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Una restauración encargada en Reus ha acabado revelando un descubrimiento patrimonial inesperado. El taller Avall Patrimoni Viu ha constatado que las cabezas de las conocidas ‘gigantillas’ de Segovia datan de 1697 y no de 1920, como se había considerado hasta ahora. La nueva datación abre la posibilidad de que sean algunos de los gigantes conservados más antiguos del Estado.
Las figuras han vuelto este viernes a las calles de Segovia tras un proceso de restauración que ha afectado a las siete piezas custodiadas por la comparsa local: el Alcalde y la Alcaldesa, una pareja de africanos, una de romanos y un inca.
Fue precisamente cuando las piezas llegaron a Reus que los restauradores detectaron que algo no encajaba. Los materiales y las estructuras internas no correspondían a los años veinte del siglo pasado.
“Descubrimos que las cabezas son de un cartón mucho más antiguo, está timbrado con un sello antiguo y hay otros factores como el envejecimiento del papel”, explica Aleix Álvarez, restaurador y responsable de Avall Patrimoni Viu.
Un contrato de 1697 confirma el origen
A partir de estos indicios se puso en marcha una investigación conjunta entre el taller reusense y la comparsa de Segovia.
La coordinadora de la entidad, Amada Peñalosa, localizó en el Archivo de Segovia el contrato original de construcción de las figuras, datado en 1697 y con una descripción detallada.
La documentación posterior sobre vestimentas, artículos de prensa del siglo XIX y fotografías también coincide con las características de las piezas conservadas actualmente.
Para los investigadores, el hecho de que no aparezca constancia documental alguna de la construcción posterior de unos gigantes nuevos refuerza la hipótesis de que las cabezas actuales sean las originales del siglo XVII.
Podrían ser los gigantes más antiguos conservados en España
Álvarez considera que las figuras de Segovia podrían situarse entre los gigantes más antiguos del Estado que se conservan físicamente.
El mismo taller de Reus ya había trabajado meses atrás en los gigantes viejos de l’Arboç, en el Baix Penedès, una investigación que situó sus bustos entre 1650 y 1670.
La diferencia es que los gigantes de l’Arboç fueron configurados como figuras festivas en el año 1827 a partir de esculturas más antiguas procedentes del retablo de la iglesia de Sant Julià. En el caso de Segovia, en cambio, la documentación apunta a que las piezas de 1697 ya fueron concebidas directamente como gigantes.
Una pareja de reyes convertida en africanos
La restauración también ha permitido reconstruir una transformación singular de las figuras. Bajo la pintura negra de la actual pareja de africanos, los restauradores encontraron una capa de color blanco. La documentación histórica ha permitido determinar que originalmente representaban una pareja de reyes.
El cambio se produjo durante la Segunda República. En el año 1932 ya consta que se les colocaron gorros frigios para ocultar las coronas y, en 1933, las figuras pasaron a representar personajes africanos.
La comparsa estaba concebida con parejas que representaban diferentes continentes y se considera que estos reyes habrían simbolizado Europa.
Estructuras de mimbre posiblemente vinculadas a Italia
Otro elemento singular son los cuerpos, construidos con mimbre y restaurados por la cestera Anna Sínia.
Este sistema permitía aligerar considerablemente el peso de los gigantes en procesiones largas y facilitaba sustituir las estructuras cuando se deterioraban sin tener que cambiar las cabezas.
Según Avall Patrimoni Viu, esta técnica era más habitual históricamente en Francia e Italia que en España. El tipo de materiales utilizados ha abierto incluso la hipótesis de que algunos pudieran haber llegado originariamente de Italia.
Una nueva etapa para las ‘gigantillas’
El descubrimiento cambia ahora la consideración patrimonial de las figuras. La comparsa reconoce que las ‘gigantillas’ habían quedado tradicionalmente en segundo plano ante el Alcalde y la Alcaldesa, los gigantes más populares de Segovia.
Peñalosa considera que la nueva datación obliga a replantear su conservación y difusión. “Tienen un valor incalculable”, asegura, al tiempo que defiende que se trata de un patrimonio que la ciudad deberá preservar y dar a conocer.
La intervención iniciada como una restauración ordinaria ha acabado así recuperando más de tres siglos de historia y situando el taller de Reus detrás de un descubrimiento que puede obligar a revisar la historia de la imaginería festiva gigantesca en España.