La relación entre la alimentación y la salud mental es cada vez más evidente, pero aún no están suficientemente definidos qué mecanismos biológicos pueden dar respuesta. Un nuevo estudio apunta ahora a la microbiota intestinal como una pieza clave en este vínculo.
La investigación, impulsada por la Universidad Rovira i Virgili (URV), ha analizado si diversos patrones alimentarios se asocian con perfiles concretos de microorganismos intestinales y si estos perfiles se relacionan, a su vez, con los síntomas depresivos.
La revista MedComm ha recogido los resultados del estudio, en el que también ha participado el Instituto de Investigación Biomédica CATSUD y el área de Fisiopatología de la Obesidad del CIBER (CIBEROBN).
El estudio analizó 644 adultos mayores del ensayo PREDIMED-Plus, con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico. El equipo investigador evaluó los hábitos alimentarios, la composición de la microbiota intestinal a partir de muestras fecales y la evolución de los síntomas depresivos al cabo de un año de seguimiento, con el objetivo de explorar si el intestino puede actuar como un puente biológico entre la dieta y la salud mental.
“Sabíamos que una alimentación de mayor calidad se asocia con una mejor salud mental, pero faltaban pistas sobre los mecanismos. Nuestros resultados apuntan a que la microbiota intestinal podría ser una parte de esta explicación”, señala Jordi Salas-Salvadó, catedrático de Nutrición Humana en la URV y coordinador del estudio.
El trabajo comparó varios patrones dietéticos que reflejan maneras habituales de comer. Se analizaron cuatro patrones de mayor calidad, como la dieta mediterránea en su versión estándar y en una versión con enfoque de restricción energética, el patrón DASH, basado en alimentos frescos y poco procesados y orientado a mejorar la presión arterial, y una dieta basada en plantas de perfil saludable, con más presencia de fruta, verdura, legumbres y cereales integrales.
Paralelamente, se estudiaron dos patrones de perfil menos saludable: una dieta basada en plantas de baja calidad nutricional, con un consumo elevado de alimentos vegetales pero dominada por opciones como harinas refinadas, bebidas azucaradas o snacks, y una dieta de tipo Western, descrita como más proinflamatoria y caracterizada por un consumo más alto de ultraprocesados, carnes procesadas, dulces, bebidas azucaradas y grasas de baja calidad, así como por una menor presencia de alimentos frescos y ricos en fibra.
Los resultados mostraron que las personas que seguían con más fidelidad los patrones alimentarios de mayor calidad tendían a presentar menos síntomas depresivos a lo largo del año. En cambio, una mayor proximidad a los patrones de perfil menos saludable se asoció con una evolución menos favorable, con más síntomas depresivos.
El estudio también observó que la dieta deja huella en el intestino. Los patrones más saludables, especialmente los mediterráneos, se relacionaron con una microbiota más rica y diversa, mientras que los patrones menos saludables mostraron asociaciones con una diversidad menor. Este dato es relevante porque la diversidad microbiana a menudo se considera un indicador de resiliencia y buen funcionamiento del ecosistema intestinal.
De izquierda a derecha, Jesús F. García Gavilán, Jesús F. García Gavilán, Adrián Hernández Cacho y Jordi Salas-Salvadó.
UNA PIEZA CLAVE PARA ENTENDER LA RELACIÓN DIETA/DEPRESIÓN
El resultado más innovador llegó al analizar si la microbiota podía estar implicada en el vínculo entre dieta y depresión. Los investigadores encontraron indicios de que la microbiota intestinal explicaría una parte del efecto observado entre la dieta mediterránea y los síntomas depresivos, aproximadamente un 17% en la versión mediterránea con restricción energética y alrededor de un 31% en la versión estándar. Es decir, una parte del beneficio asociado a una alimentación mediterránea podría estar relacionada con la manera en que esta dieta favorece un perfil microbiano más saludable.
“Este estudio aporta evidencias de que el perfil de microorganismos del intestino puede actuar como mediador en la relación entre la dieta mediterránea y los síntomas depresivos. Es un paso importante para entender por qué algunos patrones dietéticos parecen más protectores que otros, aunque todavía se necesita más investigación para confirmar la causalidad”, subraya Adrián Hernández-Cacho, autor principal del trabajo.
En conjunto, los resultados refuerzan el interés del eje intestino-cerebro y aportan una explicación plausible de por qué mejorar la calidad de la dieta podría beneficiar también la salud mental. Los autores destacan, además, que este es uno de los primeros estudios a escala internacional que aportan evidencias de un posible papel mediador de la microbiota intestinal en la relación entre patrones dietéticos y síntomas depresivos, añadiendo una pieza clave a un campo de investigación en rápida expansión.
Aun así, los resultados todavía no permiten establecer una relación de causa-efecto y habrá que confirmar estos hallazgos en otras poblaciones y con diseños que permitan determinar con más precisión el papel causal de la microbiota.
Este trabajo multicéntrico ha sido liderado por Adrián Hernández-Cacho y dirigido por el investigador Jordi Salas-Salvadó y Jesús García-Gavilán, todos ellos integrantes de la Unidad de Nutrición Humana del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universidad Rovira i Virgili, en colaboración con otros investigadores del consorcio PREDIMED-Plus. Los investigadores también pertenecen al Centro de Investigación Biomédica en Red en Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN) y al Instituto de Investigación Biomédica CatSud (IRBCATSUD).
