OPINIÓN | Un paso adelante, cien años después

Artículo de opinión de Jordina Freixanet, portavoz del grupo municipal de Esquerra Republicana de Catalunya en el Ayuntamiento de Lleida

Jordina Freixanet
05 de septiembre de 2026 a las 08:00h

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Este verano, Lleida también ha sido noticia por un hecho positivo: más de tres mil personas se han hecho socias del Lleida CF, a pesar de que este año el equipo jugará en la última categoría del fútbol catalán. Es un hecho extraordinario, que ha despertado la atención mucho más allá de la ciudad y que no se puede explicar solo con argumentos deportivos. La respuesta de la afición es una declaración de pertenencia al club, pero también a Lleida, porque el fútbol azul forma parte de nuestro imaginario colectivo y de la historia reciente de la ciudad. Después de un verano duro, marcado por la desaparición de un proyecto arrastrado por las deudas, la afición ha decidido que esta historia no se acababa aquí. Y la ha vuelto a poner en marcha.

La historia viene de lejos. El 1 de enero de 1919 se inauguraba el Camp d’Esports, impulsado por Joventut Republicana de Lleida y proyectado por Adolf Florensa. No era solo un campo de fútbol: disponía de velódromo, pistas de tenis y patinaje, frontón, gimnasio, piscina y campo de tiro. Los mismos socios de Joventut Republicana asumieron buena parte del esfuerzo económico necesario para hacerlo posible. Fundada en 1901 y convertida en un referente del republicanismo catalanista y de izquierdas de la ciudad, aquella entidad fue una de las organizaciones que en 1931 confluyeron en la fundación de Esquerra Republicana de Catalunya. Quienes hoy formamos parte de ERC Lleida nos sentimos herederos políticos de aquella gente, que entendió que una ciudad también se construye promoviendo la cultura, el asociacionismo y el deporte.

Por el Camp d’Esports han pasado muchos nombres y muchas generaciones: el Joventut FC, los Calaveres, el Lleida Balompié y, desde 1947, la Unió Esportiva Lleida. La continuidad no siempre ha sido jurídica ni societaria, pero sí profundamente sentimental. Es la del color azul y la grada; la de los domingos en que los padres llevaban a los hijos y la de los hijos que, años después, han llevado a los suyos. Es la de 1993 y aquella temporada en Primera División que todavía forma parte de la memoria colectiva. Y es también la de los descensos, los problemas económicos, la desaparición de la UE Lleida en 2011 y los años del Lleida Esportiu. La historia de nuestro fútbol no ha sido cómoda. Quizás por eso nos importa tanto.

Este verano parecía que habíamos vuelto a llegar al final. Lo que ha pasado después, sin embargo, dice mucho de Lleida. Un grupo de aficionados ha decidido empezar desde abajo, recuperar para el club el nombre de Lleida CF, el escudo, el palmarés y el himno y volver a dar forma a aquello que nunca había desaparecido del todo: el sentimiento azul. Hacerlo desde la Cuarta Catalana y situarse, a la vez, entre los clubs con más masa social del país es una demostración de estima, pero también de determinación.

Aquí hay, probablemente, la lección más importante y profunda. Durante demasiados años hemos asociado el éxito deportivo con los ascensos de categorías, fichar jugadores o levantar trofeos. Y habíamos olvidado que un club es, antes que nada, su gente. Cuando una comunidad decide que una historia merece continuar, incluso empezando de cero, hace algo más que salvar un equipo: preserva una parte de la memoria de la ciudad.

El Camp d’Esports, que ya ha visto pasar más de un siglo de fútbol, volverá a oír el himno. El mismo que empieza con las palabras «Un pas endavant» y que ahora da nombre a la campaña de socios del nuevo Lleida. Cuesta encontrar una expresión más adecuada. Avanzar no siempre significa llegar más arriba. A veces, consiste en tener el coraje de empezar más abajo y hacerlo mejor.

Estos días, además, el fútbol ilerdense vuelve a mirar su memoria con el Memorial Antoni Palau y el Trofeu Emili Vicente, dos nombres inseparables de la historia azul. En este hilo de personas que han construido la historia del Lleida hay también Dani Badia, periodista queridísimo y voz de nuestro deporte durante décadas, que continúa muy presente en el recuerdo de la afición.

Como republicana, me conmueve pensar en aquel campo levantado hace más de cien años por una entidad que quería transformar Lleida. Han cambiado los nombres de los equipos que han jugado allí, las categorías en las que han competido y las sociedades que los han gestionado, pero algunos hilos todavía resisten. Ahora nos corresponde cuidar este renacimiento. La Paeria debe estar a la altura de este apoyo social, acompañar el proyecto y garantizar que el Camp d’Esports continúe siendo la casa del fútbol ilerdense.

Más de tres mil personas ya han dado su paso adelante. El Lleida vuelve a empezar. Y esta vez, quizás, lo más importante no es saber hasta dónde llegará, sino recordar de dónde viene y comprobar que, después de todo, continúa siendo nuestro Lleida. Siempre.

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Jordina Freixanet
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