Una treintena de agricultores del Camp de Tarragona han protagonizado este lunes por la mañana una tractorada desde Riudoms hasta el centro de Reus para denunciar la falta de agua que afecta gravemente al sector agrario, especialmente al de la avellana. Convocados por Unió de Pagesos (UP), los manifestantes han llevado avellaneros muertos hasta las puertas de las oficinas del Departamento de Agricultura en la capital del Baix Camp y han quemado algunos frente a la sede de Aigües de Reus como gesto de protesta.
El coordinador territorial de la UP en el Camp de Tarragona, Sergi Claramunt, ha advertido que todavía no se han publicado las resoluciones de las ayudas del año pasado para arrancar los árboles muertos por la sequía. “No sabemos si llegará la resolución y, por lo tanto, si los agricultores cobrarán”, ha alertado, añadiendo que el sector se siente “abandonado” por la administración. Según el sindicato, hay unas 1.800 hectáreas de avellanos muertos que habrá que retirar. “El futuro no es muy bueno”, ha lamentado Claramunt.
Los agricultores reclaman soluciones estructurales para garantizar el agua en el territorio y asegurar la continuidad del sector. En este sentido, insisten en que Reus debería coger agua del Consorci d’Aigües de Tarragona (CAT) y no del pantano de Riudecanyes, y defienden que el uso agrario debe ser prioritario por delante de la industria y el turismo.
Desde el Ayuntamiento de Reus, sin embargo, aseguran que la ciudad utiliza el agua que “le corresponde por los derechos que legalmente tiene establecidos” y remarcan que cuando se capta agua del pantano se hace “pactándolo con los agricultores” y en el momento “óptimo”.
Claramunt también ha cargado contra la Generalitat por el retraso de la planta de agua regenerada de la depuradora de Reus y de las balsas de almacenamiento necesarias para el riego. El sindicato denuncia que el proyecto no estaría terminado hasta alrededor de 2030, mientras que la Agencia Catalana del Agua (ACA) defiende que la previsión es completar las obras durante esta legislatura, con una posible finalización entre 2027 y 2028.
Incertidumbre por las ayudas por sequía
Uno de los agricultores afectados, Josep Zacaries, ha explicado que ha tenido que arrancar entre 2.500 y 3.000 avellanos, casi la mitad de su explotación. Ha advertido que hasta que no se publique la resolución de las ayudas no se puede garantizar que este dinero llegue, y que un cambio de gobierno podría ponerlas en riesgo. “La actividad agraria en esta zona está tocada de muerte”, ha sentenciado.
Fuentes del Departamento de Agricultura han asegurado que las ayudas por la sequía se están “tramitando dentro de los plazos habituales”, que los expedientes son “recientes” y que dependen del presupuesto de 2026. En total, hay 45 solicitudes, con la previsión de resolverlas durante febrero. Agricultura afirma que “entiende la preocupación” del sector, pero sostiene que las movilizaciones “no responden a un retraso real, sino a un calendario administrativo y presupuestario inevitable”.
En una atención a los medios desde Lleida, el conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, ha hecho un llamamiento a la “calma” y ha defendido que el proceso sigue el “tiempo” previsto y acordado en la mesa agraria. También se ha mostrado moderadamente optimista: “Esperamos que este año la situación sea mejor con las lluvias y este descenso de las temperaturas”.
Pendientes del Plan Nacional de la Avellana
Paralelamente, el sector continúa a la espera del Plan Nacional de la Avellana, anunciado por Ordeig en julio de 2025 y que debía presentarse en otoño para relanzar el sector e incrementar el valor de mercado del producto. Medio año después, el plan todavía no ha visto la luz. Claramunt se ha mostrado escéptico: “No esperamos gran cosa. Vamos haciendo promesas y cada vez que damos un paso adelante, damos tres hacia atrás”.
