Las tradiciones de la Mercè: una fiesta que sobrevive al paso de los años

Gigantes, correfocs, sardanas y cultura popular se mantienen vivos mientras las nuevas generaciones deciden cómo vivir la fiesta

21 de septiembre de 2026 a las 08:30h
foto: Ceci Firmia

La Mercè ha cambiado mucho a lo largo de los años. Barcelona ha crecido, han aparecido nuevas formas de ocio y el programa de la fiesta mayor se ha ido ampliando con conciertos, espectáculos, actividades familiares y propuestas culturales muy diversas. Pero, a pesar de todos estos cambios, hay tradiciones que continúan ocupando un lugar importante en la celebración.

Los gigantes, los cabezudos, el bestiario, los correfocs, las sardanas, los desfiles o los castillos forman parte de una Mercè que se transmite de generación en generación. Son actividades que permiten entender la fiesta más allá de los grandes escenarios y que mantienen una conexión directa con la historia y la cultura popular de Barcelona.

Pero esta continuidad también plantea una pregunta: ¿las nuevas generaciones continúan siendo parte de estas tradiciones?

 

Una fiesta que ha sabido adaptarse

La capacidad de adaptación es una de las claves para que las tradiciones de la Mercè hayan llegado hasta hoy. Algunas actividades mantienen prácticamente el mismo espíritu, mientras que otras han incorporado nuevos formatos y maneras de participar en ellas.

Los desfiles continúan llevando gigantes y cabezudos por las calles; los correfocs mantienen el fuego como protagonista; las collas castelleras levantan sus construcciones humanas y las entidades de cultura popular continúan participando en los actos de la fiesta.

Al mismo tiempo, la Mercè ha incorporado nuevos lenguajes y propuestas para llegar a un público más amplio. Esta combinación entre tradición y modernidad ha permitido que la fiesta no quede limitada a una determinada generación.

Los gigantes: una tradición que pasa de padres a hijos

Los gigantes son probablemente una de las imágenes más reconocibles de la cultura popular catalana. En la Mercè, verlos desfilar por las calles es una tradición que muchos barceloneses han vivido desde pequeños. Para muchas familias, llevar a los niños a ver los gigantes es una manera de introducirlos en la cultura popular. Los niños los observan, los siguen durante los desfiles y, con los años, algunos acaban incorporándose a las propias collas. A pesar de ello, la falta de compromiso preocupa a este colectivo: “Faltan manos. No hay compromiso por parte de la juventud. Su presente es diferente a nuestro pasado”, explica un gigantesco que ha querido dirigirse a este medio de comunicación bajo el anonimato.

 

El fuego que continúa llenando las calles

Los correfocs son otra de las tradiciones que mantienen una gran capacidad de convocatoria. Cuando llegan las bestias de fuego y las chispas comienzan a llenar las calles, La Mercè adquiere una atmósfera completamente diferente. El fuego, sin embargo, no es solo espectáculo. Detrás hay collas y entidades que trabajan durante todo el año para mantener esta tradición. Muchas incorporan a personas jóvenes que aprenden las normas, participan en los ensayos y acaban formando parte activa de la fiesta. Esto convierte el correfoc en un ejemplo claro de cómo una tradición puede continuar viva cuando hay personas dispuestas a tomar el relevo.

 

Sardanas y castells: tradiciones que resisten

Las sardanas y los castells también forman parte del patrimonio festivo que se mantiene durante La Mercè. Son expresiones de cultura popular que, en algunos casos, pueden parecer alejadas de los gustos de una parte del público más joven, pero que continúan encontrando nuevos participantes. Las collas castelleras, especialmente, dependen de la incorporación constante de nuevas generaciones. Los niños y adolescentes pueden empezar participando en actividades de la collay, con el tiempo, asumir diferentes funciones dentro de los castells.

En el caso de las sardanas, sin embargo, su supervivencia pasa también por encontrar nuevas maneras de acercar el baile a un público que quizás no ha crecido con él. “En clase dicen que soy rara porque me gusta bailar sardanas. Mis compañeros, que tienen mi edad, 14 años, no saben”, asegura Laia Martí, una joven que se define como “enamorada de las sardanas”.

 

Los jóvenes: entre la tradición y las nuevas formas de celebrar

No todos los jóvenes viven La Mercè de la misma manera. Para algunos, la fiesta mayor continúa siendo una cita imprescindible con las tradiciones de Barcelona. Participan en pasacalles, siguen los correfocs, forman parte de collas o simplemente asisten a los actos de cultura popular con la familia y los amigos.

Pero también hay una parte de los jóvenes que se ha alejado de estas celebraciones. Sus formas de ocio han cambiado y, para algunos, La Mercè está más asociada a los conciertos, las actividades nocturnas o las propuestas culturales que a los actos tradicionales.

Esta diferencia no significa necesariamente que las tradiciones estén desapareciendo. Sí que plantea, sin embargo, un reto: ¿cómo conseguir que las nuevas generaciones las sientan como propias?

 

Una nueva generación que también puede dar continuidad

La supervivencia de una tradición no implica que esta deba mantenerse exactamente igual. A lo largo de los años, las fiestas populares han cambiado porque también lo ha hecho la sociedad.

Los jóvenes que hoy participan en una colla, en un pasacalle o en un correfoc serán los encargados de transmitir estas prácticas en el futuro. Y es posible que lo hagan incorporando nuevas formas de comunicación, nuevos formatos y nuevas maneras de relacionarse con el público.

Las redes sociales, por ejemplo, también pueden convertirse en una herramienta para dar visibilidad a actividades que antes quedaban restringidas a las calles y al público que asistía presencialmente.

 

La Mercè como punto de encuentro entre generaciones

Uno de los grandes valores de la Mercè es precisamente que permite reunir a personas de diferentes edades alrededor de una misma fiesta. Un abuelo puede haber vivido un pasacalle hace cincuenta años, un padre puede haberlo vivido de pequeño y ahora puede llevar a sus hijos. Esta cadena es la que permite que las tradiciones sobrevivan.

La Mercè actual es mucho más que la suma de sus tradiciones, pero estas continúan siendo una parte esencial de su identidad. Gigantes, bestias de fuego, castellers, sardanas y pasacalles conviven con conciertos y nuevas propuestas.

Para que una tradición continúe viva no basta con conservarla: es necesario que haya nuevas generaciones que quieran vivirla. Y la Mercè, año tras año, continúa siendo un espacio donde esta transmisión es posible.

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