Las obras de construcción del futuro centro de atención primaria, CAP Raval Nord, impulsadas por el Servei Català de la Salut (CatSalut), han sacado a la luz un conjunto arqueológico de una relevancia singular en el subsuelo de la actual Capella de la Misericòrdia. Las excavaciones han permitido documentar más de 700 años de ocupación ininterrumpida, con restos que abarcan desde el siglo XIV hasta el siglo XX y que ofrecen una nueva lectura de la evolución histórica de este sector del Raval
La intervención arqueológica se hace necesaria a raíz de la construcción de una planta subterránea para el nuevo equipamiento sanitario, situado en la calle Montalegre, 4. A pesar de esta transformación, el proyecto arquitectónico prevé preservar la capilla y hacerla visible desde el futuro edificio, valorando un espacio patrimonial único
Un registro arqueológico que recorre siete siglos de transformaciones
Las excavaciones han permitido reconstruir de manera continua cómo este espacio ha ido cambiando de uso a lo largo de los siglos. A pesar de estar todavía en proceso de excavación, la secuencia más antigua corresponde al siglo XIV-XV, cuando este sector funcionaba como un área artesanal especializada. El hallazgo de dos hornos excavados en el subsuelo, de unos dos metros de diámetro, con paredes rubefactadas (circunstancia que evidencia la exposición a altas temperaturas) y un pilar central que sostenía la estructura del horno, indica la existencia de actividades vinculadas al fuego controlado, probablemente relacionadas con la fabricación de cerámica o piezas constructivas. Complementando esta actividad, las excavaciones han identificado también los restos de un otro horno de planta rectangular, parcialmente conservado, que refuerza la interpretación de este espacio como un antiguo centro de producción artesanal.
Después de esta etapa, ya entre los siglos XV y XVI, el espacio queda parcialmente abandonado y se generan estratos naturales, recortes y estructuras sin funcionalidad clara, probablemente asociadas a usos agrícolas o de cultivo previos a la urbanización asistencial del sector.
A partir de los siglos XVI y XVIII, el yacimiento revela un cambio significativo: la construcción de un primer edificio indeterminado anterior a la construcción de la nave septentrional de la futura Casa de la Misericordia (alrededor de 1580). Se han conservado muros, pavimentos, estancias y espacios exteriores, con una cisterna, el depósito de una fuente ubicado en el centro de la actual capilla y diversos pozos y encajes estructurales. Este conjunto confirma un uso organizado y estable del espacio antes de la gran transformación asistencial. Las excavaciones también han identificado cimentaciones y alineaciones antiguas que muestran cómo, con el paso de los siglos, diversas construcciones van recortando, reaprovechando o apoyándose en estructuras anteriores, una superposición constante que refleja la densidad histórica del recinto.
A finales del siglo XVII y durante los siglos XVIII y XIX, se produce la ampliación más destacada asociada a la Casa de la Misericordia. Es en esta etapa cuando se construye la nave septentrional y se reorganiza profundamente el sistema hidráulico del conjunto. El antiguo depósito se transforma en un lavadero, se instala un depósito de agua limpia y se reforma todo el alcantarillado para adaptarlo a un equipamiento asistencial en plena actividad. Las excavaciones han permitido recuperar con detalle este complejo sistema de agua: desde el pavimento original del depósito y las medias cañas de evacuación, hasta los bancos corridos que facilitaban su uso y el embaldosado perimetral que rodeaba el lavadero. Entre los elementos más singulares destaca una pila de piedra cuadrangular, situada estratégicamente entre el lavadero y la alcantarilla, que actuaba como receptáculo intermedio del circuito hidráulico y evidencia un funcionamiento técnicamente muy depurado.
De esta misma etapa también se han documentado elementos de uso cotidiano, como un gran recipiente cerámico tipo alfàbia encajado en el subsuelo, destinado a conservar líquidos a temperatura estable, así como pozos ciegos y fosas sépticas que aportan información sobre la gestión del agua sucia y las condiciones higiénicas del complejo.
Finalmente, entre finales del siglo XIX y el XX, se documenta la construcción de la actual Capilla de la Misericordia (1884), así como diversas reformas que han ido adaptando el edificio a los usos sucesivos. A pesar de las transformaciones, en la capilla se han conservado muros, pavimentos y estructuras de fases mucho anteriores, testimonio de la continuidad constructiva y funcional de un recinto que, a lo largo de siete siglos, no ha dejado nunca de transformarse.
Un espacio con memoria queda al descubierto con una intervención de gran complejidad técnica
La excavación todavía está en marcha y podría aportar nuevos hallazgos medievales o anteriores en los próximos meses. Hasta ahora, los restos documentados convierten el subsuelo de la capilla en una de las ventanas más valiosas para entender la formación y transformación del Raval, desde las actividades productivas del bajo medieval hasta la consolidación del complejo asistencial.
Este trabajo se inscribe en un espacio con una larga tradición institucional. El antiguo Hospital y Casa de la Misericordia se empezó a construir entre 1583 y 1584, con diversas ampliaciones —incluida la incorporación del Convento de Montalegre o Casa de la Caridad en 1775— que definieron la extensión del recinto. Ya en el siglo XIX se impulsaron proyectos de reforma protagonizados por Josep Simó i Fontcuberta, Francesc de Paula del Villar y finalmente Magí Rius, responsable del proyecto que culminó con la capilla actual en el año 1884.
Los trabajos arqueológicos se iniciaron en enero de 2025 con una fase de control para garantizar la estabilidad estructural de la capilla durante las obras. Después de medio año de tareas previas, se inició la excavación en extensión bajo la dirección de CAT Arqueòlegs, con un equipo formado por entre 12 y 20 arqueólogos. La dirección técnica es de Emiliano Hinojo en la fase preliminar y de Daniel Vázquez en la excavación en extensión.