Hablamos con la tercera teniente de alcalde de Lleida y concejala de Seguridad, Movilidad y Civismo, Cristina Morón, para analizar los principales retos de convivencia y seguridad en la ciudad y las políticas que se están impulsando en ámbitos como la Guardia Urbana, la movilidad y el espacio público.
¿Cuál es hoy el principal reto de convivencia y seguridad en Lleida?
En este momento trabajamos para garantizar la seguridad de la ciudadanía a través de dos líneas. Por un lado, dotando de recursos y profesionalizando la Guardia Urbana, y exigiendo el cumplimiento de las ordenanzas. Por otro, mejorando la convivencia con la revisión de las ordenanzas de civismo, movilidad y paisaje, para ordenar el espacio público y dejar claro qué se puede hacer y qué no. El otro gran reto es mejorar la percepción de seguridad, con más presencia policial, eficacia y un espacio público ordenado.
Los datos indican que los delitos han bajado un 11,6% este primer trimestre. ¿Qué hay detrás de esta mejora?
Los delitos bajan un 13% y son datos positivos. Detrás hay organización, planificación, contundencia y eficacia y eficiencia policial.
La creación de nuevas unidades en la Guardia Urbana, tener más presencia en la calle y la complicidad entre los diferentes cuerpos policiales —Mossos d’Esquadra, Guardia Urbana y Policía Nacional— hace que trabajen conjuntamente, colaborando en controles planificados y en prevención, y esto contribuye a la bajada de los delitos. Detrás hay mucho trabajo y esfuerzo, con una gran implicación de los cuerpos policiales y también del gobierno municipal, que tiene la seguridad como prioridad máxima. Es una de las principales preocupaciones de la ciudadanía y también de este ayuntamiento. Se destinan recursos económicos y humanos, esfuerzos y atención para garantizar la seguridad y que la gente se sienta segura en Lleida.
A pesar de estos datos, mucha gente comenta que no nota más seguridad en la calle. ¿Cómo se explica esta diferencia entre percepción y estadística?
La percepción es muy subjetiva y difícil de cuantificar. Lo que para una persona puede ser un espacio inseguro, para otra no lo es. Hay calles que para algunos pueden ser poco transitadas y para otros se pueden recorrer con tranquilidad.
Vivimos en un contexto en el que las redes sociales y la comunicación amplifican los hechos delictivos. A menudo, cuando hay un incidente, alguien lo graba y la imagen se difunde a miles de personas, con múltiples reproducciones. Esto incrementa la sensación de inseguridad, porque el hecho se reproduce durante mucho tiempo y, en algunos casos, se difunde de manera negativa.
Esto perjudica a la ciudad en general: la imagen, las inversiones, la convivencia y puede favorecer también mensajes de odio.
No podemos permitir que alguien salga a la calle con miedo ni que se proyecte una imagen negativa de la ciudad. Los datos lo desmienten: número de delitos y actuaciones policiales, que se pueden contrastar. La sensación no. Por lo tanto, no podemos permitir que la sensación o la emoción gane a la realidad, que es que Lleida es una ciudad tranquila. Evidentemente hay delincuencia y pasan cosas, pero no se pueden magnificar hechos puntuales y construir una imagen de ciudad insegura.
¿Qué peso debe tener la policía respecto a la prevención social en el modelo de seguridad de la ciudad?
Sí que es verdad que la policía tiene una parte de actuación reactiva ante el delito: sancionan, detienen y actúan cuando hay incidentes.
Pero también hay un trabajo preventivo, sobre todo para la Guardia Urbana, pero también para los Mossos d’Esquadra, que es muy importante. Se hacen tareas de mediación antes de sancionar, atención a la ciudadanía y trabajo con las entidades de la ciudad para mediar, conocer la realidad y atender demandas. También se hace mucha formación con jóvenes e infancia en educación vial. Por lo tanto, la policía no es solo reactiva, sino que hace un trabajo preventivo a menudo desconocido, pero que existe.
Son agentes que trabajan por el bienestar de la ciudad, y la prevención lo mejora y también facilita su trabajo: a más prevención, menos actuación y menos riesgo para ellos mismos. Por eso la prevención es un elemento fundamental dentro de la Guardia Urbana, que se ejerce con mucha implicación de los agentes, vocación de servicio y profesionalidad del cuerpo.
El compromiso es llegar a los 250 agentes de Guardia Urbana. ¿Es suficiente para las necesidades actuales de Lleida?
Es cierto que la ciudad va creciendo y nos tenemos que plantear nuevos retos de cara al futuro y al próximo mandato, si tenemos la confianza de la ciudadanía y continuamos gobernando. Tenemos que crecer porque la ciudad crece. Los problemas en una gran ciudad también crecen, esto no lo tenemos que negar, y evidentemente necesitaremos más efectivos. Por lo tanto, habrá retos de futuro que se irán ampliando en función del incremento de la población de la ciudad.
Se está incorporando inteligencia artificial a las cámaras de tráfico y seguridad. ¿Qué cambia esto en el día a día de la ciudad?
La inteligencia artificial es una herramienta más. Vemos el uso que hacemos en otros ámbitos, pero en seguridad es importante. Lo que nos ayudará es, primero, en las funciones que tiene la Guardia Urbana en el desarrollo de sus tareas a la hora de la prevención, la investigación y la actuación ante los delitos. En este caso, lo que estamos implementando ahora es la inteligencia artificial aplicada a las cámaras de videovigilancia de seguridad que tenemos en la ciudad para extraer datos, tanto para la prevención como para la actuación.
Por ejemplo, esta inteligencia artificial nos permitirá detectar aglomeraciones de personas en ciertos momentos. Las cámaras detectarán que hay un aumento de personas en un punto de la ciudad y esto activará una alarma de aviso para que se desplacen presencialmente a ver qué está pasando o se pueda visualizar desde las cámaras.
La inteligencia artificial se aplicará a 70 cámaras que ya tenemos instaladas en la ciudad, pero será ampliable hasta 120. Por lo tanto, nos dará una cobertura muy amplia para extraer datos, información y el máximo rendimiento de las imágenes que ahora simplemente se visualizan y no se registran.
La nueva ordenanza de civismo actualiza una normativa de hace casi 20 años. ¿Qué cambia realmente respecto a la anterior?
En veinte años, Lleida ha crecido y ha cambiado la forma de relacionarnos. Han aparecido nuevas acciones, actitudes y costumbres, y también nuevas culturas que se deben adaptar o regular a las normas actuales. Por lo tanto, es necesaria una revisión de la ordenanza.
Esta ordenanza se enmarca en el espacio público. Uno de los objetivos del gobierno es ordenarlo, porque es el lugar donde nos relacionamos, vivimos, tenemos contacto con otras personas y pasamos gran parte de nuestra vida. Por eso es necesario orden. Es necesario un espacio ordenado, bonito, donde nos sintamos cómodos y seguros, y donde se refuerce el sentimiento de pertenencia y de estima a la ciudad.
¿Se habla de un endurecimiento de sanciones y más regulación del espacio público. ¿El objetivo es más orden o también hay un problema creciente de incivismo?
Existe porque pienso que va relacionado con una pérdida de valores, valores básicos como el respeto al otro, al vecindario y al espacio público. Hay actuaciones incívicas que hay que reconducir, y por eso la ordenanza es importante, porque hay que recordar a la ciudadanía qué se puede hacer y qué no se puede hacer en el espacio público. Es el espacio de todos y hay que tener respeto por la ciudad y por los vecinos y vecinas.
Hay un endurecimiento de las sanciones porque hay que ser contundente. Acciones como tirar un papel a la calle o fuera de los contenedores no pueden ser banales ni tomarse a la ligera. La administración hace un esfuerzo importante para mantener la ciudad limpia y eso cuesta mucho dinero. Este tipo de actuaciones generan malestar, quejas, mala imagen y suciedad, y no pueden quedar impunes, sino que deben tener una sanción económica. Se han incrementado importes y revisado algunas sanciones, pero la ordenanza también da paso a la pedagogía, la información y la sensibilización. Acompañándola, tenemos el pacto del civismo, que hace campañas más pedagógicas.
Deben convivir las dos vías: la sanción debe ser contundente, pero también hay que informar, explicar y sensibilizar para educar a la ciudadanía y evitar estas conductas.
¿En cuestiones como el velo integral, cómo se garantiza que la normativa no se perciba como restrictiva o estigmatizadora?
No hablamos del burka en concreto. El artículo 12 lo que dice es que estará prohibido estar en el espacio público, en la calle y en los edificios públicos, con el rostro completamente tapado. Podemos hablar de burka, de una máscara o de un casco.
Este artículo regula precisamente eso: la relación entre las personas. Llevar el rostro completamente tapado en la calle da sensación de inseguridad y no permite relacionarse con normalidad y tranquilidad con el resto de ciudadanos.
Si hablamos del burka, no es una medida en contra de ninguna cultura ni religión. De hecho, el artículo especifica que si se lleva el rostro tapado por un motivo religioso, no se prohíbe. En el caso del burka, en este caso en mujeres, pienso que es un elemento que va en contra de los derechos de las mujeres. Ninguna mujer debería llevar una vestimenta que no le permita hacer su vida diaria con normalidad. Llevar una pieza que tapa completamente el cuerpo limita los sentidos, el tacto, la visión y la expresividad, y hace que la mujer no sea totalmente libre para caminar, ejercer y relacionarse. Es una barrera para su inclusión y para tener las mismas oportunidades. Por eso se incluye en este artículo la prohibición de llevar la cara tapada en este sentido. Pero la ordenanza no es exclusiva para el burka, sino que prohíbe llevar el rostro tapado en la ciudad.
¿Se están intensificando los controles a patinetes y bicicletas? ¿Falta más educación o más sanción para ordenar esta movilidad?
En este momento se han hecho 135 controles de patinetes y se han trasladado al depósito unos 95 patinetes. De hecho, ya empieza a haber acumulación de patinetes que no se recogen y se deberían empezar a dar de baja porque casi no caben. Se deben seguir haciendo estas sanciones. Además, se ha modificado la ordenanza de movilidad, que incluye la obligatoriedad de tener la seguridad del vehículo y de utilizar el casco. Por lo tanto, hay que hacer inspecciones y sanciones, pero también una campaña de información, porque a menudo estos vehículos los utilizan personas sin formación en educación vial y no conocen las normas. De hecho, en septiembre se prepara una campaña de comunicación que explicará las normas de circulación con patinetes y ofrecerá formación a colectivos que los utilizan mucho, como repartidores o personas que trabajan en los polígonos. Se trabaja conjuntamente sanción y formación.
¿Qué resultados esperan obtener con la ampliación de la videovigilancia en l'Horta y cómo se medirá si realmente funciona?
Empezamos creando la unidad de l'Horta, que no existía, con patrullas las 24 horas del día vigilando los caminos. Es una extensión muy grande, pero son profesionales que conocen el territorio y tienen mucho vínculo con los vecinos y vecinas, con comunicación rápida a través de WhatsApp. Si algún vecino detecta algo extraño, se pone en contacto con la unidad para que vayan a vigilarlo o para dar la alerta.
Está funcionando muy bien. También se han hecho planes de choque con Mossos d’Esquadra con controles específicos, y eso ha ayudado a disuadir a los ladrones.
Además, se incorporan 37 nuevos puntos de videovigilancia con un presupuesto de unos 300.000 euros, que se empezarán a instalar pronto. Se ha hecho después de patrullar todos los caminos y detectar puntos de entrada y salida y posibles puntos de robo. Esto debe dar más seguridad a la Horta. Es una zona muy extensa y con casas separadas, pero cuántos más elementos pongamos —cámaras, tecnología y presencia policial— menos delitos habrá y mejor capacidad de detección e investigación.
El bus urbano crece en usuarios y tiene buena valoración, pero continúan las quejas de frecuencias. ¿Qué falta para hacerlo realmente competitivo?
Como sabéis, tenemos un contrato de autobuses de hace muchos años. El contrato tiene un presupuesto del cual no nos podemos salir, pero hacemos un esfuerzo importante para ir adaptando e introduciendo medidas para mejorar el servicio y dar respuesta a las peticiones de la ciudadanía y de las asociaciones de vecinos.
Ayer, por ejemplo, estuvimos en Balàfia, donde explicamos una mejora de la línea L8 para dar más frecuencia y reducir el tiempo de espera, tal como había pedido la asociación de vecinos. A través de la prórroga del contrato aprobada en diciembre y una partida específica de 200.000 euros del presupuesto 2026, podemos hacer estas mejoras.
Haremos mejoras en la L8 y también en la L7, y en la L5 haremos un cambio de recorrido para que llegue a la estación de autobuses. También incorporaremos pequeñas mejoras como marquesinas, alguna plataforma más en Balàfia y el servicio de autobús nocturno.
Esto da respuesta a una demanda ciudadana, teniendo en cuenta que Lleida ya es una ciudad grande y necesita servicio también por la noche. En la L7 también se hará subir el autobús hasta el club deportivo, una petición del club y de las familias, porque antes acababa en un punto y había que caminar por una zona que se consideraba peligrosa.
Son ajustes pequeños para responder a necesidades concretas, pero con la mirada puesta en un nuevo servicio de autobuses. Estamos trabajando para mejorar la calidad del servicio, adaptar las líneas a la nueva ciudad, incorporar tecnología y accesibilidad, y reducir tiempos de trayecto y de espera.
El objetivo es que el servicio sea de calidad, dé respuesta a las necesidades y se convierta en el medio de transporte más utilizado por la ciudadanía.
El nuevo bus de noche quiere mejorar la movilidad y la seguridad por la noche. ¿Está funcionando como esperaban o todavía falta adaptarlo a los hábitos de la gente?
Está teniendo muy buena acogida. Creo que ya tenemos casi 3.000 usuarios desde que se puso en funcionamiento, teniendo en cuenta que solo funciona una noche a la semana. Solo está operativo los sábados por la noche y cuando hay eventos importantes como las fiestas de la ciudad o la Prega. Fue una petición de la ciudadanía y está funcionando muy bien.
No solo lo utilizan personas que salen de fiesta o van a algún acto cultural, sino también personas que trabajan de noche. Los horarios han cambiado en una ciudad grande con actividad nocturna y diurna, y también necesitan este servicio. Este sábado también se ha visto uso para ir a trabajar o volver a casa.
De momento es un plan piloto, pero ha venido para quedarse. Veremos cómo evoluciona para decidir si es necesario ampliar días, frecuencias o recorridos. Ahora hace un recorrido similar al de la línea 7, que es el más largo y que da cobertura a más barrios. Después de un tiempo, con datos reales de subida y bajada de usuarios, se valorará si son necesarias modificaciones. En cualquier caso, el nuevo contrato de autobuses ya contempla una línea nocturna.
Lleida ha sido pionera con el Lligacues. Si la experiencia es positiva, ¿se plantean extender esta iniciativa a más espacios y eventos de la ciudad?
La experiencia ha sido muy positiva. Tanto en las fiestas de mayo como en la Plega del Caragol, hubo muchos usuarios que se acercaron a los Puntos Lilas, donde se distribuían, para pedir el servicio de autobuses.
En estos puntos no solo se daba el Lligacues, sino que también se hacía una explicación y se ofrecía información sobre los canales de aviso o cómo actuar en caso de emergencia. Por lo tanto, a la vez que se distribuye este elemento tecnológico, se ha hecho también un trabajo de información. Se compraron 800 unidades para las fiestas de mayo, se agotaron todas y después se volvieron a comprar 800 más. Se plantea extender la distribución a otros eventos y actividades de la ciudad, y también a los Puntos Lilas de las fiestas de los barrios o de las partidas. Cada vez más, en las fiestas de barrio se pide tener el Punto Lila, y también se distribuyen. Se ha modificado el formato, que también tendremos en formato pulsera.
El Lligacues, además de ser un elemento de aviso, permite recoger información. Cada mes se envía un informe con los avisos y los puntos donde se han producido, para identificar las zonas más conflictivas y poder planificar medidas de seguridad.