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Barcelona no se encuentra entre las ciudades más caras del mundo, pero tampoco se puede considerar una ciudad barata para buena parte de la población. Esta es una de las conclusiones de la edición 2026 del informe Mapping the World’s Prices, elaborado por el Deutsche Bank Research Institute, que compara el coste de la vida, los salarios, la vivienda y el poder adquisitivo en 69 ciudades de todo el mundo.
La fotografía que ofrece el estudio es especialmente interesante porque el nivel de precios no se puede analizar de manera aislada. Barcelona presenta costes inferiores a los de grandes centros financieros como Nueva York, Londres, París, Ámsterdam o las ciudades suizas, pero también dispone de salarios más bajos, un factor que condiciona de manera importante el poder adquisitivo de los residentes.
Barcelona, lejos de las ciudades más caras
El ranking sitúa Zúrich y Ginebra entre las ciudades con los salarios más elevados y también entre las que presentan un coste de vida más alto. Nueva York, San Francisco y otras grandes capitales internacionales también aparecen en los primeros puestos de diversas clasificaciones.
Barcelona queda en una posición más moderada. Su coste cotidiano es inferior al de buena parte de estas grandes metrópolis, tanto en restauración como en diferentes productos y servicios. Pero esta diferencia de precios también va acompañada de una diferencia salarial considerable.
Por eso, lo que puede parecer económico para un turista o para una persona que trabaja con un salario internacional puede resultar mucho menos asequible para una familia que depende de los ingresos locales.
El alquiler es el gran problema
La vivienda es uno de los elementos que más condiciona esta percepción. El precio del alquiler de un piso de tres habitaciones en el centro de Barcelona continúa estando por debajo de lo que se paga en ciudades como Nueva York, Zúrich, San Francisco, Boston, Londres, París o Ámsterdam.
Sin embargo, Barcelona ha registrado un fuerte incremento de los alquileres durante la última década. El informe destaca el encarecimiento experimentado desde 2016, una evolución que también ha afectado a Madrid y que hace que la vivienda tenga cada vez más peso en la economía de los hogares.
La compra también muestra diferencias importantes. Barcelona es más barata que Madrid en cuanto al precio del metro cuadrado en el centro, pero supera a otras capitales europeas como Roma, Bruselas, Viena o Berlín.
Comer fuera es más asequible
En cambio, Barcelona mantiene una posición más favorable cuando se habla de consumo cotidiano.
El precio de comer en un restaurante de gama media es inferior al de ciudades como París, Londres, Ámsterdam, Zúrich o Ginebra. Madrid presenta unos niveles similares en este ámbito.
El café también mantiene Barcelona lejos de los niveles más elevados. Un capuchino cuesta más que en algunas ciudades italianas, pero queda muy por debajo de los precios registrados en Zúrich o Copenhague.
El transporte, uno de los puntos fuertes
Uno de los apartados donde Barcelona sale especialmente bien parada es el transporte público.
El coste del abono mensual se sitúa entre los más bajos de las ciudades analizadas, muy por debajo de capitales como Londres, Nueva York, Sídney, París o Ámsterdam. Solo algunas ciudades, como Luxemburgo, ofrecen un coste inferior.
Esto convierte el transporte en uno de los ámbitos en los que Barcelona mantiene una posición competitiva respecto a otras grandes capitales internacionales.
Una ciudad que se ha encarecido
La principal conclusión del estudio es que Barcelona no se encuentra en el grupo de las ciudades más caras del planeta, pero su evolución durante los últimos años ha sido claramente inflacionista, especialmente en la vivienda.
Las diferencias entre ciudades no dependen únicamente de los precios. Los salarios, los tipos de cambio, la inflación y el coste de la vivienda tienen un impacto directo sobre el poder adquisitivo.
Por eso, Barcelona ofrece todavía un coste cotidiano inferior al de muchos grandes centros financieros, pero la combinación de alquileres elevados y salarios más bajos hace que vivir allí sea más exigente para los residentes de lo que sugieren las comparaciones de precios a simple vista.