OPINIÓN | Los que siempre están

Artículo de opinión de Jordina Freixanet, portavoz del grupo municipal de Esquerra Republicana de Catalunya en el Ayuntamiento de Lleida

Jordina Freixanet
25 de julio de 2026 a las 09:00h

Esta semana hemos cerrado el último pleno del curso político. Pero, sobre todo, ha sido un buen momento para mirar atrás y pensar en todas las horas que hemos pasado en los barrios. Horas caminando, escuchando, conversando con los vecinos, descubriendo rincones que demasiado a menudo quedan olvidados e intentando entender, más que explicar.

Y es en este ir y venir que me he dado cuenta de una cosa que se repite una y otra vez. Cuando me siento a hablar con personas mayores, casi nunca me hablan de ellas mismas. Me hablan de los hijos que todavía no pueden emanciparse. De los nietos que recogen cada tarde en la escuela. Del comercio que ha bajado la persiana y de la preocupación por hacia dónde iremos si lo cierran todo. Del vecino que hace días que no ven. Del parque donde antes había más vida. Del bus que necesita una revisión a fondo. De la plaza que se ha quedado sin sombra.

Y siempre me sorprende lo mismo. Personas que han trabajado toda una vida, que deberían poder vivir esta etapa con calma, siguen preocupándose mucho más por los demás que por ellas mismas. Quizás porque esta generación ha aprendido a vivir así. Sin pedir mucho. Sin quejarse mucho. Aguantando. Tirando adelante.

Pero precisamente porque han pasado la vida sosteniendo familias, barrios y comunidades, creo que nos toca empezar a hacernos otra pregunta: ¿quién los sostiene a ellos? 

Por eso, en este pleno, desde ERC hemos querido poner el protagonismo en la gente mayor, un colectivo tan grande y tan diverso como la propia ciudad. Demasiado a menudo hablamos de ellos desde la dependencia, como si envejecer fuera solo una cuestión de residencias, servicios sociales o salud. 

Yo creo que nos equivocamos. Envejecer no es dejar de vivir. Es seguir decidiendo. Seguir caminando por tu barrio. Seguir bajando a la panadería de siempre. Seguir encontrándote con los amigos en el centro sénior. Seguir abriendo la puerta de casa sabiendo que todavía formas parte de la vida de la ciudad. Por eso me gusta repetir que: una ciudad buena para envejecer es una ciudad mejor para todos. 

Cuando hacemos aceras accesibles no lo hacemos solo para que una persona mayor pueda caminar o para que pase un cochecito. Lo hacemos para que todos ganemos. Cuando ponemos bancos, sombra, comercio de proximidad, transporte público útil o cuidamos los barrios, no estamos pensando solo en la gente mayor. Estamos construyendo una ciudad más humana. 

Hay otra realidad que escucho a menudo. La mayoría de las personas mayores no me piden grandes equipamientos. Me piden algo mucho más sencillo: poder seguir viviendo en su casa. Y esto, que parece tan evidente, no siempre es posible. Un ascensor que no llega. Un baño que no está adaptado. Una escalera demasiado empinada. Una factura de la luz que da miedo. Pequeñas cosas que pueden acabar obligando a una persona a dejar el lugar donde ha construido toda una vida. Ayudarles a adaptar su vivienda no es un gasto. Es una inversión en autonomía, salud y dignidad. 

Y hay otra palabra que cada vez escucho más: soledad. No siempre es la soledad que imaginamos. Es la que llega cuando cada gesto cotidiano se convierte en una dificultad. Cuando todo pasa por una pantalla. Cuando para pedir una cita médica necesitas a alguien que te ayude. Cuando los trámites dejan de ser una herramienta y se convierten en un muro. La tecnología nos tiene que hacer la vida más fácil, no más difícil. Y ninguna administración debería aceptar que una persona pierda derechos simplemente porque no sabe utilizar una aplicación. 

En Lleida tenemos la suerte de contar con entidades extraordinarias, voluntariado, profesionales comprometidos y barrios que todavía conservan un fuerte sentimiento de comunidad. Pero también es verdad que hace demasiado tiempo que anunciamos proyectos que no llegan. La residencia de Pardinyes sigue esperando. El centro de día de Cappont acumula promesas. 

Cuando pienso en el futuro de Lleida, pienso en nuestros niños. Pero también pienso en las personas mayores. Porque la ciudad que dejaremos a nuestros hijos será la misma ciudad donde nosotros esperamos hacernos mayores algún día. 

Y me gustaría que, cuando llegue ese momento, nadie tuviera que sentir que se ha convertido en invisible. Porque si hay una generación que se ha ganado el derecho a vivir esta etapa con tranquilidad, es precisamente la que nos ha ayudado a llegar hasta aquí.

 

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