El calentamiento del Mediterráneo está dificultando la recuperación de la merluza, un pez habitual en las lonjas y pescaderías de Cataluña y considerado clave dentro del ecosistema marino. Así lo concluye un estudio conjunto de la Universitat de Girona (UdG) y de l’Institut de les Ciències del Mar, que apunta directamente a la pérdida de alimento disponible para los ejemplares más jóvenes.
La investigación, publicada en la revista científica ‘Marine Environmental Research’, muestra que el aumento de la temperatura del mar afecta la productividad del plancton, que es la principal fuente de alimento de las merluzas en las primeras fases de vida. Esto hace que los ejemplares jóvenes tengan menos reservas energéticas y lleguen en peores condiciones a la edad adulta.
El problema es especialmente relevante porque la merluza tiene un papel central en la cadena trófica. Es una especie que transfiere energía del plancton hacia depredadores más grandes, como otros peces, calamares o mamíferos marinos. Por ello, su descenso puede tener efectos más amplios sobre el equilibrio del Mediterráneo.
Las merluzas jóvenes han perdido un 58% de grasa
Para analizar el estado de la especie, el equipo científico ha comparado datos de principios de los años 2000 con registros más recientes, del período 2017-2022. Los investigadores han estudiado los ácidos grasos del músculo, que permiten saber qué come el pez, y el índice hepatosomático, que mide las reservas de grasa y nutrientes acumuladas en el hígado.
Los resultados son claros: la grasa de las merluzas jóvenes se ha reducido un 58%. En cambio, los ejemplares adultos han mantenido unas reservas más estables porque viven en zonas diferentes y se alimentan de presas más grandes, que continúan siendo más accesibles.
Esta diferencia preocupa a los investigadores, ya que la supervivencia de los ejemplares jóvenes es esencial para garantizar el relevo de la población. La investigadora predoctoral de la UdG y autora principal del estudio, Mar Vila, advierte que si los jóvenes no encuentran suficiente alimento para crecer de manera saludable, “el relevo de la población está en peligro”.
Cambio climático y presión pesquera
El estudio también señala que el calentamiento global actúa conjuntamente con la presión pesquera, lo que complica aún más la recuperación de la merluza. Las capturas de esta especie en Cataluña han caído de manera destacada durante las últimas décadas, una tendencia que ya había generado inquietud en el sector.
El coautor del estudio por parte del ICM-CSIC, Josep Lloret, destaca que la investigación demuestra la importancia de utilizar indicadores bioquímicos y de salud para detectar de manera precoz el impacto del cambio climático. Según defiende, esta información puede ayudar a diseñar una gestión pesquera más flexible y adaptada a los retos actuales de la sobrepesca y el calentamiento del mar.
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