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La manera de cómo se distribuye la grasa abdominal puede aportar más información sobre la salud muscular que limitarse a medir su cantidad total. Esta es una de las conclusiones de un estudio liderado por investigadoras de la Universitat Rovira i Virgili (URV), que ha analizado la relación entre diferentes tipos de grasa abdominal y diversos indicadores vinculados a la sarcopenia.
La sarcopenia es un síndrome asociado al envejecimiento caracterizado por una pérdida progresiva de fuerza, masa muscular y capacidad física. Su desarrollo depende de diversos factores, como la edad, la actividad física, la alimentación o los cambios en la composición corporal.
La nueva investigación, publicada en la revista científica ‘Frontiers in Endocrinology’, se ha realizado con 72 personas de entre 60 y 74 años del entorno del Camp de Tarragona, 49 de las cuales eran mujeres.
No toda la grasa abdominal se comporta igual
El equipo del grupo de investigación en Nutrición Funcional, Oxidación y Enfermedades Cardiovasculares (NFOC-Salut) ha diferenciado entre dos grandes tipos de grasa abdominal: la visceral, que se acumula alrededor de los órganos, y la subcutánea, situada bajo la piel.
“La grasa abdominal no se distribuye de la misma manera en todas las personas ni tiene las mismas características según si se acumula bajo la piel o alrededor de los órganos”, explica la investigadora Anna Pedret.
Para analizar su distribución, las investigadoras han utilizado ecografías, mientras que el estado muscular de los participantes se ha estudiado a partir de tres indicadores: la masa muscular, la fuerza de prensión de la mano y la velocidad de la marcha.
Más grasa visceral, más masa pero menos fuerza
Los resultados muestran asociaciones diferentes entre la grasa abdominal y la salud muscular.
Tanto en hombres como en mujeres, una cantidad más elevada de grasa visceral se relacionó con más masa muscular, pero al mismo tiempo con una menor fuerza muscular.
En el caso de las mujeres, el estudio también detectó que una presencia más elevada de grasa abdominal subcutánea se asociaba con un peor rendimiento físico en las pruebas de velocidad de la marcha.
Los resultados no implican que un tipo concreto de grasa sea por sí solo la causa de una peor salud muscular, pero sí que apuntan a que su localización puede ser un factor a tener en cuenta cuando se evalúan los diferentes componentes de la sarcopenia.
La ecografía, una alternativa más accesible
Uno de los puntos destacados del trabajo es precisamente el uso de la ecografía para medir la distribución de la grasa. En la práctica clínica habitual, indicadores como el perímetro de cintura o el índice de masa corporal (IMC) permiten estimar el exceso de grasa, pero no indican si esta se acumula principalmente bajo la piel o alrededor de los órganos.
“Las medidas habituales como la circunferencia de cintura o el índice de masa corporal no nos permiten saber cómo se distribuye la grasa dentro del organismo”, explica Claudia Jiménez-ten Hoevel, primera autora del artículo.
La resonancia magnética y la tomografía computada pueden aportar esta información con una gran precisión, pero son técnicas más costosas y menos accesibles. En cambio, la ecografía es no invasiva, más económica y más fácil de incorporar en otros entornos asistenciales.
Según Jiménez-ten Hoevel, esta técnica puede complementar las medidas habituales y ayudar a obtener “información mucho más precisa” sobre dónde se acumula la grasa abdominal.
El estudio ha sido desarrollado por investigadoras de la URV y del Instituto de Investigación Biomédica Cataluña Sur, con la participación del Hospital Universitario Sant Joan de Reus y la Universidad de La Rioja.