Ha muerto Gilda Love, una de las grandes iconos transformistas de Barcelona y referente de la escena LGTBI. La muerte la ha anunciado en las redes sociales la Associació GAG LGTBIQA+ Sant Andreu de Palomar, que ha despedido a la artista y ha reivindicado su legado.
Gilda Love era el nombre artístico de Eduardo Enrique Gustavo Francisco, nacido en San Fernando, en Cádiz. Su trayectoria artística, sin embargo, quedó estrechamente vinculada a Barcelona, especialmente en el Raval, donde durante las décadas de los setenta y ochenta actuó en cabarets y locales que marcaron una época de la noche barcelonesa. Diversos medios la recuerdan como una de las drag queens más longevas del Estado, aunque hay discrepancias sobre la edad exacta con la que ha muerto.
Su nombre artístico era un homenaje a Rita Hayworth y al personaje que convirtió a la actriz en un icono mundial con la película Gilda. Aquella influencia acabó dando nombre a una carrera hecha de música, cabaret, resistencia y presencia escénica.
Una vida ligada al cabaret barcelonés
Antes de llegar a Barcelona, Gilda Love también había actuado en escenarios de París, como el conocido Madame Arthur. A finales de los años sesenta se estableció en la capital catalana, donde encontró en el Raval un espacio para desarrollar su personaje y consolidarse como artista.
Su carrera quedó vinculada a locales de la Barcelona más canalla y nocturna, entre los cuales se encontraba El Cangrejo, uno de los últimos refugios de aquel mundo de cabaret, transformismo y canción popular que marcó a varias generaciones.
Con los años, Gilda Love se convirtió también en memoria viva de una Barcelona que abrió espacios de libertad en plena represión y que hizo del transformismo una forma de expresión artística y de supervivencia.
Referente de resistencia y libertad
Gilda Love fue mucho más que un nombre de escenario. Para la escena LGTBI, representó una figura de resistencia, especialmente por haber mantenido viva su identidad artística en contextos muy difíciles y durante décadas en las que la disidencia sexual y de género sufría una fuerte persecución social e institucional.
En los últimos años, su figura había sido recuperada y reivindicada también a través del documental ‘Cantando en las azoteas’, dirigido por Enric Ribes, que contribuyó a preservar su historia y su mirada sobre la vida y la escena barcelonesa.
Con su muerte, Barcelona despide a una artista irrepetible, testigo de una época y símbolo de una manera de entender el escenario como un espacio de libertad.