Josep Maria de Sagarra escribía: “Viñedos verdes de mi corazón, dentro de la cepa se duerme la tarde, uva negra, pámpano de oro”. Pocas palabras describen mejor lo que representa la viña, el paisaje que dibuja, la actividad económica que genera y uno de los productos que mejor proyectan Cataluña al mundo.
Pero hoy esta admiración convive con la preocupación. La vendimia ya ha comenzado. La más temprana de la historia. Atrás han quedado aquellas vendimias que comenzaban por San Félix. El cambio climático no es el único reto. Los excedentes, la caída del consumo y la incertidumbre exigen respuestas inmediatas e imaginación.
Hace tiempo que cada vendimia se convierte en una nueva urgencia. Y esto demuestra que no solo afrontamos problemas coyunturales, sino también estructurales. Falta estrategia de país. Reaccionar no es ninguna política vitivinícola. Ahora esto ya no vale.
Conseller, después de escuchar al sector, en el Parlament hemos dado el primer paso. ¿Vamos a trabajar? La pasividad ya no es una opción.
La prioridad es gestionar la crisis, y eso significa actuar ahora. La vendimia en verde o la destilación de crisis son herramientas necesarias para reducir excedentes. Pero no es suficiente. También hay que generar más demanda de uva, como incentivar el uso de mosto concentrado rectificado en el tiraje de los espumosos, priorizar la compra de uva y mosto catalanes, reforzando así el compromiso con los viticultores del país, y avanzar hacia un marco que dé estabilidad al precio de la uva.
Pero gestionar la crisis no es suficiente. También hay que redefinir el modelo. Adaptarnos a los nuevos hábitos de consumo, impulsar vinos y espumosos de menor graduación, defender los productos elaborados con uva catalana, reforzar la presencia de nuestros vinos en los restaurantes del país, impulsar su promoción internacional y abordar, sin miedo, el debate sobre la reconversión de la viña.
Y, finalmente, hay que garantizar el futuro. Menos burocracia y presión fiscal, más relevo generacional y herramientas para que las explotaciones sean viables. Sin jóvenes y sin una administración que acompañe, el sector vitivinícola tiene un futuro incierto.
Los políticos tenemos la responsabilidad de actuar. El sector vitivinícola hace demasiado tiempo que nos espera. Cataluña es tierra de vinos y, si queremos seguir siéndolo, ahora toca tomar decisiones valientes. Hace falta voluntad política, una estrategia de país y asumir la responsabilidad que tenemos. Yo, al menos, lo tengo claro.
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