Una investigación basada en el análisis de datos genéticos de cientos de miles de personas ha identificado conexiones genéticas ocultas entre el trastorno del espectro autista (TEA) y diversas enfermedades cardiometabólicas, como la obesidad, la diabetes tipo 2 o el colesterol. Estos hallazgos han sido publicados en la prestigiosa revista científica 'Molecular Psychiatry', y ayudan a explicar por qué las personas con autismo presentan un riesgo más elevado de sufrir problemas de salud física a lo largo de su vida. El estudio ha sido impulsado por personal investigador del Hospital Universitario Institut Pere Mata (HUIPM) y del Instituto de Investigación Biomédica Cataluña Sur (IRB CatSud, antes IISPV), con la colaboración de la Universidad de Oslo y con participación de la Universidad Rovira i Virgili (URV).
Los resultados muestran que algunos de los mismos factores genéticos que influyen en el autismo también están implicados en trastornos metabólicos, como el aumento de peso o la diabetes, y lo hacen en la misma dirección. Esto sugiere que existen mecanismos biológicos compartidos que conectan la salud mental y la salud física. En cambio, cuando se analizan factores relacionados con la salud cardiovascular, como la presión arterial, la relación es más compleja. En estos casos, los mismos factores genéticos pueden tener efectos opuestos, lo que sugiere que los mecanismos implicados son diferentes y aún no se conocen lo suficiente.
Los investigadores también han identificado más de un centenar de regiones del genoma implicadas en estas conexiones, lo que abre nuevas vías para entender mejor cómo interactúan el cerebro y el cuerpo. “Cada vez es más evidente que la salud mental y la salud física no se pueden entender por separado y este tipo de estudios nos acercan a una medicina más personalizada, que tenga en cuenta todo el conjunto de factores que influyen en la salud de las personas”, señala Gerard Muntané, primer autor del artículo.
Los expertos destacan que estos resultados podrían ayudar, en el futuro, a detectar antes los riesgos de salud física en personas con autismo y a diseñar estrategias de prevención más eficaces.