El Club Esportiu Júpiter nació el 12 de mayo de 1909 en una reunión celebrada en la histórica Cerveceria Cebrián —actual Orxateria Tio Che—, en la rambla del Poblenou. Los impulsores fueron los hermanos Mauchan, de origen escocés, que trabajaban en la ciudad de Barcelona y contribuyeron a expandir la práctica del fútbol en un momento de creciente popularidad de este deporte.
David Mauchan hizo traer un balón desde las Islas Británicas, reuniendo a un grupo de aficionados con la voluntad de fundar un club. El nombre de la entidad se decidió de manera curiosa: aquel mismo día se celebraba un concurso de globos en la playa de la Marbella, y el globo ganador se llamaba “Júpiter”, denominación que la nueva junta adoptó para el club.
Los primeros éxitos deportivos
Los inicios del Júpiter se desarrollaron en el Camp de la Bota, donde los partidos se jugaban sin taquilla y con algunos directivos ejerciendo también de jugadores. Los primeros colores del club fueron el azul celeste y el blanco, sustituidos posteriormente por el gris y grana.
En 1912, bajo la presidencia de Antoni Salvà, el club se afilió a la Federació Catalana de Futbol. El crecimiento deportivo fue notable: en 1917 se proclamó campeón de Barcelona de segunda categoría y, en 1925, alcanzó el título de campeón de Cataluña y de España del grupo B, equivalente a la actual Segunda División.
Durante los años treinta, el Júpiter se consolidó como uno de los clubs destacados del fútbol catalán, con entre 1.500 y 2.000 socios y presencia en la Segunda División estatal durante dos temporadas. Aunque, lamentablemente, su escudo era atacado constantemente debido a las censuras y prohibiciones de la época.
Una trayectoria marcada por sus campos
A lo largo de su historia, el club ha tenido diversos campos de juego. Desde los primeros partidos en el Camp de la Bota hasta el actual Camp de la Verneda, el Júpiter ha pasado por diferentes ubicaciones dentro de Barcelona. Sus primeros terrenos se encontraban en la Rambla del Poblenou, posteriormente se trasladó a la calle Taulat y más tarde a Can Saladrigas. En el año 1921 se inauguró el campo de la calle Llull-Lope de Vega, escenario de los años más gloriosos del club. Finalmente, en 1948, el Júpiter se estableció en el Camp de la Verneda, en Sant Martí de Provençals, hecho que marcó su traslado definitivo fuera del Poblenou, su lugar de nacimiento.
El escudo: símbolo de identidad y represión
El escudo del CE Júpiter ha sido uno de los elementos más distintivos y controvertidos de su historia. El diseño original, con una estrella azul de cinco puntas y las cuatro barras, evidenciaba una clara vinculación con la identidad catalana. Esta simbología provocó su prohibición en el año 1924 durante la dictadura de Primo de Rivera, que lo consideraba una representación encubierta del catalanismo. El club se vio obligado a adoptar un escudo alternativo de forma triangular con los colores gris-grana y la corona de la ciudad condal encima.
Con la llegada de la Segunda República, en 1931 se recuperó el emblema original, en un acto simbólico que contó con la presencia del presidente de la Generalitat, Francesc Macià. No obstante, después de la Guerra Civil, el régimen franquista volvió a prohibir el escudo e incluso obligó al club a cambiar de nombre temporalmente a Club Deportivo Hércules. No fue hasta 1990 que los socios acordaron recuperar definitivamente el escudo original, que se mantiene vigente hasta hoy.
Memoria histórica y proyección actual
Con la voluntad de preservar su legado, el club impulsó en 2014 una Comisión de Memoria Histórica destinada a investigar y difundir su trayectoria. Esta iniciativa ha dado pie a proyectos como publicaciones, charlas y la idea de crear un museo propio.
En este contexto, la Fundació Barcelona Olímpica ha inaugurado la exposición “Club centenario: CE Júpiter” en el Museu Olímpic i de l’Esport Joan Antoni Samaranch. La muestra, abierta hasta el 7 de junio, recorre los más de 100 años de historia del club a través de fotografías, material audiovisual y elementos interactivos.
La exposición pone en valor no solo la dimensión deportiva del Júpiter, sino también su papel como entidad arraigada en el tejido social del Poblenou y de Barcelona. Según su comisario, Raül Vázquez, el reto ha sido sintetizar más de un siglo de historia en un espacio reducido, manteniendo el interés y la comprensión del público.
Un legado vivo
El CE Júpiter representa un modelo de club popular, comprometido con el fútbol de base y con la comunidad. Su trayectoria refleja no solo la evolución deportiva, sino también los cambios sociales y políticos de Barcelona a lo largo de más de un siglo. Este legado se construye también a partir de figuras anónimas y fieles que han mantenido vivo el espíritu del club generación tras generación. Uno de los casos más emblemáticos es el de Joaquim Culla, considerado el eterno socio de la entidad durante 101 años. Culla murió a los 103 años, pero su vinculación con el Júpiter se remonta prácticamente a su nacimiento.
Con solo dos años, ya figuraba como socio del club, una decisión tomada por su padre, Joan. La historia tiene un punto casi simbólico: un amigo convenció al padre para que asistiera a la inauguración del campo de la calle Llull-Lope de Vega —actuales jardines de Josep Trueta— y le sugirió que se hiciera socio. A pesar de no sentir interés por el fútbol, optó por inscribir a su hijo pequeño. Sin saberlo, le estaba haciendo un regalo que marcaría toda una vida. Este gesto casual convirtió a Joaquim Culla en un testigo privilegiado de la historia del club, presente a lo largo de décadas de cambios, éxitos, dificultades y transformaciones. Su fidelidad simboliza la esencia del Júpiter: un club que va más allá del terreno de juego y que forma parte de la vida de las personas.
Con iniciativas como la exposición conmemorativa y el trabajo de recuperación de la memoria histórica, el CE Júpiter continúa reivindicando este patrimonio humano y deportivo, consolidándose como una pieza clave de la memoria colectiva de Barcelona.