La UB impulsa un concurso de ideas para ampliar el campus de Zona Universitaria en medio del escepticismo vecinal

El proyecto prevé un nuevo edificio de 14.000 m² para matemáticas e informática, con una inversión en planificación que puede llegar a los 1,5 millones de euros

18 de febrero de 2026 a las 07:00h

La Universitat de Barcelona (UB) y el Hospital Clínico de Barcelona están en pleno desarrollo de diversos proyectos estratégicos en la Zona Universitaria, con inversiones millonarias y objetivos que combinan docencia, investigación y asistencia sanitaria. A pesar de los beneficios que las instituciones prometen, algunos vecinos alertan de los posibles impactos urbanísticos, patrimoniales y medioambientales de las nuevas instalaciones, que afectan a uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad.

La UB ha activado recientemente un concurso de ideas arquitectónicas para construir un nuevo edificio docente de 14.000 metros cuadrados que acogerá la Facultad de Matemáticas e Informática, el Instituto de Matemáticas de la UB (IMUB) y diversos grupos de investigación de la Facultad de Economía y Empresa. El objetivo es dotar a la universidad de nuevos espacios docentes y de investigación, en un momento en que la demanda de innovación y formación científica crece en la ciudad.

El presupuesto base del concurso es de 40.656 euros, destinados a premiar y compensar las propuestas arquitectónicas seleccionadas, mientras que el valor estimado global del contrato asociado a la redacción y planificación del proyecto puede llegar a 1,5 millones de euros. De esta cifra, 6.000 euros se destinan a tareas previas de derribo, 970.080 euros a los servicios de arquitectura y 271.746 euros a servicios de ingeniería, con una dotación adicional de 249.565 euros para cubrir modificaciones durante el desarrollo del proyecto.

El jurado del concurso contará con representantes de las facultades implicadas, el arquitecto de la UB, un arquitecto designado por el Incasòl, la arquitecta en jefe del Ayuntamiento de Barcelona, Maria Buhigas, y tres profesionales del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC). 

El futuro Clínic-UB: un proyecto metropolitano

Según el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, el campus “será puntero en salud e innovación” y situará Barcelona “entre los principales hubs biomédicos de Europa y del mundo”. Las obras del complejo comenzarán, en principio, en 2030 y la entrada en funcionamiento está prevista para 2035.

El campus incluirá el nuevo hospital del Clínic, la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, la nueva Facultad de Farmacia (valorada en 152 millones, con 17,5 millones subvencionados por la Generalitat) y otros equipamientos científicos y asistenciales.  El director general del Clínic, Josep Maria Campistol, ha subrayado que el actual edificio del centro en el Eixample no desaparecerá, sino que continuará funcionando como CAP con especialistas, cirugía mayor ambulatoria y zona diagnóstica. También se prevé habilitar un espacio sociosanitario para atender a la población del Eixample ante el envejecimiento demográfico.

Conexión con transporte y urbanismo metropolitano

El proyecto del campus va vinculado a la prolongación de la línea L3 del metro desde la Zona Universitaria hasta Esplugues, con dos nuevas estaciones —Sant Joan de Déu y Esplugues Centre— y un coste estimado de 500 millones. La construcción, que comenzará el segundo semestre de 2028, es considerada clave para garantizar la conectividad metropolitana y el acceso ferroviario al campus de salud.

También está previsto la elaboración de un Plan Director Urbanístico (PDU) y un plan funcional de espacios, que definirán las necesidades asistenciales, docentes y de investigación y asegurarán la coherencia global del proyecto. El futuro campus ocupará una superficie de 300.000 m² y combinará asistencia sanitaria, docencia, investigación, vivienda, espacios verdes y actividad económica vinculada a las ciencias de la vida.

Controversias y preocupaciones vecinales

A pesar de las ventajas y la magnitud del proyecto, la Asociación de Vecinos de Zona Universitaria ha expresado un rechazo frontal. Los residentes denuncian que el proyecto incrementará la densidad constructiva, reducirá espacios abiertos y verdes y podría tener un impacto irreversible sobre el Palau de Pedralbes, patrimonio histórico, arquitectónico y paisajístico de la ciudad.

Según Núria Trilla, vecina del barrio, “el problema no es solo un edificio más, sino un modelo de ciudad que nos pasa por encima”. Laura Expósito, también vecina, añade que “la UB debería ser ejemplar en la protección del territorio, no un actor que contribuya a su degradación”. En este sentido, los vecinos han presentado recursos judiciales y alegaciones contra la aprobación del planeamiento urbanístico y la reparcelación derivada del proyecto, reclamando la suspensión cautelar. También alertan de posibles afectaciones medioambientales, como la pérdida de espacios verdes, el aumento de la impermeabilización del suelo y el impacto sobre la biodiversidad urbana. “Cada metro cuadrado que se construye en esta zona es un metro menos de verde y de respiro para el barrio”, sostiene una residente, que prefiere mantenerse en el anonimato. Según ella, la construcción entra en contradicción con los discursos institucionales sobre sostenibilidad y emergencia climática.

Equilibrio entre intereses institucionales y sociales

Los responsables institucionales defienden la magnitud de los proyectos como “estratégicos” para la ciudad y el país. Illa ha subrayado la necesidad de “confianza en nosotros mismos” y de “colaboración y entendimiento” para ejecutar un proyecto que combina salud, investigación y educación. Según la Generalitat, el campus permitirá situar Barcelona “entre los hubs biomédicos más relevantes a escala global”.

Por su parte, el vecindario reclama más transparencia, participación y alternativas que minimicen el impacto sobre el entorno, insistiendo en que la discusión no es solo urbanística, sino también social, patrimonial y ambiental.

La UB y la Generalitat se encuentran, por tanto, ante un doble reto: llevar a cabo inversiones estratégicas y modernizar las infraestructuras, al tiempo que deben gestionar las tensiones con el vecindario y preservar un entorno histórico y sensible. El desenlace de este debate marcará la transformación de la Zona Universitaria durante la próxima década.

 

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Lourdes Tasies Cano
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