Gaudí más allá de la Sagrada Familia

Obras menos conocidas del arquitecto reusense que maravillan a todos

27 de mayo de 2026 a las 09:00h
El Capricho.
El Capricho.

Cuando pensamos en Antoni Gaudí, la primera imagen que nos viene a la cabeza es la silueta de la Sagrada Familia. La basílica es, sin lugar a dudas, su obra más universal. A su lado, monumentos como la Casa Batlló, La Pedrera o el Park Güell ocupan los rankings turísticos y los libros de historia del arte. Sin embargo, esta concentración mediática ha dejado en un segundo plano otros edificios y proyectos fundamentales para comprender la trayectoria y la evolución técnica del arquitecto del Baix Camp.

Recientemente, instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona han puesto en marcha campañas para dar a conocer un "modernismo secreto", destacando pequeñas intervenciones menos transitadas, como la Fuente de Hércules de Pedralbes, la puerta de la Finca Miralles o el particular pavimento de la iglesia de Sant Pacià. Pero, para darnos cuenta de la verdadera dimensión de Gaudí, hay que salir del circuito habitual y, en algunos casos, de la misma ciudad.

El Capricho: Música y color en Comillas

A principios de la década de 1880, Gaudí era un joven arquitecto que empezaba a hacerse un nombre diseñando mobiliario. Fue así como conoció a su gran mecenas, Eusebi Güell. Gracias a esta importante conexión, Gaudí recibió el encargo de diseñar una residencia de verano en Comillas (Cantabria) para Máximo Díaz de Quijano, un indiano y músico aficionado. Esta construcción, bautizada oficialmente como Villa Quijano, pero conocida popularmente como "El Capricho", se edificó entre 1883 y 1885. Como anécdota, Gaudí dirigió el proyecto casi íntegramente a distancia, confiando la supervisión a pie de obra a su compañero Cristóbal Cascante.

Destaca la combinación de ladrillo caravista con una decoración muy llamativa a base de cerámica vidriada llena de girasoles. La casa está distribuida de manera que sigue el ciclo del sol para garantizar confort térmico. Otro rasgo exclusivo es su vinculación musical, los contrapesos de las ventanas de guillotina incorporan un sistema que emite diversas notas armónicas cuando se abren o se cierran.

El Colegio de las Teresianas: Funcionalidad y austeridad

El Colegio de las Teresianas, erigido a partir de 1887 en el municipio de Sant Gervasi de Cassoles, representa el genio adaptado a los presupuestos bajos. Gaudí cogió un proyecto que ya tenía los cimientos puestos, lo que le obligó a mantener una rígida planta rectangular poco habitual en él. Además, el voto de pobreza de la congregación religiosa le prohibió el uso de piedras nobles o detalles costosos.

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Gaudí combatió esta austeridad poniendo todo el peso estético en la estructura. El exterior presenta el aspecto de una fortaleza sobria rematada por almenas que adoptan la forma del birrete doctoral de Santa Teresa.

Las Bodegas Güell: Mimetismo rocoso en el Garraf

De vuelta a las comarcas costeras, concretamente en Sitges, entre los años 1895 y 1900 se consolidó el proyecto de las Bodegas Güell, destinado a la producción vinícola de la gran finca agraria del mecenas. La obra se atribuye conjuntamente a Antoni Gaudí y a su prolífico colaborador Francesc Berenguer. El conjunto prescinde de la clásica diferenciación entre pared y techo para configurarse como un inmenso triángulo muy puntiagudo.

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El interior se organiza en tres franjas, un sótano idóneo para el envejecimiento de las botas, una planta intermedia que hacía de residencia para el administrador y finalmente una pequeña capilla en la zona superior. Para garantizar el máximo respeto y camuflaje con el áspero paisaje del macizo del Garraf, los arquitectos emplearon principalmente mampostería hecha con la misma piedra tosca calcárea gris del entorno. El cuidado por el contexto fue tal que se conservaron los restos adyacentes de una antigua torre de defensa militar del siglo XV.

Torre Bellesguard: Neogótico civil y leyendas catalanas

A los pies de la montaña de Collserola se alza la Torre Bellesguard, el edificio más cargado de historia del arquitecto. El recinto está situado exactamente donde se erigía el castillo medieval en el que vivió y murió en el año 1410 el rey Martí l'Humà. Gaudí quiso rendir homenaje a este pasado dibujando un edificio inusualmente de carácter neogótico civil, rechazando sus características superficies onduladas. Visualmente, la torre engaña la percepción gracias al alargamiento forzado de sus ventanales laterales superiores, haciendo el efecto de que el castillo es mucho más esbelto y alto de lo que en realidad es.

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El recinto es una recopilación escultórica de leyendas del territorio. En la puerta de piedra que da a las caballerizas, Gaudí instaló una aldaba de hierro forjado con la precisión de un fémur óseo, un recuerdo macabro al bandolero catalán Joan Sala i Ferrer, “Serrallonga”, cuyos restos se decía que habían sido exhibidos en estas ruinas en el siglo XVII. Aunque el entorno lluvioso y la decoración forjan un ambiente sombrío que el pueblo conocía como el "castillo de Serrallonga", una de las familias propietarias posteriores de la finca, los Guilera, clavaron un famoso cartel en la puerta donde "prohibían el paso a gnomos y fantasmas" para poner un poco de humor y desmitificar el aire lúgubre del paraje.

Los Jardines Artigas: Naturaleza esculpida en el Llobregat

En 1905 el empresario Eusebi Güell requirió la presencia de Gaudí en La Pobla de Lillet, para diseñar el Chalet del Catllaràs, un refugio para los técnicos de la compañía minera que abastecía una histórica fábrica de cemento. El arquitecto se desplazó allí y fue acogido de manera excelente en el hogar de los Artigas.

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Para agradecer la hospitalidad de la familia, Gaudí les ofreció el diseño completo y los planos de unos jardines alrededor de la orilla del río Llobregat que pasaba cerca de su parcela. Lejos de la artificialidad geométrica de los jardines europeos clásicos, Gaudí estableció rutas hechas con piedras del mismo río que solo acompañaban el flujo del agua. Además de la inclusión de arcos catenarios en la mampostería y el uso colorista del trencadís en las barandillas de los puentes de paso, los Jardines Artigas contienen una representación devocional muy propia del arquitecto: figuras geométricas del águila, el toro y el león, símbolos asociados a los evangelistas.

La cripta de la colonia Güell: El gran banco de pruebas

En Santa Coloma de Cervelló (Baix Llobregat), Güell erigió una colonia aislada de los conflictos sindicales barceloneses para aglutinar a sus trabajadores del textil. Entre encargos pragmáticos a otros arquitectos para construir viviendas, Güell pidió la iglesia oficial a Antoni Gaudí, otorgándole inicialmente carta blanca económica. Los trabajos comenzaron formalmente en 1908, proyectando inicialmente una auténtica basílica ovalada coronada con flechas que alcanzarían los 40 metros de altura. Las estrecheces económicas del condado familiar por la inestabilidad europea y muerte del empresario, forzaron la masiva parada del proyecto hacia 1914. En 1915 se consagró exclusivamente la nave base finalizada, hecho que la acabó bautizando históricamente, aunque de una manera técnicamente inexacta, como la "Cripta".

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A pesar de que quede inacabada, es un referente mundial para la ingeniería moderna. Utilizando hilos y atando pequeños saquitos atestados de perdigones colgar del techo, dejó que la gravedad dictara, mediante arcos invertidos (la catenaria), cuáles habían de ser las líneas de fuerza. Aquella compleja prueba práctica es la razón por la cual las gruesas y acanaladas columnas del edificio elaboradas en denso basalto de Castellfollit de la Roca presentan ángulos inclinados totalmente inéditos, soportando las primeras bóvedas paraboloidales que se usaron en la historia.

Aparte del talento estructural puro, el diseño final responde al camuflaje forestal perfecto. La parte inferior se revistió de colores apagados y de ladrillo casi quemado por el horno simulando el suelo quebradizo. Se pretendía que la parte intermedia copiara los tonos anaranjados y rojizos de los troncos de los grandes pinos circundantes y la última parte de vidrieras se fundiría completamente en azules y verdes desvaídos sobre el horizonte.

Sobre el autor
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Sergio Lahoz Dorante
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