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¡Hay imágenes que indignan!
Un joven, en un partido del Barça, lleva una estelada. No está agrediendo a nadie. No está rompiendo nada. No está amenazando a nadie. Solo lleva un símbolo de libertad. Lleva una estelada y acaba agredido con golpes por parte de la Policía Nacional, al grito de «A por ellos».
Sí, aquella policía que ya vimos defendiendo la unidad de la patria aquel 1 de octubre de 2017. Porque, en el fondo, va de eso. De la sacrosanta unidad de España. Y este no es un hecho aislado. La retirada de esteladas la hemos visto muchísimas veces. La última, durante la inauguración de la Sagrada Familia. Esta vez, sin embargo, haciendo gala del día del referéndum, la retirada ha ido acompañada de porras y de golpes a un joven que solo llevaba una bandera en un partido de fútbol.
Quizás durante un tiempo hemos rebajado la simbología. Quizás hemos acabado pensando que una estelada no hace cambiar nada. Pero está claro que estamos equivocados. Saca lo peor de las Españas.
Pues quizás hemos de llevar más. Quizás hemos de llevar cada día. A cada partido de fútbol, de baloncesto o de hockey. A cada fiesta, a cada carrera, en los balcones, en las calles, en el móvil, en el coche o en el ordenador. En el reloj y como pulsera. Cada día, si hace falta.
Porque una estelada no es una agresión. Es el símbolo del anhelo de muchos catalanes de vivir en un país independiente. Es una manera de decir quiénes somos y qué queremos.
Y este hecho me ha hecho recordar la respuesta del Ayuntamiento a una pregunta sobre simbología franquista junto a una bandera de un partido político en algún balcón de Lleida: «se trata de un espacio privado».
Por lo tanto, un joven lleva pacíficamente una estelada en un partido del Barça y acaba recibiendo golpes de la policía. Mientras tanto, en Lleida todavía podemos ver en algún balcón simbología franquista y preconstitucional. Está claro: con nosotros parece que siempre es más fácil.
Una estelada simboliza el anhelo de un pueblo de ser independiente. Es una expresión política. La simbología franquista representa una dictadura que mató y negó las libertades que hoy nosotros defendemos.
Me pregunto si los neonazis y los fascistas españoles, cuando se manifiestan, reciben el mismo trato. Si también reciben golpes por llevar sus símbolos. Si también hay la misma contundencia.
Por eso la condena ante esta agresión policial debe ser absoluta. Y nuestra respuesta, contundente.
Los independentistas hemos salido a la calle muchas veces. Lo hemos hecho para defender nuestra lengua, nuestras instituciones, el derecho a decidir y la independencia de Cataluña. Lo hemos hecho con esteladas, con pancartas, con manifestaciones y, sobre todo, con urnas. Y esto es lo que representa esta bandera. No es odio. No es violencia. No es una agresión. Es la voluntad de ser.
Quizás es precisamente esto lo que algunos no soportan. Que, a pesar de los años, a pesar de las derrotas, la represión y los intentos de dar por muerto el independentismo, todavía haya gente que continúe llevando una estelada. Y quizás estos hechos nos recuerdan que no debemos esconderla. Al contrario.
Porque los símbolos también sirven para hacer visible aquello que algunos querrían dejar de ver. Una estelada en la calle dice algo muy sencillo: aquí hay alguien que continúa creyendo en la libertad de Cataluña.
Ahora que se acerca la Diada, no la dejemos solo para el 11 de septiembre. Volvámosla a colgar en los balcones, llevémosla a las calles, a los partidos, a las fiestas, a las plazas. Que se nos vea. Que se nos cuente. Que se sepa que todavía estamos aquí.
Esta Diada, llenemos Lérida y Cataluña de esteladas.