Lleida es una ciudad feminista. Y esto no puede ser solo una declaración de intenciones, sino también una responsabilidad política y ética. Significa posicionarnos, también cuando el debate es complejo, también cuando incomoda. La nueva ordenanza de convivencia y civismo ha abierto un debate intenso sobre la regulación de vestimentas que ocultan el rostro en el espacio público. Pero no estamos ante un problema de seguridad, ni de convivencia, ni de orden público. No hay ningún dato que sostenga este relato de la derecha. Lo que tenemos delante es, sobre todo, un debate sobre los derechos de las mujeres.
Como gobierno feminista, no podemos mirar hacia otro lado. Piezas como el burka o el nicab son una expresión de violencia machista, una forma de control sobre el cuerpo y la vida de las mujeres. Y esto nos interpela directamente. Pero también debemos ser claras: no combatiremos esta violencia generando más aislamiento, más estigmatización o más presión sobre las mismas mujeres que la sufren. El feminismo que defendemos no señala sino que acompaña. No excluye, sino que transforma. No impone, sino que genera oportunidades reales de libertad.
En este sentido, defendemos una ciudad que respeta la diversidad cultural y religiosa, pero que no renuncia nunca a los derechos fundamentales. Y sabemos que los cambios profundos no se construyen desde la prohibición, sino desde la confianza, la proximidad y el trabajo compartido con las propias mujeres y sus comunidades. Por eso, esta ordenanza incorpora la mediación como herramienta preventiva y educativa, y se despliega con un plan de acciones socioeducativas que es la pieza clave. Un plan que pone en el centro la autonomía, la participación y los vínculos; que trabaja para que ninguna mujer quede aislada y para que todas tengan acceso a recursos y herramientas como el aprendizaje de la lengua o la participación en la vida comunitaria. Es un planteamiento que se puede seguir de manera voluntaria y en ningún caso obligatoria que tiene como objetivo reforzar la capacidad de decisión autónoma de la misma mujer.
La nueva ordenanza preserva los derechos de las mujeres y de todos los colectivos. Así, se refuerza la lucha contra el machismo, el racismo, la LGTBI-fobia y la aporofobia, y se abordan situaciones de explotación y vulnerabilidad con una perspectiva social. En este sentido, se penaliza la demanda de servicios sexuales en el espacio público, con una posición firme abolicionista contra la explotación.
No queremos una Lleida que dé la espalda a estas mujeres. Queremos una Lleida que se acerque a ellas, que las escuche y que camine a su lado. Que sea capaz de tener un debate constructivo, al lado de las mujeres afectadas y de las comunidades implicadas, para generar las condiciones de una autonomía real. Porque la libertad no se decreta: se construye. Y solo será real si es para todas. Este es nuestro compromiso. Claro, valiente y feminista.
