La Mercè durante el franquismo: una fiesta marcada por el control y la represión

Durante la dictadura franquista, la Fiesta Mayor de Barcelona mantuvo las celebraciones, pero la cultura popular catalana quedó sometida al control político y lingüístico del régimen

22 de septiembre de 2026 a las 08:00h
Actualizado: 22 de septiembre de 2026 a las 09:52h

En Barcelona, la Mercè es hoy una de las grandes celebraciones de la ciudad y uno de los principales escaparates de la cultura popular catalana. Gigantes, castellers, sardanas, correfocs y otras tradiciones llenan las calles durante varios días. Pero esta fiesta no siempre se ha podido vivir con la misma libertad.

El origen de la Mercè se remonta al siglo XVII. En 1687, Barcelona sufrió una importante plaga de langosta y la ciudad se encomendó a la Virgen de la Mercè. El Consejo de la Ciudad la nombró patrona de Barcelona, una condición que casi dos siglos más tarde, en 1868, fue ratificada por el papa Pío IX. A principios del siglo XX, la fiesta adquirió una nueva dimensión y se consolidó como una gran celebración ciudadana.

La Guerra Civil y, posteriormente, la dictadura franquista interrumpieron esta evolución.

La Mercè bajo el régimen franquista

Con la entrada de las tropas franquistas en Barcelona en 1939, la ciudad inició una nueva etapa marcada por la represión política y cultural. La dictadura impuso el castellano como lengua de la administración y de la vida pública y limitó las expresiones vinculadas a la identidad catalana.

La Mercè, como principal Fiesta Mayor de Barcelona, no quedó al margen de este control. Las celebraciones continuaron, pero se desarrollaron dentro del marco ideológico del régimen. Los actos religiosos e institucionales adquirieron un protagonismo importante, mientras que las expresiones de cultura popular catalana quedaban condicionadas por las autoridades.

La fiesta también se convirtió en un espacio de representación del poder. Las autoridades franquistas utilizaban las celebraciones públicas para transmitir una determinada imagen de ciudad, orden y religiosidad.

La cultura popular, bajo vigilancia

Uno de los elementos más afectados durante estos años fue la cultura popular catalana. Las tradiciones no desaparecieron completamente, pero su presencia pública quedó limitada y controlada.

Las sardanas, por ejemplo, continuaron existiendo, pero cualquier manifestación cultural podía ser observada desde la perspectiva política del régimen. El catalán tampoco tenía la presencia pública que había tenido antes de la dictadura. “Mis padres explican que la Mercè se celebraba, pero que era muy diferente. Muchas cosas relacionadas con la cultura catalana no se podían vivir con la misma normalidad”, explica Lluïsa Montoro, barcelonesa.

La situación provocó que una parte de la cultura popular se mantuviera sobre todo en espacios más familiares o comunitarios, donde las tradiciones se podían transmitir de generación en generación.

La Mercè durante el franquismo

Una fiesta más institucional

Durante los primeros años del franquismo, la religión y los actos oficiales tuvieron un peso importante en las celebraciones. La concepción nacionalcatólica del régimen encajaba con una Mercè vinculada a la figura de la Virgen María. “La fiesta existía, pero estaba mucho más marcada por la religión y por las instituciones. No era la fiesta popular y participativa que conocemos hoy”, señala Antonia Enciso a partir de los recuerdos familiares.

Con el paso de los años, especialmente durante las décadas de los sesenta y setenta, Barcelona experimentó importantes transformaciones sociales. La llegada de población procedente de otros puntos del Estado, el crecimiento urbanístico y los cambios económicos también modificaron la ciudad y la manera de vivir las celebraciones.

De la dictadura a la recuperación

Los últimos años del franquismo coincidieron con una recuperación progresiva de las reivindicaciones culturales catalanas. La cultura popular empezó a recuperar espacios y protagonismo, en un proceso que se aceleró con la muerte de Franco en 1975 y la llegada de la democracia.

La recuperación de las libertades permitió que las tradiciones volvieran a ocupar las calles de Barcelona con más fuerza. La Mercè inició así una nueva etapa en la que los elementos de cultura popular fueron recuperando el protagonismo. “Ahora la Mercè es mucho más abierta y participa mucha más gente. Pero creo que debemos recordar que estas tradiciones no siempre se han podido celebrar con la libertad que tenemos hoy”, afirma Consuelo Cano.

La Mercè durante el franquismo

Una tradición que busca mantener su valor

Actualmente, la Mercè es una fiesta muy más diversa y multitudinaria. Esta transformación genera opiniones diferentes entre los barceloneses. Algunos vecinos consideran que la llegada de personas de otros países ha hecho que parte de la cultura popular catalana sea menos conocida. “Hay mucha gente de fuera que participa en la Mercè, y eso no es malo, pero creo que también se debería explicar más qué significa cada tradición. Si no conoces la historia, puede acabar pareciendo solo un espectáculo”, comenta Cano. Otros defienden, en cambio, que esta diversidad es precisamente una oportunidad para que las tradiciones lleguen a nuevos públicos.

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