Un tombatruites de cerámica, un tíó con barretina, caganers de todo tipo, botellas de ratafía y, sobre todo, gigantes y elementos de la farándula olotina llenan las estanterías de una pequeña tienda de Kameido, un barrio del este de Tokio poco frecuentado por los turistas.
El establecimiento se llama Gegants d’Olot y abrió sus puertas en septiembre de 2019, tal como avanza 3Cat. Detrás está Kazuomi Sugiura, un empresario japonés que hace más de dos décadas quedó fascinado por Cataluña y que, desde entonces, ha convertido su pasión por la cultura popular catalana en una forma de vida.
Una historia de amor con Cataluña que comenzó en Brighton
La relación de Sugiura con Cataluña comenzó hace 26 años, cuando se marchó a Brighton para hacer un curso de inglés. Allí coincidió con varios estudiantes de Olot y, a través de aquella amistad, comenzó a interesarse por Cataluña y España.
Tres años más tarde hizo un curso de tres meses en Salamanca y, en los viajes posteriores, visitó Barcelona y Olot. Su interés por los productos artesanos locales le llevó a asociarse con un amigo japonés dedicado al sector de la importación y a poner en marcha un primer negocio.
Finalmente, en septiembre de 2019 decidió abrir su propia tienda, dedicada exclusivamente a productos elaborados por talleres de artesanos que él mismo visita durante sus viajes a Cataluña.
Una buena parte de los productos proceden de la Garrotxa, aunque también hay piezas de otros puntos del país, como Breda, de donde provienen las cerámicas que comercializa.
Artesanos catalanes con presencia en Japón
Entre las primeras artesanas que comenzaron a colaborar con Sugiura se encuentra Noni Barea, diseñadora de moda olotina. Ella explica que Sugiura y su mujer, Sukie, entraron en su taller hace unos quince años buscando ropa infantil.
La casualidad quiso que Barea estuviera a punto de viajar a Japón para participar en una feria textil. Allí reforzaron la relación y sus diseños acabaron llegando al corazón de Tokio.
Barea también puso Sugiura en contacto con la escultora Esther Font, que tiene el taller al lado del suyo. De la obra de Font salen las figuras de belén que se pueden encontrar en la tienda, especialmente los caganers.
Olot reconoce su labor como embajador
La vinculación de Sugiura con Olot va más allá de su actividad comercial. En septiembre del año pasado viajó a la ciudad con su familia coincidiendo con las fiestas del Tura, una de las dos ocasiones del año en que los gigantes de Olot salen a la calle.
Durante aquella estancia participó en diversas actividades de la fiesta mayor, especialmente las relacionadas con la farándula olotina, como el pasacalles y el baile de gigantes, cabezudos y caballitos.
Con motivo de la visita, el Ayuntamiento de Olot le concedió una distinción como reconocimiento a su labor como embajador de la cultura popular de la ciudad.
Una tienda que no es rentable, pero que mantiene abierta
Sugiura admite que la tienda no es rentable, pero su fascinación por la cultura catalana le lleva a mantenerla abierta. A esto se suman las visitas que recibe cada mes, especialmente de olotenses y catalanes que viajan a Japón y que han convertido el establecimiento en una parada habitual.
En las paredes de la tienda también hay numerosas fotografías de actos de cultura popular catalana y olotina. Algunos visitantes incluso han encontrado su propia imagen.
Entre la clientela japonesa hay personas interesadas por el diseño y la decoración, pero también clientes que buscan productos relacionados con el modernismo de Gaudí o el FC Barcelona.
De la tienda catalana a un bar con cafés y gastronomía catalana
La pasión de Sugiura no se ha limitado a la tienda. En Tokio también puso en marcha un segundo negocio: el bar y cafetería Carruatge, abierto desde hace casi tres años.
El establecimiento se ha especializado en cafés y cortados, una combinación de café y leche que, según Sugiura, es prácticamente desconocida en Japón.
El local también ofrece tapas y platos inspirados en la gastronomía catalana. Siempre que puede, el cocinero Wataru trabaja con recetas o ingredientes catalanes, como en el plato de berenjena y ternera con judías de Santa Pau.
La decoración completa la experiencia: mapas, fotografías, portales y otros objetos catalanes buscan transportar a los clientes a un pequeño trozo de Cataluña en el corazón de Tokio.
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