Periodista y publicista de formación, artista por vocación y convicción, Marcel Aragonès se ha convertido en una de las voces emergentes de la abstracción gestual con proyección internacional. Desde Mont-roig del Camp hasta México, pasando por más de 35 países donde ya hay obra suya, Aragonès explora una pintura viva, intuitiva y energética, marcada por una búsqueda constante entre el caos y el orden. En esta entrevista, nos habla de su proceso, de la conexión con el público y de los nuevos formatos inmersivos que definirán su próxima etapa creativa.
Vienes del periodismo y la publicidad. ¿Cuál fue el clic que te hace dejar de mirar el arte desde fuera y empezar a vivirlo como artista a tiempo completo?
En realidad, hay muchos “clics”. El mundo del arte es una larga carrera de fondo, generalmente y, si todo va bien, vas avanzando y dando pasos poco a poco. Desde vender los primeros cuadros, pasando por el interés inicial de galerías de arte internacionales o empezar a hacer exposiciones individuales en muchos países y escenarios. Como en el deporte, tienes que creer en ti mismo, entrenar, caer y levantarte.
¿Cuál ha sido el momento de validación o reconocimiento que te ha hecho pensar: “mi camino artístico está avanzando en la dirección correcta”?
Ha habido muchos momentos de validación interna, pero hay uno que me marca constantemente, y es cuando veo cómo mi obra conecta con públicos muy variados en contextos internacionales y con culturas diferentes. Recuerdo la sensación de ver personas que se emocionan o sonríen ante un cuadro, y cada una lee una historia diferente. También ha sido importante ver cómo proyectos que años atrás imaginaba lejanos o imposibles, exponer internacionalmente, trabajar en México, o que haya obra mía en más de 35 países de todo el mundo hoy son realidad. Esta sensación de pensar que está pasando de verdad, es una validación muy poderosa. Pero, sobre todo, lo que realmente me confirma que voy en la dirección correcta es que mi proceso sigue vivo, continúo teniendo ganas de riesgo, de búsqueda, de ir más allá. Cuando el deseo de crear no se agota, es que vas por el buen camino.
La influencia de Joan Miró en muchas de las pinturas es clarísima. ¿Por qué él? ¿Qué te gusta de su obra?
Yo soy de Mont-roig del Camp, el pueblo donde está la famosa Masia y el estudio de Joan Miró, donde decidió que sería artista. Tuve la suerte de conocerlo en persona. Yo tenía 11 años y cuando le dije que quería ser artista me dijo que no dejara nunca de dibujar y pintar, que sería artista. De hecho, recuerdo que, de muy pequeño, una de sus obras me marcó mucho y me estimuló a pintar, “El oro del azur”. El color, el gesto, Miró es magia.
¿Qué te interesa ahora mismo en el ámbito conceptual que aún no se haya visto mucho en tu obra? ¿Nos puedes adelantar algún riesgo o giro que te gustaría asumir los próximos años?
Siempre he explorado la abstracción desde un punto de vista muy visceral, intuitivo y energético. Ahora trabajo con la intención de abrirme hacia la experiencia directa del espectador. No solo que la gente ‘mire’ las obras, sino que entre en ellas, que las atraviese. Estoy explorando formatos más inmersivos, instalaciones y colaboraciones interdisciplinarias, incluyendo movimiento, luz, música, poesía,... que permitan que la pintura respire fuera del lienzo. Actualmente, estoy trabajando en una exposición inmersiva donde el protagonista es el público.
Hablas a menudo de esta “danza entre caos y orden” en tu proceso. ¿Cuándo sabes que una obra está terminada?
Para mí, terminar una obra no es un momento racional, sino un punto de liberación. En mi proceso siempre conviven el caos y el orden, primero dejo que la pintura se mueva con total libertad, que aparezcan gestos, texturas y accidentes. Después comienza una fase más lúcida, casi meditativa, en la que escucho qué pide la pieza. Sé que una obra está terminada cuando ya no necesita nada de mí. Cuando el gesto final, por pequeño que sea, cierra una especie de equilibrio interno. No es perfección, es coherencia. Es una sensación muy física, casi intuitiva. El cuadro deja de luchar contra mí y se convierte en un organismo propio. Entonces sé que ya puedo alejarme de él.
Si alguien no ha visto nunca nada tuyo, ¿cuál sería la mejor puerta de entrada a tu universo? ¿Una serie concreta, una pieza, un soporte…?
Creo que la mejor puerta de entrada es acercarse a mis series donde el gesto y el color dialogan con más libertad, porque es allí donde se hace más evidente mi universo.
¿Tienes algún perfil de coleccionista o cliente que te haga especial ilusión: gente joven que compra su primera obra, parejas, espacios públicos…?
Por suerte, mi obra suele gustar a todo tipo de público, aunque seguro que también hay gente que no la soporta… Pero me hace una ilusión especial cuando gente joven, por ejemplo, hace un esfuerzo por tener una obra mía. Siempre lo agradezco de la mejor manera que puedo y me gusta tener detalles con este tipo de cliente.
El arte everywhere, ¿hasta dónde puede llegar?
Esto de Art everywhere es un invento muy mío, es un concepto que utilizo para decir que el arte puede estar en todas partes, sobre cualquier soporte, no hace falta que sea papel o el cuadro tradicional. El arte se puede aplicar sobre paredes, no olvidemos que nació en las cuevas hace miles de años, muebles, guitarras, coches…. Precisamente, en el mes de abril de 2026 estaré en México, donde voy a menudo, en un evento muy potente que se llama AutoArt World pintando un coche deportivo de lujo, una nueva experiencia que espero disfrutar muchísimo.