OPINIÓN | Murphy se mueve en tren por el Penedès

Artículo de opinión de Josep M. Puche, concejal de Bonastre

Josep M. Puche
30 de enero de 2026 a las 19:26h

Murphy sería la versión moderna de la fatalidad de los griegos —aquella fuerza inevitable que lo estropea todo cuando menos conviene— o, si se prefiere, una especie de baraka islámica, pero con mala leche y horarios imprevisibles.

Todo lo que puede pasar, acabará pasando, dice Murphy. Sobre todo si es malo. Y más si afecta a trenes, catenarias, taludes o autopistas. Ahora bien, Murphy siempre es la excepción, nunca la norma. Un accidente es mala suerte. Dos, una casualidad. Tres, una semana mala. Pero cuando la fatalidad se repite —y aquí deberíamos hacer memoria reciente en el Penedès— ya no hablamos de Murphy, hablamos de un sistema que funciona exactamente como ha sido diseñado. Mal.

De hecho, hoy en día, en el Penedès, Murphy es cuando el tren va puntual o tarda menos de 2 horas en ir a Barcelona por la AP7.

No nos confundamos. No es —o no es solo— un problema de gestión, que lo es. Ni tampoco de inversión, que siempre llega tarde y mal. El problema es más profundo y más incómodo: es un problema de diseño de país. De cómo se entiende el territorio. O, mejor dicho, de cómo no se entiende.

Porque el Penedès ni se ve ni se entiende. No es suficiente metrópolis para contar, ni suficiente rural para ser bonito. Se ve como un espacio vacío entre lugares importantes (un vacío habitado “solo” por medio millón de personas), una especie de pasillo funcional donde pasan cosas… autopistas, trenes de alta velocidad, gasoductos, líneas de muy alta tensión… Pero no pasan decisiones.

El Penedès es un territorio donde no se garantiza la movilidad cotidiana digna a quien vive en él.

Para que Murphy sea, de verdad, la excepción debemos repensar el país; además de cambiar de gestión e invertir lo que correspondiera, debemos empezar a pensar el Penedès como territorio, como unidad, como Veguería. Y romper las ya obsoletas divisiones administrativas actuales.

Ahora se nos dirá, con aire grave, que se cambiará la gestión y que llegará la financiación deseada, ojalá. Pero no se dice nada de cambiar la mirada.

 Si no se siente este cambio de mirada, la movilidad en el Penedès no serán tres Áreas de Cercanías, sino el décimo círculo del infierno de Dante.

Mientras tanto Murphy, paciente, continuará esperando al final del andén. Sabe que aquí, en el Penedès, más pronto que tarde, se le volverá a girar trabajo.