OPINIÓN | La Fiesta Mayor, aquello que nos hace ser pueblo

Artículo de opinión de Eduard Murgó i Ballespí, alcalde de Montoliu de Lleida

Eduard Murgó i Ballespí
Eduard Murgó i Ballespí
14 de mayo de 2026 a las 12:05h

Vivimos en un mundo que cambia muy deprisa. A menudo tenemos la sensación de que todo pasa lejos de nosotros, entre conflictos, pantallas y un ritmo que no deja espacio para detenernos. Pero hay lugares donde todavía podemos mirarnos a los ojos, compartir tiempo y sentir que formamos parte de algo colectivo. Los pueblos son eso.

Los conflictos globales que vivimos hoy demuestran la poca importancia que algunos dan a conceptos como la soberanía, la pertenencia o el sentimiento de comunidad. Pero en los pueblos sabemos perfectamente qué significa todo esto. Sabemos qué representa sentirse parte de un lugar, amarlo y defenderlo. Porque los pueblos no solo son espacios donde vivir; son espacios que construyen identidad, raíces y manera de ser.

Ser de pueblo es mucho más que vivir en un municipio pequeño. Es sentir orgullo de pertenencia, cuidar los espacios comunitarios, mantener las tradiciones y entender que la convivencia es una parte esencial de nuestra vida. Es saber que detrás de cada actividad, de cada acto y de cada fiesta hay personas que dedican tiempo, esfuerzo e ilusión para que todo funcione.

Las fiestas mayores son, probablemente, la expresión más clara de este espíritu colectivo. Durante unos días, el pueblo sale a la calle, se reencuentra y comparte momentos que acaban convirtiéndose en recuerdos. Las fiestas crean identidad, refuerzan los vínculos entre vecinos y vecinas y generan aquella convivencia que da sentido a los pueblos.

En Montoliu queremos que estas celebraciones sean cada vez más participativas y abiertas a todo el mundo. Por eso escuchamos a la gente, recogemos opiniones e impulsamos iniciativas que ayuden a hacer crecer la implicación de vecinos, entidades y collas. La fiesta no la hace solo un ayuntamiento; la hace todo un pueblo cuando decide implicarse y sentirla suya.

Hay que reconocer especialmente el trabajo de los jefes de colla, de las entidades, del voluntariado y del personal municipal, que hacen posible cada acto con dedicación y compromiso. Sin esta red humana, las fiestas no serían lo que son. Su trabajo es un ejemplo de la fuerza que tenemos los pueblos cuando trabajamos en un objetivo común.

Ahora llega el momento de colgar la senyera en el balcón, llenar las calles de vida y volver a compartir espacios, sentimientos y momentos para el recuerdo. Porque celebrar también es reivindicar quiénes somos. Es recordar que, a pesar de todo lo que pasa en el mundo, los pueblos continuamos manteniendo viva una manera de convivir basada en la proximidad, el respeto y la convivencia.

Disfrutemos de la Fiesta Mayor. Compartámosla. Y celebremos, una vez más, el orgullo de ser pueblo.