María Jesús Puerta, la ingeniera de Tarragona que aspira a ganar un reto de la NASA para Marte

La tarraconense participa en un nuevo concurso para diseñar el menú de 14 astronautas en una misión al planeta rojo

04 de marzo de 2026 a las 09:05h

La tarraconense María Jesús Puerta vuelve a mirar arriba. Después de ganar el verano pasado el reto Lunar Recycle de la NASA con una propuesta para dar una segunda vida a los residuos en la Luna, la ingeniera de minas (57 años) quiere presentarse a una nueva competición de la agencia norteamericana. El reto, ahora, es diferente, pero igual de ambicioso: el programa Mars to Table, que busca ideas para diseñar el menú y la nutrición de un equipo de 14 astronautas en una misión a Marte.

Puerta lo explica en una entrevista a la ACN con una idea clara: aunque no pueda aspirar al premio económico por no ser ciudadana de los Estados Unidos, el simple hecho de que el proyecto sea aceptado por la NASA ya le parecería una victoria. “Si el nuevo proyecto es admitido (…) ya habrá ganado”, defiende.

 

Una investigación centrada en minerales y probióticos

La investigadora se encuentra en una fase inicial de recopilación de información y ensayo. Su enfoque pone el foco en dos aspectos que pueden ser críticos en misiones largas: los minerales de los alimentos y el comportamiento de los probióticos, que “parece que dan problemas” en entornos espaciales. Para trabajarlo, está entrenando un modelo de inteligencia artificial, con el objetivo de afinar propuestas viables para condiciones extremas.

En este punto, Puerta reivindica que la IA va mucho más allá del uso superficial. “Si pensamos en IA como el ChatGPT y en copiar y pegar estamos perdidos”, avisa. E insiste en que no es una amenaza, sino un aliado: “no es una amenaza, sino un socio”. Según explica, su éxito anterior fue posible porque el modelo “aprende de sí mismo” y, en cada nueva iteración, el resultado mejoraba.

 

“Hacer un poco de ruido” sin premio económico

Puerta compagina la investigación con su trabajo como freelance y se volverá a presentar ella sola, con un objetivo que también es simbólico: “intentar hacer un poco de ruido”. En el concurso anterior, el ganador podía optar a hasta 1 millón de dólares y a desarrollar la propuesta dentro de la NASA, pero con un límite clave: para acceder a la recompensa y a fases posteriores era necesario ser norteamericano. Cuando Puerta lo descubrió, decidió seguir igualmente para “enviar un mensaje a los hijos” y demostrar que vale la pena trabajar aunque no haya recompensa.

Esta determinación la empujó, después, a buscar visibilidad: asegura que cuando ganó la primera fase “parecía que no hubiera pasado nada” porque “nadie lo sabía”. A partir de aquí “movió la máquina” para que se conociera el proyecto y para que quedara claro que desde casa también se pueden hacer cosas. “A veces nos ponemos límites (…) como ahora porque ya soy mayor, pero yo todavía tengo ganas de hacer cosas”, dice.

 

La Luna como laboratorio y aplicaciones en la Tierra

Aunque la NASA cambió las reglas y esto impidió que ciudadanos no estadounidenses accedieran a etapas posteriores, Puerta explica que el camino le ha abierto puertas: han surgido empresas interesadas en aplicar ideas similares en la Tierra, especialmente en el ámbito de la economía circular. Defiende que el valor de estos retos es que el espacio puede actuar como un banco de pruebas: “La Luna puede ser nuestro mejor laboratorio. Si algo funciona allí (…) será más fácil que pueda funcionar en la Tierra”.

Su historia, de hecho, comenzó por casualidad: vio un anuncio de la NASA en un periódico y se lanzó. Hoy, después de aquel “antes y después” profesional, Puerta celebra que esta semana haya participado como ponente en el Talent Arena, el evento para profesionales y desarrolladores vinculado al MWC. “El año pasado estaba en la cola (…) para poder estar aquí en primera fila y ahora me toca hacer de ponente”, resume.

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Eric Mendo
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