salud mental superó los 15 millones en 2025 y ya concentra prácticamente una cuarta parte del total de días de baja. Esto sitúa los trastornos mentales en segundo lugar, solo por detrás de las patologías del aparato locomotor, por delante de las heridas y envenenamientos, los cánceres y los síntomas, signos y hallazgos anormales.
Médicos, sindicatos y patronal, con diagnósticos diferentes
El vocal de comunicación de la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (CAMFiC) y médico de familia, Jordi Mestres, explica que entre las patologías que más crecen se encuentran "la ansiedad grave y los trastornos adaptativos, que son los problemas relacionales con cosas que pasan en la vida". Según afirma, una parte "muy importante" de estas situaciones tienen relación con el entorno profesional, porque "el trabajo puede ser una causa de desbordamiento o puede ser un desencadenante".
En la misma línea, los sindicatos señalan que el mundo laboral pesa de manera clara en este incremento. La responsable de Salud Laboral de CCOO, Mónica Pérez, sostiene que los casos "de acosos o persecuciones" son una de las casuísticas principales, junto con una "organización del trabajo muy deficitaria que presiona en tiempo" y que acaba generando sobrecargas. También apunta a las horas extra y a los sueldos bajos, que no conllevan "un reconocimiento salarial".
Desde UGT, la responsable de Salud Laboral, Reyes Solaz, sitúa entre los factores más habituales "el estrés, la mala organización en las empresas, la falta de la desconexión digital y el tema de los turnos de trabajo". Solaz añade que la extensión de las herramientas digitales ha alterado la frontera entre trabajo y vida privada y que, hoy, "estás en casa y por WhatsApp te piden si te puedes cambiar el turno".
La patronal, en cambio, rebaja la relación directa con la actividad profesional. La directora de Relaciones Laborales y Asuntos Sociales de Foment del Treball, Yésika Aguilar, defiende que se trata de un incremento ligado al aumento general de las incapacidades temporales por condiciones comunes y remarca que "es un fenómeno complejo y multicausal y, por tanto, no se puede atribuir exclusivamente o principalmente a factores de origen laboral". Aguilar añade que pueden intervenir circunstancias personales, familiares, sociales y económicas, así como el funcionamiento del sistema sanitario o los mecanismos de gestión.
La pandemia, la digitalización y la precariedad, en el centro del debate
Desde InfoJobs, su directora de Comunicación, Estudios y Relaciones Institucionales, Mónica Pérez, explica que el problema de la salud mental se ha acentuado sobre todo a raíz de la pandemia. Según detalla, los problemas de salud se concentran más en edades adultas, pero la salud mental impacta especialmente en personas más jóvenes. Entre los factores que lo explican, sitúa la incertidumbre derivada de las consecuencias de las crisis geopolíticas constantes y algunos efectos negativos de la digitalización.
Pérez admite que la digitalización ha aportado "un progreso" y nuevas facilidades, como el teletrabajo, pero avisa de que también tiene "otra cara" porque dificulta poner límites entre el espacio laboral y el personal. Esto, según su análisis, incrementa la sensación de estar permanentemente conectado, la carga de trabajo y el estrés.
En la misma dirección, un informe elaborado por una comisión de expertos coordinada por el catedrático de la UPF Joan Benach, impulsado por el Ministerio de Trabajo y presentado en marzo de 2023, señaló la informalidad, la precariedad, las formas descentralizadas de organización productiva y la infravaloración de los cuidados como causas de deterioro de la salud mental. El documento, conocido como PRESME, también advertía de que, en los contratos estables, elementos como la desconexión digital, las horas extra o las jornadas no previsibles continúan teniendo un impacto negativo.
Las conclusiones del estudio apuntan a no centrar el análisis solo en factores individuales o clínicos, sino también en las condiciones sociales y laborales que los originan o los agravan: inseguridad laboral, precariedad, intensificación del trabajo, falta de control, salarios insuficientes y dificultades de conciliación, entre otros.
Una duración muy superior al resto de bajas
Una de las características más destacadas de estas incapacidades es el tiempo que duran. De media, las bajas por salud mental se alargan 79 días, una cifra que supera con creces el resto de procesos de incapacidad temporal. La media del conjunto de bajas es de 28 días, y, aunque la duración de los casos vinculados a salud mental es ligeramente más alta que hace una década, todavía no ha vuelto a los niveles de los años pandémicos, cuando llegó a superar los tres meses.
Jordi Mestres recuerda que el tratamiento de estas patologías "no es tan rápido como cuando tenemos fiebre o una infección" y defiende que hay que dotar a la población de herramientas a través de los CAP o de recursos comunitarios de psicología, una atención que, según dice, necesita varias sesiones y "no es barata". También se muestra reticente a medicalizar a los pacientes con pastillas si hay alternativas para abordar el origen del problema, ya sea "relacional, para llegar a fin de mes o de vivienda". En este sentido, reclama "autocrítica" sobre cómo está organizada la sociedad, porque la salud no depende solo del individuo.
Mestres considera que "las empresas pueden hacer mucho, organizando análisis de riesgo psicosocial" y asegura que algunas ya "se están poniendo las pilas para adaptar los puestos de trabajo para que la persona no llegue a una situación de 'burnout' en la que todo salte por los aires". Los sindicatos, sin embargo, insisten en que no es suficiente. Mónica Pérez recuerda, citando un informe de prevención de riesgos laborales de la Generalitat de 2022, que solo un 5,5% de las empresas han aplicado medidas para evitar riesgos psicosociales, mientras que el resto "no están cumpliendo su obligación".
Las contingencias profesionales, aún residuales
Según los datos oficiales de 2025, un 8,8% de las bajas por contingencias comunes fueron por salud mental. En cambio, dentro de las contingencias profesionales, es decir, las ligadas a la actividad laboral, los trastornos mentales tienen un peso muy reducido: solo 341 bajas, un 0,3% del total.
Para la responsable de CCOO, es "muy difícil" que estos casos se reconozcan como enfermedad profesional, incluso cuando hay relación con el trabajo, porque "la empresa debe comunicarlo a la autoridad laboral y después deben reconocerlo las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social, que son asociaciones privadas de empresarios". Según su opinión, esto genera un "claro conflicto de intereses" y hace que las compañías quieran "tapar las consecuencias de la precariedad". Por este motivo, defiende que las mutuas deberían integrarse en el sistema público "de alguna manera".